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Asesinan indígena Embera Katío en Tierralta
por Cabildo Mayores del Río Sinú y Río Verde
Saturday, Nov. 13, 2004 at 6:02 PM
cabildosmayores@yahoo.es
John Domicó Domicó, sobrino de uno de los miembros del Comité Negociador Embera fue víctima de tres disparos a quemarropa en Tierralta el 12 de noviembre.
CABILDOS MAYORES DEL RÍO SINÚ Y RÍO VERDE
RESGUARDO EMBERA KATÍO DEL ALTO SINÚ

A.A. 770 Montería - Córdoba
Email:
cabildosmayores@edatel.net.co
COMUNICADO A LA OPINIÓN PUBLICA NACIONAL E INTERNACIONAL
¡ EL MERIDIANO QUIERE QUE NOS MATEN !
A campaña de señalamientos, tergiversaciones, falsas acusaciones emprendida por EL MERIDIANO de Córdoba contra el pueblo Embera Katío del Alto Sinú perteneciente a los Cabildos Mayores de Río Sinú y Verde desde el inicio de la asamblea permanente en octubre 25 de 2004, cobró ayer la primera victima fatal para nuestro pueblo.
Alrededor de las 11:00 de la noche de ayer cuatro sujetos no identificados aun, llegaron hasta un bar ubicado en el barrio El Centro de Tierralta y atendido por el indígena Jonh Domicó Domicó, sobrino de uno de los miembros del Comité Negociador Embera Después de pedir cuatro cervezas, los sujetos empezaron a agredir y amenazar a nuestro hermano Jonh. “Mientras hay una cantidad de pobres que se ahogan ustedes siguen reclamando más plata” fue el argumento central de las amenazas que se materializaron segundos después cuando uno de los sujetos le propinó, casi a quemarropa, tres disparos a nuestro hermano indígena.
Este argumento utilizado por los sicarios, ha sido uno de los ejes centrales de diferentes ediciones de EL MERIDIANO de Córdoba, al punto de que sólo dos días antes, el 10 de noviembre, la periodista Ginna Morelo afirmaba que “el monto para atender las pretensiones de los indígenas serviría para solucionar el problema de las inundaciones en todo Montería y con lo cual se beneficiarían 200 veces más personas” .
En todo caso, estas afirmaciones que dudosamente podrían ser excusadas por EL MERIDIANO bajo la figura de que la opinión de los periodistas no compromete en nada la posición oficial del periódico, queda sin piso pues la editorial del día de ayer no sólo hace eco de las mismas sino que las refuerza afirmando que “los indígenas no quieren que se sepa en qué beneficiará a una minoría la destinación de tantos recursos frente a un mayoría que se retuerce en la miseria como consecuencia del invierno que ahogó sus cambuches...”
La publicación innecesaria el 10 de noviembre pasado de los nombres completos de indígenas y asesores que hacen parte de la Comisión Negociadora Embera, sin duda no puede ser interpretada como el cumplimiento de la función periodística de “dar a conocer a la luz pública los hechos que interesan” y más bien se constituye en un señalamiento velado que pone en riesgo la vida de los miembros de esta comisión, sobre todo si como se afirma ese mismo día en EL MERIDIANO, se concibe que la Asamblea Permanente es producto de unos cuantos líderes y asesores y no un ejercicio de gobierno y autonomía de todo nuestro pueblo. Al respecto es sospechosamente coincidencial que al día siguiente (11 de noviembre) varios hombres que se identificaron como miembros del DAS estuvieran esperando en un auto a la salida del hotel donde se hospedaba la Comisión Negociadora Embera y hostigaran a cuatro indígenas y uno de nuestros asesores.
La actual campaña de El MERIDIANO, nos trae a la mente las realizadas por el mismo medio en ocasiones pasadas cuando también nos vimos obligados a abandonar nuestro territorio para defender nuestros derechos fundamentales y los de nuestros hijos. Recordamos con tristeza que en esas ocasiones perdieron la vida lideres valiosos como Lucindo Domicó, José Ángel Domicó, Alonso Domicó y aún se encuentra desaparecido Kimy Pernía Domicó.
Desde el mismo inicio de nuestra Asamblea Permanente en forma descarada este periódico ha solicitado la intervención de la fuerza pública con la pretensión de que a punta de bolillo y violencia desbaraten nuestra manifestación pacífica que entre otras cosas no ha perturbado en nada el orden público ni la seguridad del exclusivo barrio el recreo como perversamente lo han insinuado en varias oportunidades. Por suerte, y hay que reconocerlo, a raíz de la madurez y la justeza de nuestra Asamblea Permanente la fuerza pública con actitud responsable no se ha dejado incitar por las envenenadas pullas de EL MERIDIANO.
Al mismo tiempo y en vista de que no han logrado lanzar a la fuerza pública en nuestra contra han tejido una urdimbre siniestra alrededor de nuestras peticiones. Al principio el caballo de desprestigio fue que los indígenas habíamos improvisado la Asamblea Permanente sin saber a conciencia nuestras peticiones. Pero al conocer nuestro pliego de peticiones, que reservamos hasta cuando fuimos atendidos por el gobierno central para evitar justamente las tergiversaciones de funcionarios y medios locales y regionales, los argumentos inyectados de odio han ido desde que tenemos pretensiones ocultas con la no militarización de nuestro territorio, que lo único que nos mueve es el dinero, que pretendemos obtener mayores ventajas que los demás sectores sociales y hasta el descabellado argumento de que estamos pidiendo conocer los acuerdos de gasifería e interconexión eléctrica mantenidos entre los gobiernos de Colombia, Venezuela y Panamá para desplazarnos hacia los territorios donde se implementarán estos megaproyectos con la idea de tener mayores entradas de plata. Tesis tan disparatadas sólo son posibles en mentes tan perversas como la de los escritores y propietarios de este medio.
Desde hace mucho tiempo, cuando públicamente dimos a conocer la Declaración de la Asamblea de Sambudó en abril de 1999, hemos dicho que nos negamos a la presencia de cualquier actor armado en nuestro resguardo, sea éste estatal, paraestatal o contraestatal. De ello ha sido testigo la opinión pública, la defensoría regional y nacional, el ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior y Justicia, el Alto Comisionado para la Paz, la Vicepresidencia, el propio presidente Uribe, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en Colombia, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. No hay nada oculto en esta pretensión más allá del hecho de reclamar nuestra autonomía y reafirmar nuestro compromiso indeclinable de no dejarnos incluir en una guerra que traería más muertes para nuestras comunidades. En otras palabras, nos mantenemos en seguir siendo un pueblo de paz.
Desde el descubrimiento, conquista y colonización española hemos venido sufriendo los rigores de la marginación, la exclusión y el vasallaje de una sociedad que a nombre del desarrollo y el progreso ha preferido desconocernos y llevarnos lentamente a la muerte física, social y cultural. En carne propia ahora sufrimos los impactos del megaproyecto Urrá I y por tanto sabemos del dolor de campesinos, pescadores, vendedores ambulantes, desplazados, damnificados, afrodescendientes y los demás sectores sociales que hacen parte de esa otra Colombia olvidada y desatendida. Con ellos siempre hemos mantenido y mantendremos nuestra solidaridad incondicional y en ningún momento haremos uso de la mezquindad occidental para obtener garantías en detrimento de sus derechos. Por el contrario, lamentamos que en medio de su situación la sociedad y el gobierno colombiano solo los atiendan de manera inmediatistas con unas cuantas sábanas, colchonetas y alimentación que una vez pase el boom de los medios de comunicación y el invierno no solucionarán de fondo su situación.
Recordamos también que son precisamente estos sectores, los mayormente afectados por la construcción de Urrá. Fueron los pescadores y organizaciones de base del bajo y medio Sinú, los que al identificarse con nosotros, tomaron la decisión de salir a marchar y apoyar nuestras demandas.
Suficiente ha tenido nuestro pueblo con la construcción de Urrá I, pues este megaproyecto que en comparación de otros resulta pequeño, nos ha traído dolor, sufrimiento y muerte. Si buscamos saber los planes de expansión energética del gobierno colombiano y los convenios de interconexión gasífera y eléctrica en los que está inmiscuido Colombia es porque tememos que se construya Urrá II y se aumente el daño irreparable a nuestros territorios y comunidades. Si buscáramos beneficios monetarios estaríamos de acuerdo con la firma del ALCA y el TLC, acuerdos y tratados que hemos rechazado públicamente en consonancia con la voz de todo el movimiento indígena colombiano y de nuestra América.
La sociedad colombiana sumida en una espiral de violencia sin igual necesita de medios de comunicación que suministren información objetiva, imparcial y clara que al menos le permita dimensionar la problemática por la cual atravesamos. Mucho mal le hace a nuestra Colombia el manejo que ciertos medios de comunicación como EL MERIDIANO le dan a temas cruciales como el del conflicto armado y social. Las tergiversaciones de los medios de comunicación en esta sociedad tan polarizada solo avivan los vientos de guerra e impiden la construcción de un país más democrático y con equidad social.
Así como no olvidamos que la libertad de prensa es uno de los pilares de un verdadero estado social de derecho como se proclama en la constitución política colombiana, El MERIDIANO tampoco puede olvidar que el ejercicio periodístico se sustenta en la ética, la imparcialidad y la objetividad de la información. Cuando estos presupuestos son desconocidos, la labor periodística además de antiética se convierte en una excusa para satisfacer venganzas y profundizar los odios personales o de unos sectores contra otros.
Tampoco puede olvidar este periódico que la misma constitución política garantiza el derecho a la protesta pacífica y al libre derecho de asociación como lo estamos ejerciendo a través de nuestra Asamblea Permanente.
Aunque pedirle a EL MERIDIANO que cumpla con los presupuestos éticos inherentes a la labor periodística es tanto como esperar que las mulas conciban crías, solicitamos mayor respeto al trato de nuestras exigencias y al libre derecho de manifestarnos pacíficamente y manifestar nuestro pensamiento. En ningún momento hemos pedido al gobierno colombiano prohibición alguna sobre el periódico EL MERIDIANO, en ningún momento seremos portavoces de la censura de prensa como algunos sectores del gobierno colombiano lo han propuesto y en la practica se ha desarrollado con ciertos medios de comunicación alternativos, sólo esperamos objetividad, claridad, igualdad y sobre todo imparcialidad.
¿Acaso será que los propietarios del periódico EL MERIDIANO habitantes del barrio El Recreo que han utilizado el poder de su periódico para garantizar que no haya “contaminación visual” alrededor de sus casas tipo Miami, como las calificó una publicación de la Revista Semana?
Será que para los dueños de este periódico no es suficiente la inmensidad de las tierras que tienen y tal vez con el etnocidio del pueblo Embera estén apuntando a conquistar también nuestros territorios? ¿Cuántos asesinatos más tendremos que esperar a raíz de la campaña infame que desde hace tiempo ha emprendido este medio de comunicación contra el pueblo Embera?
¡ Respeto a nuestra vida !
Montería, noviembre 13 de 2004
www.gratisweb.com/embera_katio
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