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'Juegos de colaboración' en el ALCA y el TLC
por Aurelio Suárez Montoya
Tuesday, Mar. 16, 2004 at 10:53 PM
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Cada vez son menos esperanzadoras las noticias acerca del resultado para Colombia, su economía, su estabilidad y su orden vigente, ya de por sí inicuo, de la negociación de los mal nombrados tratados de "libre comercio", tanto a escala hemisférica con el ALCA como bilateralmente con Estados Unidos y en simultáneo con otros tres países andinos.
El desaliento es mayor cuando los timoneles de esas negociaciones escriben artículos, como el asesor público y consultor privado Hommes Rodríguez, o cuando peroran, como el ministro de Comercio Exterior, Jorge Humberto Botero, al respecto. El primero sólo reparte mandobles escritos y diatribas sardónicas contra los opositores o contra quienes expresan justas reservas, como espetarle "vendeobreros" a la CUT o sátrapa a Emilio Sardi. Hommes es "caso perdido", como Garufa. La opinión sabe de sus conexiones con los grupos económicos y con los comisionistas internacionales; por ende, su proceder no sorprende, es "business, only business".
Lo que es novedad es el desenfoque mayúsculo frente a los parámetros que rigen el orden mundial contemporáneo que demuestra el ministro Botero tras una vacua retórica académica. Tal desenfoque fue palpable en la llamada "tertulia" de la casa de Nariño y en el debate promovido por el Observatorio del Congreso sobre este tema. Es grave oírlo decir que el ALCA y el TLC son "juegos de colaboración" porque parece que concibe la presente globalización económica de la misma forma como si fuera en 1820, en la época de David Ricardo, cuando Portugal vendía vino e Inglaterra exportaba paño y "todos tan felices", como "en una sociedad universalcon un mismo lazo de interés", al decir del propio Ricardo donde operaba la competencia perfecta.
De tal modo que el yerro es peor porque Botero asume que en el mundo hay competencia perfecta. Como si se dieran las condiciones mínimas para que ella exista: perfecta información de los agentes económicos, con lo cual ninguno puede decidir sobre la formación de los precios, y perfecta movilidad de los recursos productivos (capital, tecnología y trabajo) para aplicarlos racionalmente y, sobre todo, para que su remuneración tienda a ser equilibrada. Aunque algunos pueden decir que esto es una utopía, cabe preguntar ¿Qué tan lejos estamos de dicho ordenamiento? Es sabido que los precios los fijan monopolios y oligopolios desde la oferta, como cuando Cargill vende cereales, o los monopsonios y oligopsonios desde la demanda, como cuando Cargill compra café, es la competencia imperfecta, la desigualdad plena de los agentes en la información, ésta es precisamente la tesis que valió a Joseph Stiglitz en 2001 el Premio Nobel de Economía.
Hay algo más. En el ALCA y el TLC, existe una iniquidad mayor: mientras el capital, las mercancías y las partes e insumos para ser ensamblados se mueven libremente, la mano de obra no puede circular de igual forma. ¿Qué consecuencias trae? Que los factores de producción que se mueven sin obstáculos obtienen al final un precio equivalente en todas partes; lo cual sucede, por ejemplo, con las tasas de retorno de los flujos de capital que se terminan nivelando, incluidas las de los especulativos; entre tanto, si las inmensas multitudes laboriosas del sur de América no pueden desplazarse, estarán obligadas a permanecer en sus guetos de bajos salarios, de menos de un décimo de valor del de Norteamérica, o peor todavía, a remuneraciones de 0,5 dólares la hora en maquila en Colombia cuando en muchas ramas de alta incorporación tecnológica en Estados Unidos se llega a los 30 dólares. Es la forma como los monopolios controlan el costo del trabajo para acaparar las mayores utilidades.
Ese sólo hecho justificaría "levantarse de la mesa", sin esa injusta distribución del Ingreso no habría ALCA ni TLC, es inherente a ellos. Por eso es de mala leche tergiversar a la AFL- CIO cuando exige "GOOD JOBS", ("buenos empleos"), aquí y allá y tienen que falsearla pues dicha consigna es un golpe en la yugular a la fuente primera de las ganancias del gran capital en la globalización, en últimas, de allí vienen las utilidades en el capitalismo, agrandadas con la competencia desleal, los precios diferenciales y la eliminación a mansalva de los competidores.
Para rematar, estos paladines del neoliberalismo ocultan la manipulación que el Tesoro norteamericano está haciendo con las monedas del mundo: devaluando la suya, apreciando a las otras, restándoles por esta vía "competitividad" a sus rivales, con eso les basta incluso aunque llegara a existir la competencia perfecta, la que predicó Ricardo y que Botero añora. Vamos mal, muy mal, con un asesor buscando "tajadas" y con un ministro interpretando la realidad como a comienzos del siglo XIX. Por eso los foros oficiales son encerronas: los de la Casa de Nariño donde los opositores hablan dos minutos y el gobierno cuanto le dé la gana, y los Foros Regionales, como en Medellín, donde el representante de los sindicatos era un fanático uribista; sí, de los de "Colombianos por el Referendo". Todas estas cosas hay que acallarlas porque estamos en "juegos de colaboración".
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