Hay que reconocer que las recientes acciones son hechos de guerra ejecutados por una fuerza militar jerarquizada, capaz de realizar acciones sostenidas y coordinadas, con uniformes y signos visibles, con mandos responsables, que tienen presencia y control en muchas zonas del territorio nacional.
No se puede tapar el sol con las manos
El comienzo del fin del repliegue
El ataque nuevo de las Farc en Urabá eleva a más de cuarenta el número de bajas de las Fuerzas Militares en los últimos tres días. Luego del ataque en Nariño y Putumayo, la guerrilla realizó otro ataque aun más demoledor en el extremo opuesto del país. Prueba indudable de que, a excepción de algunas zonas de Cundinamarca y el oriente antioqueño, la mayoría de los frentes de las Farc mantiene prácticamente intacta su capacidad militar.
Han sido golpes consecutivos que evidencian una reactivación de acciones militares de las Farc de mayor envergadura, comparadas con las que han venido realizando en los dos últimos años, basadas principalmente en pequeños hostigamientos y emboscadas y muchos campos minados.
Las Farc no han estado inactivas. De hecho, durante los dos primeros años del presente Gobierno realizaron igual número de acciones que durante el cuatrienio anterior; pero eran acciones de pequeña escala que, incluso, no las registraban los medios de comunicación.
Las acciones recientes marcan el comienzo del fin del repliegue de las Farc. Muy probablemente no realizarán todavía una contraofensiva masiva, pero estas acciones marcan un nuevo quiebre en la dinámica del conflicto hacia el futuro. La situación podría ponerse peor a medida que se acercan los momentos de las decisiones electorales.
El Gobierno haría bien en alertar a la ciudadanía sobre estas posibilidades y atenuar su iluso triunfalismo que lo lleva a explicar estos desastres militares como el producto de errores cometidos por los soldados caídos en combate, y no como resultado de que el adversario todavía es fuerte y no ha sido aún debilitado de manera crítica. Para el Gobierno también será muy difícil seguir sosteniendo que en Colombia no hay un conflicto armado interno sino una amenaza terrorista.
Con todo y su barbarie, hay que reconocer que las recientes acciones son hechos de guerra ejecutados por una fuerza militar jerarquizada, capaz de realizar acciones sostenidas y coordinadas, con uniformes y signos visibles, con mandos responsables, que tienen presencia y control en muchas zonas del territorio nacional. No se puede tapar el sol con las manos.
Si estas acciones de las Farc continúan, van a seguir creciendo las dudas que ya se empiezan a manifestar en muchos sectores de la opinión sobre la eficacia incontenible y el éxito fulminante de la política de seguridad democrática que nos ha querido mostrar el Gobierno. Los colombianos debemos ser concientes de que nos esperan tiempos muy difíciles y que no hay ni redentores ni soluciones mágicas a la vista.
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