Este gobierno impulsa sembrar palma aceitera sobre los cuerpos de las comunidades
ORLANDO fue desaparecido forzadamente en presencia de integrantes del Proyecto de Acompañamiento a Comunidades, PASC/Canadá, de pobladores de la región y de un abogado defensor de Derechos Humanos de la Comisión de Justicia y Paz, el pasado 15 de octubre, luego de haber sido detenido arbitrariamente por la policía. En el momento de su desaparición pobladores, entre ello ENRIQUE PETRO y acompañantes fueron amenazados y seguidos por "civiles" de la estrategia paramilitar en medio de la presencia policial.
A este hecho irreparable, se suma la detención arbitraria y hasta el momento forzada de BERNARDO PEQUI DIAZ, el pasado 9 de octubre. El afro-descendiente habitante de Bartolo, territorio jurisdicción del municipio de Murindó, fue llevado a la fuerza por efectivos de la Brigada 17 del ejército en desarrollo de operaciones militares regulares, sin que se conozca hasta hoy su paradero.
Las operaciones armadas continúan, avaladas por el Gobierno Nacional. De hecho,
el Ministro de Agricultura, le ha dado a los empresarios palmicultores vía libre, para que continúen la siembra ilegal de palma
aceitera dentro del territorio colectivo a pesar de todas las denuncias, con esto no solo se destierra y aniquila a las comunidades de la
región si no que se permite el accionar paramilitar y militar en la zona en cabeza de los paramilitares y la Brigada XVII bajo el manto de la impunidad.
La firma Chemonics Internacional Inc.promovió hasta lograr su aprobación, la llamada Ley Forestal, incluyendo invitaciones a Bolivia y a Chile a los miembros de las comisiones quintas de Senado y Cámara del Congreso. Chemonics es una compañía privada, con ánimo de lucro, ubicada en Washington que deriva el 90% de sus negocios de contratos con la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID). No es ninguna firma altruista que vino con una posición neutra a impulsar una ley, que como muchos entendidos la han catalogado, es ante todo para el fomento de la industria maderera mediante la tala indiscriminada de bosques, lo que llena de regocijo al ministro bajo el cual quedará ese sector, el de Agricultura y ha contado con la burda complicidad de la ministra del Ambiente. Finalmente, un martes 13 (de diciembre) fue aprobada la nefasta ley. el representante Juan de Dios Alfonso denunció que hubo ofrecimientos de ocho millones de pesos para que los congresistas dieran su voto a favor .
El documento "Agua: ¡Juntos Podremos Cuidarla!", superficialmente parece promover conservación de un complejo de áreas de páramo (en este acaso al norte de Quito), que contienen una rica variedad de flora y fauna, incluyendo especies en peligro de extinción tal como el cóndor. Dentro de estas áreas también viven 7.000 habitantes, mientras otros 20.000 habitan las zonas colindantes. Estas poblaciones incluyen cuarenta comunidades Indígenas que viven entre la subsistencia y la economía de pago al contado, criando ganado de leche y sembrando cultivos tradicionales.
Hidrológicamente, los páramos son vastas esponjas, transfundiendo agua de las garúas permanentes al suelo inclinado, donde drena eventualmente a cientos de quebradas y ríos -- de los que abastecen de agua potable campos y ciudades. En nombre de proteger estas cuencas, la organización The Nature Conservancy TNC con fondos de USAID ha producido un plan de "saneamiento" de la tenencia de las tierras adentro y alrededor de estas áreas, examinando simultáneamente el valor económico de los recursos hídricos adentro de ellas. En este plan, un aumento de los precios del agua al consumidor brindaría fondos a una entidad privada no-indentificada, dándole la autoridad para manejar estas reservas, e inclusive para controlar el acceso a ellas. El plan de TNC deja a empresas el control de áreas naturales protegidas para vender "servicios ambientales" - es decir, agua desde la naturaleza - a las poblaciones locales y vecindades, dejándoles excluidos de sus propias tierras. ilustración de James L. Luteyn
¿Quién no añora los ríos donde se bañó o pescó en su niñez? ¿Quién no extraña el entorno verde de su municipio o de la periferia de las grandes ciudades? Colombia se ha transformado a ritmos agigantados y quien lleva la peor parte son: sus ríos, montañas, páramos, nevados, humedales y zonas boscosas. Si no queremos heredar a las generaciones futuras un gran desierto y miles de historias de lo que tuvimos y malgastamos, un alto en la depredación es urgente. Para el año 2029 el 70 por ciento de la población colombiana estará en riesgo de no contar con suficiente agua para su abastecimiento. Esta preocupante proyección se desprende del Informe Anual sobre el Estado del Medio Ambiente y los Recursos Naturales Renovables en Colombia, publicado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam, en julio de 2004.
Las patentes siempre han sido un tema criticado desde todos los frentes. Uno de los debates de más amplio conocimiento que se ha dado sobre ellas estuvo relacionado con la pretensión que tuvo hace algunos años un ciudadano norteamericano de patentar el Yajé (mezcla de varios bejucos, preparada por los indígenas de la cuenca amazónica para ceremonias rituales). Pretensiones similares no escasean. Todos los países que tienen comunidades que aún conservan prácticas ancestrales de curación, agrícolas, de edificación, etc. viven en la constante zozobra y el constante peligro de enfrentarse con pretensiones de este tipo. Perú, por ejemplo, donde se han manipulado ancestralmente cantidades innumerables de variedades de papa, se ha visto amenazado permanentemente por individuos y organizaciones que han querido patentar algunas de ellas, diciendo que han sido invenciones suyas y no el producto de una experimentación ancestral que los indígenas y otras comunidades étnicas han llevado a cabo durante milenios.
Colombia está tan extraviada porque sus sabios principales se han quedado solos, y su saber se está secando... Ya no se los toma en cuenta; hay que visitarlos y hacerles pagamento para retomar el camino de la paz y reencontrarnos como vecinos. Se trata de escuchar a esos sabios, que son los nevados y los páramos de nuestras cordilleras, pues ellos han tejido nuestra identidad ancestral; han brindado el agua que bebemos y el aire que respiramos; y han sostenido la viga mayor de la casa que habitamos...
Con este llamado los Mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta nos alertaban hace algunos años sobre la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con las criaturas del universo y con nuestra descendencia; pero ahora hay quienes, no contentos con el extravío, se proponen hacer llover glifosato, envenenándonos y desterrándonos de lo más profundo de nuestro ser nacional.
En la Sierra Nevada y en el Catatumbo; en el Nevado del Huila y en los Farallones de Cali; en Paramillo y en Los Picachos, esos sabios principales que viven en pródigo y milenario matrimonio con la lluvia, empiezan a sufrir la artificiosa frialdad de quienes pretenden arrojarles veneno alentados y auspiciados por decisiones tomadas en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, y asumidas sin recato por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuya política de seguridad democrática impulsa la guerra, la devastación de nuestro sistema institucional ambiental, la destrucción de nuestros recursos naturales renovables, y el desmantelamiento de los modelos agrarios regionales existentes, con unos planes combinados de erradicación forzosa de cultivos mal llamados ilícitos, y de desprotección a nuestra producción agraria nacional, financiados por el Plan Colombia.
El 17 de Septiembre a las 5 de la tarde en la plaza de la paz al frente de la torre del reloj del centro histórico de la Ciudad de Cartagena, se realizó una protesta cultural en la que los indígenas Embera-Katios, los Pescadores de Asprocig y los ambientalistas de Colombia y el mundo bailaron, cantaron y protestaron por los estragos que ha causado la represa sobre el río Sinú y todas las formas de vida que giran alrededor de él.
Un nuevo desastre ecológico padecen en la actualidad nuestro medio ambiente por la muerte de gran cantidad de los peces de nuestros ríos Sinú y Verde, más exactamente en las desembocaduras de estos ríos al embalse de URRÁ 1.