|
El TLC: diversidad de intereses y representaciones
por Nelson Fajardo
Wednesday, Oct. 06, 2004 at 6:40 PM
Actualidad sobre la cuarta ronda
La cuarta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio celebrada en Puerto Rico saca a flote la diversidad de intereses que están en juego y las contradicciones que se desatan para poder conformar el interés general.
Podríamos agrupar dichos intereses en los que representan al Estado, la diversidad de representaciones sectoriales de la economía del país y la diversidad de representaciones de los sectores sociales que se afectarían en caso de ser firmado el TLC.
El Estado es claro que sus representantes apuntan a una negociación rápida, por considerar que el Tratado es necesario e irreversible para asegurar el crecimiento y el progreso nacional; situación que requiere una reconversión industrial de los aparatos productivos a partir de abrirlos a la competencia y suprimir toda forma de protección. Según ellos, la competencia trae beneficios por cuanto dicho aparato se ve obligado a fortalecer la inversión para mejorar y fortalecer sus estructuras, pero desde luego que se debe partir de tener presente que los beneficios de tales medidas, si bien son el resultado de una supuesta “transparencia” en la competencia, son inciertos en la dinámica misma de la competencia.
Las diversas representaciones sectoriales de la economía del país, por su parte, reflejan la hibridez de los intereses; los cuales oscilan entre quienes consideran el Tratado de alto beneficio y están dispuestos a su aceptación con mínimos condicionamientos, principalmente las representaciones más articuladas al sector exportador. Una segunda fracción está ligada al aparato productivo tradicional que hizo historia estimulando la inversión para el desarrollo de la economía doméstica, que no ha logrado posicionamiento óptimo en las exportaciones y ve con temores la aceptación, sin exigencias, de los acuerdos por cuanto puede destruir su capital acumulado, pero que estaría dispuesta a negociar si se le brindan garantías para su articulación al circuito económico del capital globalizado. Y una tercera fracción es aquella que actúa sustancialmente dentro de los espacios de la economía nacional en una precaria relación con la economía internacional, que actúa con resistencia crítica, pero se mueve en una alta incertidumbre.
Con respecto a las diversas representaciones de los sectores sociales que serían afectados, los sindicatos y los pertenecientes a la economía informal, las variadas formas empresariales de reproducción simple ligadas a la solíempresa, la famiempresa, la microempresa, las cooperativas y fracciones significativas de los servicios, conforman un abanico de fuerzas que logran articular sus intereses desde una perspectiva de resistencia y oposición por cuanto son conscientes que Colombia no está preparada para una negociación TLC.
Negociaciones excluyentes
Desde esta panorámica podríamos afirmar que las negociaciones del TLC a puerta cerrada y con mecanismos de participación altamente limitados como normatizados, sugieren que dichas negociaciones se están fraguando por las alturas a favor de los intereses geoestratégicos del gran capital estadounidense y los sectores más encumbrados del capital criollo transnacionalizado y en trance de transnacionalizarse, para no quedar por fuera de la repartija del ponqué ofrecido por los que tienen el mayor margen de poder en las negociaciones, los Estados Unidos. Para alcanzar estos logros, no importa feriar la soberanía nacional altamente debilitada, continuar en la guerra para limpiar el espacio a la entrada del capital transnacional con sus megaproyectos y hacer una reconversión industrial sobre un aparato productivo que se subordine a la rentabilidad exportadora sin que el mismo haya logrado expandirse para articular el territorio y su estructura productiva.
Unos propósitos
La entrada al TLC en las condiciones favorables sobre las que negocian el Estado, los altos gremios y los sectores sociales favorecidos indica que entraremos a una globalización de nuestra economía por la puerta de atrás; pues lo cierto es que seguimos aferrados al primer ciclo de industrialización profundizado con el Frente Nacional, pero que no logró cohesionar la economía doméstica para competir en mejores condiciones con el exterior. A ello se une la inexistencia de un Estado-Nación consolidado que haga grandes inversiones en favor de la articulación espacio-territorial y la cohesión de la estructura de reproducción socioeconómica que aseguren buenas condiciones de acumulación y consumo interno para proyectar la economía hacia la rentabilidad que brindan las exportaciones.
Esto significa que Colombia esta necesitada de un nuevo ciclo de industrialización que expanda sus fronteras actuales y fortalezca la estructura existente; es decir, pensar más en la articulación nacional con integración regional fuerte y la integración continental a pasos lentos y a largo plazo.
Desde luego que esta concepción no cabe en la cabeza de un Estado y una oligarquía que no tienen el país en la cabeza.
|