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Sabas y el “nuevo” derecho
por Alvaro Vásquez del Real
Wednesday, Jun. 29, 2005 at 9:43 PM
Al fin culminó la farsa de la ley de “Justicia y Paz”. Para lograrlo se repartieron los papeles en el escenario del Congreso el ministro del interior Sabas Pretelt y el comisionado de paz, el doctor Ternura.
Este último jugó el papel del malo de la película. A coñazos, insultos y pataletas se puso de ruana al Parlamento. Tanto, que logró expulsar del templo del uribismo a altos oficiantes de éste, como Pardo Rueda, Andrés González, y a Gina Parody, a quien sacó del recinto legislativo como a perro regañado.
Pero la tarea de Sabas fue más dura y esforzada. Le tocó sufrir lo indecible para lograr la aprobación de cada artículo. Según sus declaraciones a El Tiempo del último sábado, tuvo que convertirse en portero para que no se volaran del recinto los amigos de los “paras” y desintegraran el quórum. Sabas es “casi “ un mártir de la causa uribista, así como las declaraciones de los “paras”, según la nueva ley, son “casi” una confesión.
Fue tanto el sacrificio que, “una universidad importante –según cuenta Sabas- me ha hecho saber que quiere concederme el título de abogado honoris causa”. Él mismo asegura que eso del derecho es “más sentido común que otra cosa”. Y de una vez da unas reglas de hermenéutica: “ Quien se apega mucho al inciso, no produce resultados”.
Ya aquí el ministro entra en el campo del “nuevo” derecho. Y para demostrarlo propone cambios en el reglamento del parlamento, suprimiendo eso del quórum, que le ha dejado dolorosas experiencias. El ideal seria una especie de Congreso virtual, un Parlamento sin parlamentarios. ¿Para qué concurrir a los debates y aún más, para qué debatir nada?. “A cuenta de qué tienen que estar los congresistas en el recinto, que el congresista pueda votar desde su oficina”.
Seguramente ese “sentido común” no le ha enseñado que la flamante democracia capitalista, por lo menos en la teoría, se basa precisamente en ese Parlamento, así esté tan “perrateado” como el de Colombia. Como comerciante, considera que eso de discutir para legislar es una perdedera de tiempo.
Ya graduado, el flamante abogado podrá enseñar en la cátedra los hallazgos del “nuevo” derecho. Explicar la desaparición del conflicto armado por orden presidencial. Metamorfosear los narco-paras en insurrectos políticos y a los revolucionarios rebeldes en delincuentes comunes. Proteger a los “comandantes” de Ralito de la extradición y aplicarla en cambio a la oposición. Suprimir el delito político, por no corresponder a los nuevos tiempos. Borrar el derecho laboral y sustituirlo por la utopía reaccionaria del “Estado comunitario”. Y liquidar las diferencias de opinión, ya que todos tienen que estar del lado del Gobierno.
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