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Gracias y desgracias del café sostenible
por Aurelio Suárez Montoya
Monday, Dec. 22, 2003 at 10:43 PM
asuarez_montoya _NOSPAM_ @ hotmail.com (57)-6-3344987 Calle 22 Nº 11-28 Pereira
En Ginebra, el 5 y el 6 de diciembre, se celebró en el Palais de Nations , el complejo de edificios de la ONU de dicha ciudad, un encuentro que involucraba a los principales actores del mundo cafetero para discutir los términos bajo los cuales podría configurarse el mercado de lo que se llama como café sostenible, que se refiere a cafés orgánicos, de origen y a la gama de los especiales en cuya elaboración no se incorporan paquetes tecnológicos con agroquímicos sino prácticas ambientales pertinentes dentro de nuevos patrones de consumo que también abarcan a otros productos agrícolas.
Estuvieron presentes representantes de los productores de distintas zonas donde se cultiva el grano, comerciantes, industriales, agencias de desarrollo, la OIC, el Banco Mundial, firmas certificadoras, organizaciones no gubernamentales interesadas y, desde luego, instituciones ligadas al desarrollo como la UNCTAD, promotoras de la reunión. Se destacó la ausencia de los gobiernos, especialmente de los países consumidores, con Estados Unidos a la cabeza, empecinados en que todo lo que pase con el café debe tratarse estrictamente con agentes económicos, sin intervenciones oficiales.
Las opiniones sobre el tema están divididas. Por un lado, las de los propietarios del gran negocio, las multinacionales como Nestlé, Procter and Gamble, Kraft, Unilever y similares, quienes para adelantar sus fines lucrativos en este campo ya han conformado un consorcio denominado SAI ( Sustainable Agriculture Initiative) y que desean esclarecer instrumentos como el modo y valor de la financiación a los productores, descartando de antemano las formas subsidiadas; y también las modalidades y los costos de la necesaria certificación del producto que rubriquen las calidades ambientales del mismo, estableciendo, que han de ser asumidos por los agricultores. Así mismo, se da por entendido que el marco general del nuevo filón se dará con parámetros análogos a los del mercado de café convencional; es decir, dentro del libre mercado y con la misma inicua división del trabajo que lo ha regido: los productores colocando la materia prima y los demás gozando de inmensas rentas, inclusive los Tesoros de los países del norte en forma de impuestos, a costa de los primeros.
Por su parte, el desvelo de los productores es idéntico al que tienen para el mercado tradicional: conocer cuál va a ser el mecanismo de fijación del precio. Porque de imperar el mismo sistema que predomina en el mercado de café verde corriente se verán iniquidades tales como que Estados Unidos pague en promedio por una tonelada métrica de café de todo tipo en 2002, en precios nominales, lo mismo que pagaba hace una década, cerca de 1.360 dólares, incluyendo en el último periodo las supuestas remuneraciones adicionales a las calidades especiales de café. Ello ha producido que ese país, hoy por hoy, reexporte más café procesado que países productores como Colombia. De hecho, por cada 25 toneladas de café que compraba en 1990, reexportaba una mientras en 2001 era de una revendida en el exterior por cada diez que había comprado. Para colmo de males, las agencias y compañías del norte desean exigir a los caficultores para otorgar las compensaciones correspondientes normas laborales y ambientales estrictas. Entre las primeras está el cumplimiento de las normas de la OIT y entre las segundas están las prácticas específicas que son mucho más caras y quizás con menos productividad que en el caso de la producción de cafés convencionales. Cualquiera se pregunta, como lo hizo con razón en Ginebra el gerente para Europa de Expocafé, Carlos Ardila, si Colombia podría cumplir con tales estándares cuando se sabe que aquí el 43% de la mano de obra es familiar o , como en el caso del medio ambiente, cuando , tal como allá lo expuso la Unidad Cafetera, el gobierno de Estados Unidos alienta y financia la aspersión aérea con glifosato sobre cafetales y parques naturales vecinos como se ha amenazado en primera instancia al oriente de Caldas y norte del Tolima.
En el mundo se sabe que en café hay un desequilibrio entre oferta y demanda, un mercado donde el poder no se reparte igual y donde los bienes públicos no están distribuidos con equidad. Pese a que estas verdades se conocen hace un siglo, cuando en 1903 se efectuó el primer Congreso Mundial del Café, que concluyó que por ello se trataba de un negocio para intermediarios, que tenía una cadena de imperfecciones, que sólo con la intervención de los gobiernos puede enmendarse, se insiste en montar para el proyecto esquemas donde Estados Unidos, el primer consumidor, oficialmente no tiene representación, como sucede actualmente con la OIC.
El simple ejercicio económico , sin convenios ni pactos, podría ocasionar que en los cafés sostenibles también se diera una sobreoferta similar a la que en los años noventa se promovió en Vietnam por parte del Banco Mundial y de la AID, máxime cuando la demanda para ellos es apenas el 1,1% del total, en ciernes, pero desde ya se advieten las cartas del juego de cada cual. Al final, la representante de una ONG, Meredith Ailloud, sintetizó de la mejor manera las discrepancias: en el café sostenible lo que para unos es oportunidad de negocio para otros es cuestión de supervivencia. No es fácil extraer una síntesis para la sostenibilidad tan deseada en una contradicción antagónica como esta. Para unos puede ser gracia y para otros desgracia.
Pereira; diciembre 22 de 2003
www.salvacionagropecuaria.net
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