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Conversación con el poeta Fernando Rendón: La poesía llama a las multitudes'
por Darío Carballo
Wednesday, Jan. 19, 2005 at 10:02 AM
El director de la Fundación Prometeo y del Festival Internacional de Poesía de Medellín, Fernando Rendón, fue entrevistado para la publicación española Babab. Este semanario publica un resumen del interesante reportaje.
-Algunos escritores, poetas y críticos literarios coinciden al pensar que la poesía no es para las masas.
En Medellín esta premisa se cae frente a las miles de personas que asisten a las lecturas.
¿A qué se debe este fenómeno?
-Algunos de los escritores, poetas y críticos de los que mencionas, que conozco, también han dicho quizás que en sus países la poesía no tiene importancia. En sus orígenes la poesía era de todos y para todos. El poeta se reclamaba anónimo y el poema, como la Ilíada, era transmitido de generación en generación, a través del lenguaje y acopiado en la memoria de las gentes. Decir que la poesía no es para las masas, es tanto como decir que la libertad, la vida y el amor no son para el pueblo. La poesía debe ser hecha por todos, escribió Ducasse. En un tiempo como el que vivimos en Colombia, de guerra sucia, intolerancia y graves recortes a las libertades políticas y a los derechos ciudadanos, la poesía llama a las multitudes, fortalece en los hechos la libertad de reunión y de expresión, contribuye a unificar al pueblo en el deseo y la búsqueda de la libertad, y de una vida más alta en el espíritu, en la activa aspiración a la verdad, a la dignidad y a la belleza. Experiencia irrepetible
-Como director del Festival de Poesía de Medellín y como poeta invitado a otros eventos similares en el mundo, ¿cuál crees que es el impacto de estos actos en nuestras sociedades contemporáneas?
- No sé de qué manera repercutirán otros eventos similares, en sociedades distintas a la nuestra. En algunos países europeos la poesía no emociona a nadie. En cambio, sé que los iraquíes realizan un festival multitudinario de poesía, de mucha tradición en el mundo árabe. Pero en general, nos parece que la experiencia colombiana es irrepetible. Lo digo porque también realizamos este año cuatro actos en Bogotá en los que mucha gente, ferviente, se quedaba por fuera del auditorio. - -La oportunidad que brinda el festival de conocer a fondo la poesía contemporánea del mundo, implica necesariamente exponerse a ciertas influencias a la hora de crear la propia poesía.
¿Qué poetas a lo largo de estos años de encuentro han sido fundamentales para tu obra?
-Más fundamentales que sus poemas para mi escritura han sido las actitudes y el pensamiento sobre el mundo de algunos de los poetas invitados a Medellín, que han alimentado mi trabajo cotidiano y mi voluntad para desarrollarlo. No puedes dejar de sentir la gran energía poética que desata la presencia de cientos de poetas en la ciudad. Los versos se entrecruzan en el aire, se entretejen los ritmos, emparentando los espíritus y las tradiciones poéticas antiguas y nuevas. Los seres humanos somos uno en el pasado, en el presente y en el porvenir. Los poetas de Tanzania y Zimbawe, de Japón y la India, de Bélgica y Serbia, de Argentina y Colombia, y de España, tenemos unas preocupaciones muy semejantes. El mundo y el poema son uno solo. Robert Graves escribió sobre el único y eterno tema poético de la vida y la muerte. Pienso entonces que ha sido para mí esencial haber conocido a Carlos Sahagún, Juan Gelman, Hans Magnus Enzensberger, Edoardo Sanguineti, Gonzalo Rojas, Mazisi Kunene, para citar sólo algunos nombres.
¿Qué crees diferenció a este XIV Festival de Poesía de Medellín respecto a los anteriores?
-Lo que más llamó la atención de los poetas invitados y de los organizadores del Festival Internacional de Poesía de Medellín, en la senda de lo que el filósofo Carlos Marx llamó la educación de los cinco sentidos, fue la capacidad transformadora de la poesía en la intimidad colectiva e individual del público y el gran protagonismo silencioso de los que despectivamente algunos intelectuales y académicos llaman las masas. Ese cuerpo único en movimiento, inteligente y amoroso, sediento de belleza y de verdad, concentrado y profundamente comprometido con la experiencia poética y con el deseo de una vida nueva.
- ¿Qué tienes que decir respecto a la participación del Estado y los medios de comunicación en un evento que ha logrado tal impacto social en el país? - -Al otro lado de esta historia está el Estado colombiano, que invierte todo el dinero del mundo en el pago de la deuda externa y en una guerra interminable contra la insurgencia armada, cuyo solo costo económico, invertido en el bienestar del pueblo colombiano, serviría para eliminar radicalmente las causas del conflicto. Este Estado le ha quitado al Festival casi todo el presupuesto, modesto pero útil, que otorgaba al evento hace algunos años. No se podía esperar menos, cuando gobiernan el autoritarismo y la soberbia, dispuestos a eliminar todos los derechos civiles de los ciudadanos. El Festival les importa por eso, pero al revés. Y los medios: cuatro centímetros de entrevistas cada día a muy pocos invitados. No publican poemas. Cero televisión. La convocatoria la hacemos nosotros con nuestros propios medios. Es suficiente. Los medios son grandes enemigos de la cultura en Colombia. Y su manera de ser enemigos es ignorar a los poetas y a los artistas, silenciar los procesos culturales, no estimular que las masas se acerquen a la poesía. ¿Para qué?, dirán. ¿Y si las masas pensaran?
-Y por último, ¿cómo sortea la organización del festival las diferentes situaciones políticas que seguramente tocan a un evento de tal magnitud?
-Hasta el momento el Festival Internacional de Poesía de Medellín ha extendido sus casi 780 actos, en estos 14 años, en los que han leído sus poemas 630 poetas de 115 naciones, a prácticamente todos los espacios abiertos y cerrados de la ciudad: teatros al aire libre y teatros cerrados, bibliotecas, universidades, museos, centros culturales, planetarios, parques y calles del centro y de los barrios, asentamientos de desplazados por la guerra, sindicatos, cooperativas, cárceles, manicomios y hospitales, etcétera. Esta es la situación política: que nosotros pensamos que la poesía debe ser para todos. Y entonces se sienten convocados personas, no masas, de todos los estratos y clases sociales, de todas las convicciones políticas y religiosas, estudiantes, trabajadores, profesionales, empleados, desempleados, todos. Naturalmente por esta acción, fuerte, se desarrolla cierta reacción.
Quién creyera que la poesía despierta odio en algunos. Lo siento por ellos. Pero nunca nos hemos visto abocados a una situación política adversa, más allá de los aprietos en que a veces nos han colocado funcionarios del Estado o del Municipio. No somos manipulables políticamente, ellos lo saben. Pero hasta el momento nos han respetado.
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