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Campesinos del Huila marcharon por la Vida y la Libertad
por Adriana Palacio Garcés
Thursday, Mar. 17, 2005 at 12:55 AM
Más de 2.000 campesinos en Neiva protestaron contra las fumigaciones con glifosfato. Criticaron también las detenciones masivas, los empadronamientos y la estigmatización de todo un pueblo.
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Por el contrario, los labriegos demandan que se adelante la erradicación manual, mayor inversión social y la libertad inmediata para sindicados de auxiliadores de la guerrilla.
Los manifestantes hicieron sentir su voz congregados ayer en la Concha Acústica Jorge Villamil Cordovez, de Neiva.
Aunque, además de los del Huila, se calculaba el arribo de más de 5 mil campesinos de Putumayo, Caquetá y Tolima, estos no habían podido llegar a la ciudad al momento, pues - dijo Ulises Sánchez, líder campesino del municipio de Algeciras- los retenes del Ejército"entorpecieron la movilización".
La protesta estuvo enmarcada por la fuerte participación de las mujeres. Ellas con sus propias palabras describieron cómo es vivir en medio de las balas y el glifosato, ver morir a un familiar o luchar por la liberación de un esposo, hermano o padre, sindicado por las autoridades de ser auxiliador o guerrillero de las Farc.
Ana Yeis Córdoba hace parte de este grupo de 120 mujeres que tienen que sobrevivir diariamente con sus hijos en el municipio de Algeciras, sur-occidente del Huila, región considerada por las Fuerzas Armadas como cuna de insurgentes después del nacimiento de la llamada Zona de Distensión, pues esa localidad se convirtió en un corredor estratégico de ese grupo.
La mujer contó que su esposo Saúl Rojas fue detenido con 7 personas más en la madrugada del 14 de agosto de 2003 y fue sindicado de los delitos de rebelión y concierto para delinquir. Hoy, 19 meses después, continúa la lucha para que su esposo, un hombre que se dedicaba a vender víveres en la galería del pueblo, recobre su libertad.
"En las audiencias públicas le hemos entregado a la Fiscalía varios documentos en los que consta cómo me mataron a mi niña de 7 años y a mi hermano. Hemos sido víctimas de la violencia... ¿por qué nos inculpan de ser guerrilleros?", se pregunta Ana.
Contó también cómo sus tres hijos de 10, 8 y 2 años lloran porque les hace falta su papá y el mayorcito se "está criando con sed de venganza, pues repite que 'esto no se queda así' cada vez que recuerda cómo el Ejército sacó a empujones a su papá de la casa".
Ana Yeis ahora vive de la ayuda de su hermana, pues le tocó dejar el trabajo en el vivero al no tener otra posibilidad para cuidar a sus pequeños niños. Dice que quiere recuperar su vida.
A la vez, propusieron respeto por una región que todavía es considerada como la despensa agrícola del Huila, erradicación manual de cultivos ilícitos, inversión social, diálogos regionales y la libertad inmediata para detenidos sindicados de ser auxiliadores de la guerrilla.
A la masiva convocatoria no se hicieron presentes funcionarios de la Defensoría del Pueblo o de la Personería, pero sí funcionarios de la Asesoría de Paz del departamento, quienes tomaron atenta nota de las peticiones de los habitantes de Algeciras.
Olmo Guillermo Liévano, director de esta oficina, dijo que se articularán acciones para esta localidad huilense bajo los parámetros del Programa 'Desarrollo y Paz', propuesto por el actual gobierno en temas como justicia y seguridad, gobernabilidad democrática, respeto a los Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario y la disminución de la violencia.
Así, la movilización no será en vano, por lo menos eso piensa Ana Yeis que vio en la marcha la posibilidad de buscar un respaldo para la libertad de su esposo y de otros de sus coterráneos. "Vivo desesperada, por eso estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para conseguir el regreso de Saúl y lograr que mi familia vuelva a ser la de antes: una familia feliz, trabajadora, sin miedo y con ganas de seguir luchando por el futuro de mis hijos", dijo.
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Clamores de libertad: “Sólo queremos vivir en paz”
por Fabián Alejandro Hernández Falla
Friday, Mar. 18, 2005 at 3:56 AM
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Unos dos mil campesinos, provenientes de varios municipios, convertidos hoy en escenario de guerra, desfilaron ayer reclamando plenas garantías para vivir y trabajar en paz.
Los labriegos, portando pancartas y llevando en alto una bandera llegaron hasta la concha acústica “Jorge Villamil Cordovez” de la capital huilense, como había sido programado con días de anticipación. Lo hicieron en orden, en medio de un severo dispositivo de seguridad, activado 24 horas antes, temiendo infiltraciones ajenas a la jornada. Muchos de los campesinos no pudieron llegar a cumplir la cita. Los operativos y los temores impidieron su desplazamiento.
La delegación más numerosa fue la de Algeciras, el más sufrido de todos los municipios del Huila por la crudeza del conflicto armado. Al frente de los labriegos también marchaba el asesor de paz, Olmo Guillermo Liévano.
Cada uno contó su historia, cada campesino expresó su angustia y su protesta por las detenciones masivas, muchas de ellas, sin plena prueba. Y de paso para expresar su pública inconformidad con una política de seguridad democrática que les resulta adversa.
“Están aniquilando paulatinamente al campesinado huilense y están provocando que nuestros hijos crezcan con odio hacia el Estado”, expresó José Uliser Sánchez, quien ha soportado en carne propia los rigores del conflicto armado.
Ejercicio de paz
La marcha transcurrió en calma. La sociedad civil acompañó la jornada. Pese a los excesivos controles, no se registraron desmanes. La protesta fue un sano ejercicio democrático, según lo reconoció por el asesor de paz, Olmo Guillermo Liévano “En este proceso hay muchos intereses, pienso que el ejercicio de que la comunidad esté propendiendo por principios como el acuerdo humanitario, los planes de acción en derechos humanos y la denuncia de problemas que los aquejan como la fumigación con glifosato que ha afectado cultivos de pan coger y que mantienen a la población expectante en cuanto a la salud y la afectación de las áreas sembradas, son temas que deben ser colocados sobre una mesa de concertación con los organismos de seguridad y darle pie a iniciativas como la erradicación manual.
Diálogos regionales
El funcionario no sólo insistió en buscar acuerdos. También propuso la realización de diálogos regionales. “Los asesores de paz nos hemos comprometido en ello y le estamos pidiendo al Gobierno Nacional que nos permita llevarlos a cabo sin obstáculos y sin temor a ser procesados por ello”, manifestó Liévano Rodríguez.
Desde la mirada sociológica
José Jairo González, cumple una misión de acompañamiento a las comunidades afectadas por el conflicto.
“Hemos creído conveniente permitir espacios para las expresiones democráticas de los pueblos. Las manifestaciones como éstas son necesarias, porque de lo contrario se puede argumentar que no hay garantías. Esta actividad se concertó sobre la base de garantizar que fuera pacífica. A la gente hay que darle la oportunidad de expresarse con libertad, sin el mayor asomo de censura o intimidación”, dijo el funcionario.
Las denuncias
Las comunidades campesinas pusieron en conocimiento atropellos, el sometimiento a situaciones de extrema presión por parte de las autoridades y la falta de solución a la situación jurídica de sus familiares detenidos en diversas cárceles del país. Los campesinos solo levantaron una bandera: “Que cesen los señalamientos y las acusaciones sin sentido. Que nos dejen vivir y trabajar en paz”.
Una historia
*Ana Julia, estaba adolorida, contó que su hijo está preso y que luego de cerca de dos años aún es mantenido recluido en una cárcel sin haber sido condenado. Contó que su cultivo de fríjol se dañó por culpa de las fumigaciones y que los hombres que antes ayudaban a recoger la cosecha se han ido asustados por persecución y otros cuyo rumbo se desconoce. Estas mujer con la voz entrecortada, llamó a lucha, no peleando, pero sí alzando la voz, para que los dejen vivir en paz en el campo y en sus parcelas.
“Hemos venido reclamando nuestros derechos, solo conocemos la mano del Estado para censurarnos, para perseguirnos y para intimidarnos en marchas como ésta. Nunca el Gobierno se ha hecho presente en el campo para preguntarnos qué necesitamos. Y las madres, las viudas, las que estamos abandonadas nunca nos han preguntado por nuestro dolor, por nuestro padecimiento”, expresó la mujer con lágrimas en sus ojos.
Ayer hubo solidaridad, compromiso y muchos deseos por un futuro sin violencias, sin persecuciones, sin señalamientos.
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