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El desplome del empleo
por Eduardo Sarmiento Palacio
Sunday, Feb. 06, 2005 at 7:48 AM
Desde hace seis años, cuando el país pasó a comandar la marca de desempleo en el mundo, la crisis se ha manejado con excusas.
En diciembre de 2004 se perdieron 400.000 empleos con respecto al mismo mes del año anterior, y hasta ahora no se escucha alguna explicación convincente. Por lo demás, no se trata de una cifra puntual. En los tres últimos años el empleo creció menos de 1% anual.
De tiempo atrás, el diagnóstico nacional gira alrededor de la concepción clásica de que el desempleo se origina por rigideces de salarios y que la solución está en flexibilizar el mercado laboral y aumenta las utilidades del capital, y así inducir la expansión de la producción que arrastre el empleo y genere su propia demanda. En efecto, los esfuerzos se han orientado a desmontar las compensaciones laborales, elevar la tributación indirecta, aumentar los precios de la gasolina y permitir alzas desaforadas de las tarifas de servicios públicos, y al mismo tiempo se han introducido cuantiosas exenciones tributarias al capital. El remedio ha resultado peor que la enfermedad. La represión laboral ha comprimido el consumo masivo, el aumento de las utilidades empresariales ha reducido las necesidades del crédito y, en conjunto, han acentuado la deficiencia de demanda efectiva, que limita la producción y el empleo.
El desacierto se elevó a nivel de reforma laboral. La ley de flexibilización laboral se aprobó sobre la base de que se generarían 750.000 empleos anuales y en el entendido de que se revisaría en caso de que no se cumpliera el compromiso. Frente al error anunciado de predicción de más de un millón, es hora de que el Gobierno explique la razón del fracaso y el Congreso proceda a modificar la norma.
El otro fiasco es el sector externo. Basados en las teorías de comercio internacional, se confió en que el empleo vendría del exterior. La realidad ha sido totalmente opuesta. Lo que se observa es una monumental arremetida de las multinacionales, que adquieren las empresas nacionales por debajo del costo de oportunidad y de inmediato proceden a sustituir la producción interna de productos intermedios por importaciones. En la práctica, se ha configurado una estructura comercial que resulta en aumentos de importaciones muy superiores al PIB y exportaciones de bajo contenido de valor agregado nacional. Así, en la actualidad las exportaciones manufactureras aumentan 25% y el valor agregado industrial, que resulta de restarle a la producción los bienes intermedios importados, no crece ni 1%.
No menos preocupante es la creciente de la tendencia especulativa de la economía. El aumento del ahorro financiero no tiene una contraparte en el crédito. Las instituciones financieras prefieren mantener cuantiosos fondos para obtener magras ganancias en la compra y venta de dólares y papeles. Luego de varios años de caída, las colocaciones bancarias crecen menos que el PIB nominal.
Lo anterior tiene su manifestación más clara en la construcción. Como la expansión del sector ha sido financiada con ahorro interno y coincide con una caída de la cartera hipotecaria, su dinamismo no se traslada a otros sectores y no es fácilmente sostenible. Por eso, la actividad constructora se concentra en los sectores altos y ha venido declinando.
Al igual que sucede en muchos otros frentes de la realidad nacional, los gestores de la política giran alrededor de teorías equivocadas. No es cierto que el empleo resulte de los estímulos al capital y la producción. La coincidencia del debilitamiento del consumo masivo, la caída del crédito y la persistencia del desempleo revelan un comportamiento muy distinto. El bajo crecimiento del empleo se origina en el desplome del consumo masivo y en la incapacidad del ahorro para fluir a la inversión, y esto se explica por el desempleo y el bajo crecimiento de la producción. No se ha logrado superar el círculo vicioso de demanda efectiva y desempleo. En tales condiciones, el aumento de las ganancias empresariales no afecta significativamente la producción y ésta incide muy poco en el empleo.
En su lugar, se plantea movilizar los recursos financieros para crear empleos en forma directa. El propósito puede realizarse mediante la apropiación de un crédito de 2,5% del PIB del Banco de la República y la acción coordinada con las administraciones municipales para financiar actividades intensivas en mano de obra propias de las ciudades, como serían la pavimentación y el mantenimiento de la infraestructura física, la construcción de vivienda de interés social, la financiación de medianas y pequeñas empresas con mayor capacidad de generación de empleo y la creación de un subsidio para retener a los estudiantes en el sector educativo. Si se tiene que la creación de un puesto de trabajo por estos medios tiene un costo de $10 millones, la operación propiciaría un aumento del empleo superior a 4% y en un corto plazo permitiría recuperar las tasas de crecimiento históricas.
El Espectador. Copyright © Comunican S.A., 2004.
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