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Que nos salve el Chapulín
por Daniel Samper Pizano
Wednesday, Mar. 10, 2004 at 8:32 AM
cambalache _NOSPAM_ @ mail.ddnet.es
El silencio oficial sobre el parquicidio contrasta con la protesta colectiva.
Parece que la fumigación con Glifosato no solo causa calambres gastroinestinales, vómito, hinchazón pulmonar, turbación de conocimiento, irritación epidérmica, visión borrosa, neumonía, fiebre, debilidad general y destrucción de glóbulos rojos (datos de un informe científico de Brian Tokar) sino mudez e indiferencia. Lo digo porque las autoridades parecen atacadas por un curioso síndrome paralizante.
A propósito de la posibilidad de fumigar cultivos ilícitos en los parques naturales llegaron cientos de cartas quejosas a los buzones del Gobierno, protestaron numerosas comunidades, expresaron su rechazo importantes científicos, aparecieron denuncias en la prensa, expusieron sus crudos testimonios indígenas y colonos, opinaron adversamente ecólogos y especialistas.
Sin embargo, ni el Presidente de la República, ni la ministra del ramo ni el Defensor (e.) del Pueblo, don Volmar Pérez Ortiz, se dan por aludidos. Tenía yo la ingenua idea de que la democracia consistía en hacerse oír de manera civilizada y esperar una respuesta y una acción de las autoridades a partir de esa actitud.
Pero me equivoqué. Resulta triste ver que un pronunciamiento masivo realizado dentro del más absoluto respeto obtiene por respuesta silencio e indiferencia. No alcanzo a explicarme por qué el Presidente Álvaro Uribe, que en las reuniones comunitarias parece ser un hombre que sabe oír y se interesa por los problemas, calla y mira para otro lado cuando la queja llega por caminos que no han diseñado sus asesores y que no están iluminados por los reflectores de la televisión. Si el Presidente ha hablado sobre este asunto y no me enteré, ofrezco rendidas disculpas y retiro mis palabras. Pero no parece que haya sido así.
Como decía el Chapulín Colorado, ahora ¿quién podrá defendernos? De la ministra poco cabe esperar, pues debe de mirar la movilización epistolar con la misma desconfianza que su jefe. Y del Defensor del Pueblo, menos, pues anda preocupado por conseguir que lo elijan como titular en el cargo, y para ello no puede malquistarse con el Gobierno.
Lo único que queda, pues, es seguir repicando. Y decir que hace unos días 733 familias campesinas de la Sierra Nevada recibieron de manos del propio Presidente dineros compensatorios por erradicar manualmente cultivos de coca. El programa de guardabosques existe, pues, y lo que conviene es extenderlo y destinarle el platal que se gasta en venenos y aviones de fumigación (113 millones de dólares entre 1994 y 2000).
La erradicación, complementada con sustitución de cultivos, es el mejor remedio contra cocales y amapolas, según estudio de tres investigadores de la Universidad de Ohio State publicado por la revista World Development (Feb. 2003). “La política de eliminación de cocales del gobierno colombiano -dice el estudio- no ha logrado su objetivo de desestimularlos (…) Los objetivos de control de narcóticos se conseguirían más efectivamente si se incrementa la ganancia en los productos legales de los campesinos”. Allí mismo se advierte sobre “las consecuencias ambientales negativas de la fumigación aérea con Glifosato… que a veces no atina en el blanco y deteriora las siembras de alimentos y la salud de los pobladores locales”.
Tan preocupados como los ecólogos están los promotores de turismo sostenible, ese que se compagina con paisaje y naturaleza. Los más importantes dirigentes de la actividad han mandado una carta al Presidente donde dicen: “Deseamos expresar nuestro apoyo a su política de acabar con el comercio ilegal de droga. Sin embargo, consideramos que para las áreas protegidas del país existen otros mecanismos diferentes a las fumigaciones con tóxicos".
A su turno, el sociólogo Álvaro Camacho Guizado analiza en El Espectador las alegres cifras de erradicación de cultivos del Gobierno, y concluye que son bastante alocadas pues implican que “se erradicó casi un 30 por ciento más que la superficie reconocida” con cultivos ilícitos. Dice Camacho: “La política de fumigaciones crea muchos más problemas de los que intenta resolver”, y “puede resultar peor… la fumigación en los parques nacionales”.
En un artículo que ojalá vea la luz pronto, el ex ministro de Medio Ambiente Ernesto Guhl señala: “El carrusel de la narcofumigación ha costado miles de hectáreas de bosques naturales, el arrasamiento de cultivos de pancoger de pequeños campesinos que conviven con los narcocultivos, y su criminalización por carecer de alternativas válidas de supervivencia (…) Los beneficiados principales de la estrategia han sido los productores de los agentes usados para la fumigación y los fumigadores. Los perdedores, todos los colombianos de hoy y del futuro”.
Me preocupan los cultivos ilícitos en parques naturales. Me preocupan más las fumigaciones de esos cultivos. Y lo que definitivamente me desvela es que estos temas tan importantes para los colombianos no merezcan debates, ni siquiera explicaciones. Sí: que venga el Chapulín a salvarnos y a salvarse. Al fin y al cabo, los primeros en morir envenenados serán los grillos.
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