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Las razones de Mr. Wood
por Alfedo Molano Bravo
Saturday, Dec. 06, 2003 at 8:29 PM
amolano _NOSPAM_ @ stanford.edu
El pasado 26 de noviembre se reencontraron más de 3.000 mujeres en Putumayo para rechazar la violencia y pedir, un vez más, el cese de la guerra. En la plaza central de Mocoa se reunieron para exigir el fin de las fumigaciones contra la coca, “que están deteriorando la salud, la vida, y acabando con el ambiente y con los cultivos tradicionales y alternativos”.
Como suele suceder, la mayoría de los medios de comunicación hicieron un mezquino cubrimiento del hecho. El Gobierno se refirió de refilonazo a la discriminación contra la mujer, pero ignoró –¡cómo no!– la marcha y el manifiesto. Más atento y perspicaz estuvo el embajador de EU, quien citó la movilización para justificar la fumigación.
El argumento del señor Wood es el de siempre: el glifosato es inofensivo. Y quizás tenga razón, si se mira el crecimiento de los cultivos de coca, que parecieran crecer al ritmo de la fumigación y, por tanto, sostener el precio de la perica en el mercado internacional. Hace pocos días se anunció con bombos y platillos que los cultivos de coca se habían reducido durante el gobierno de Uribe en 30%, pero a los pocos días, que los del Catatumbo, Arauca y Caldas habían aumentado.
La Contraloría General de la República ha mostrado la poca confiabilidad de los sistemas de cálculo sobre superficie sembrada, cosechada y fumigada, de manera que, de ser cierta la merma, no se sabría si ella es debida a resiembra, traslado o agotamiento de las maticas. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es el daño que los venenos usados por la policía antinarcóticos para fumigar causan en la salud humana y animal. El señor embajador cita un estudio de los Uribe Cualla, como fundamento de la inocuidad del glifosato. No dijo, sin embargo, que la investigación fue hecha cinco meses después de fumigada el área, limitación que “no permite establecer ni descartar una relación entre la exposición y la manifestación”, según los célebres toxicólogos.
Tampoco habló sobre la concentración ni sobre las mezclas de los venenos con que nos fumigan, y que sin duda no están permitidas en los jardines de Washington. Se ha demostrado hasta la redundancia que el Roundup Ultra, que formula la DEA, contiene 26 por ciento de glifosato en lugar del uno por ciento recomendado por el fabricante; porcentaje aquel considerado altamente tóxico. Más aún, la combinación con Cosmo-Flux –un aditivo para fijar el veneno a las hojas de la coca– ha sido clasificada como muy tóxica por la mismísima Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos. Para la muestra, un botón. Los datos registrados por la Policía sobre perjuicios sólo en el Valle del Guamués en el año 2001, fueron escandalosos: “4.289 personas afectadas, 178.377 animales afectados y 7.252 hectáreas de cultivos afectados (plátano, yuca, maíz, potreros, montaña, rastrojo, coca)”. Si se quisiera tener una imagen amplia del desastre, piénsese que esa región podría ser el 5% del área comprometida por la fumigación en todo el país. Así, pues, argumentos a las mujeres en marcha no les faltan.
El embajador destaca en su artículo, con toda razón, el impacto de los daños producidos por los llamados precursores químicos con que se procesa la hoja, cuyos residuos se botan en ríos y quebradas. Hubiese quedado más completo el cuadro sumando la contaminación originada en la destrucción e incineración de 22 millones de kilos de insumos líquidos y sólidos en los últimos años, que ha contribuido al aumento del efecto invernadero y de la lluvia ácida. Más aún, en estos operativos no se cumplen los protocolos avalados por la embajada estaudinense y por la Dirección Nacional de Estupefacientes sobre destrucción de estos materiales, salvo cuando son un show hecho delante de las comisiones del Congreso americano que vienen a observar in situ los avances del Plan Colombia.
El diplomático está muy preocupado por la destrucción del bosque. Le sobra razón. La coca, la amapola y la marimba podrían haber destrozado, en el peor de los casos, quizás un par de millones de hectáreas de selva húmeda tropical, “que es –explica de manera bastante parcializada– la causa verdadera de la erosión”. De haber tenido en cuenta el señor Wood que la ganadería extensiva ha destrozado 75 de los 100 millones de hectáreas abiertas, habría entrado en una seria confrontación con el señor Visbal.
© Comunican S.A., 2003.
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