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Mujeres colombianas nominadas al Nóbel de Paz piden solución
por Álvaro Angarita Wednesday, Jul. 06, 2005 at 7:46 PM

Mil mujeres y un premio Nobel de Paz: Las nominadas por Colombia rechazan política de guerra

El cuatro de octubre se sabrá qué mujer de las mil nominadas recibe el premio Nobel de Paz. La iniciativa humanitaria, que en Colombia postula al histórico galardón internacional de Estocolmo a 12 luchadoras populares, nació en Suiza, donde 10 mujeres que integraron el jurado encargado de seleccionar los nombres de las colombianas para integrar la lista de 1.000 mujeres y un premio Nobel de Paz 2005, previa deliberación, decidieron nominar a 12 colombianas de diversa condición social, étnica, política, cultural, ideológica y religiosa, que se han caracterizado por sus aportes a la construcción de la paz y la defensa del Estado Social de Derecho. Para Colombia, la facilitadora del proceso es Gloria Cuartas y para América Latina, con excepción de Brasil, la coordinadora es Nora Franco. Las 12 nominadas son: Luz Perly Córdoba, de Arauca; María Eugenia Zabala, de Córdoba; Virgelina Chara, del Valle del Cauca; Beatriz E. Rodríguez, trabajadora sexual de Florencia Caquetá; Nubia Castañeda, de Quibdo, Chocó; Hilda Liria Domicó de Urabá, Antioquia; María Beatriz Aniceto de Tierradentro, Cauca; Yolanda Becerra Vega, de Barrancabermeja; María Tila Uribe de Bogotá; Rafaela Voz Obeso de Barranquilla; Ana Teresa Bernal de Bogotá y Patricia Buriticá de Bogotá. La gran ausente, en el acto de lanzamiento de las nominadas al Nobel fue Luz Perly Córdoba, defensora de derechos humanos cuya labor le ha costado cárcel y persecución, que la obligaron al exilio.

La única salida posible

“La única salida posible en Colombia es la solución política del conflicto interno. No quisiera seguir viviendo en un país en guerra, quisiera vivir y morir en un país en paz”, dijo Hilda Liria Domicó Bailarín, dirigente indígena de la etnia Embera Katío de la región del Urabá Antioqueño.

Las palabras de Hilda Liria evidenciaban así la intención de las 12 mujeres colombianas nominadas al Nobel, cuyo máximo compromiso, según se consensuó por sus afirmaciones, es el de tender puentes de diálogo, reconciliación y paz. En la misma dirección, Nubia Castañeda, líder afrodescendiente de la Ruta Pacífica de Mujeres, indicó: “Estoy contra la guerra y la violencia, en medio de la guerra no puede haber justicia y tampoco paz. La paz se alcanza cuando se puede llevar una vida digna y se respeta nuestra soberanía sobre el territorio, que hoy está vulnerado en una gran parte por cultivos de palma africana”. Por eso, para María Eugenia Zabala, dirigente de las mujeres cabeza de familia, “La paz la adquirimos cuando hay justicia social”. Para ella, esa justicia está lejana en el proyecto de “Justicia y Paz”, que el Congreso aprobó recientemente. “No tenemos ni siquiera el derecho a saber la verdad y menos a pensar en que haya verdadero castigo. ¿Quién me va a responder por tanto sufrimiento, quién va a responder por la vida de mi hijo?”, agregó.

Propósitos conjuntos

María Beatriz Aniceto Pardo, líder de la Asociación de Cabildos Nasa Chxachxa en el resguardo de Tierradentro, Cauca, afirma: “Le hemos dicho al Gobierno que no estamos de acuerdo con su política, con su guerra. Queremos la paz, y luchamos por ella, porque sabemos que sí es posible vivir en paz en este país”.

Las anteriores frases, que encierran el deseo colectivo de luchar por una paz alcanzada mediante una salida política, fueron expresadas el 29 de junio en el Hotel Bacatá, donde en una rueda de prensa, las 12 nominadas al Nobel, se presentaron y dejaron salir sentimientos que conmovieron al auditorio.

Yolanda Becerra Vega, mujer reconocida por 32 años de lucha en defensa de las mujeres víctimas del conflicto en Barrancabermeja y el Magdalena Medio, también abogó por la salida política y llamó a detener la confrontación y abrir espacios de diálogo.

Junto a ella habló la afrodescendiente valluna Virgelina Chara, quien se ha destacado por la defensa de los derechos de su etnia y la defensa de los territorios de las negritudes y ancestrales al igual que el derecho al retorno en condiciones de seguridad. Para ella, el compromiso de formación familiar es clave en la consecución de la paz. Para su compañera María Tila Uribe Jiménez de 74 años, batalladora incansable por horizontes de paz: “Toda la vida hemos estado sometidas a un imperio y es contra las causas que generan la guerra que tenemos que seguir luchando, pues la paz la conseguimos únicamente si nos atrevemos a luchar por ella”.

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La paz con alma de mujer
por ARIADNE VILLOTA OSPINA Thursday, Jul. 07, 2005 at 3:35 PM

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Para María Beatriz Aniceto lo más ‘duro’ de ser una líder comunitaria es tener que sacrificar parte del tiempo que solía compartir con su esposo y sus tres hijos de 9,5 y 3 años.

Sin embargo el esfuerzo ha valido la pena y hoy, gracias a su dedicada labor, ha sido seleccionada como una de las doce colombianas postuladas al Nobel de la Paz, en el marco de una iniciativa que busca que el Premio sea otorgado de manera colectiva y no individual, a 1.000 mujeres del mundo.

Con 40 años de edad esta indígena de figura menuda, tez trigueña y unos pícaros ojos negros ha sido capaz de liderar en su región (Tierradentro) un proceso organizativo de las mujeres.

Ella tiene el carácter y el tesón necesario para hacerlo y lo ha demostrado con acciones, por eso no es raro verla en las capacitaciones, en las labores de campo, en las marchas de protesta o en las actividades académicas y de denuncia de la ‘Ruta Pacífica’.

Su entrega y sus capacidades la han llevado a trabajar en el Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric, -Oficina de Género-; en la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, y a ser actualmente Tesorera de la Asociación de Cabildos Indígenas Nasa Cxhacxha.

Por su liderazgo fue escogida por su pueblo para ser durante dos años Gobernadora del Resguardo de Avirama, posición que pocas mujeres han logrado.

Ahora su reto es grande ya que representa no sólo a su Departamento y su etnia si no a todo un país y en general a las mujeres del mundo que claman porque cese la violencia y porque se respeten sus derechos.

Y es que la experiencia de cada una de las postuladas ha demostrado que sí es posible mejorar las condiciones de vida de las mujeres y encontrar un camino alternativo frente a la guerra y las armas.

En Tierradentro, por ejemplo, tras una labor de varios años, existen 101 grupos que congregan 2.258 mujeres. Ellas trabajan en proyectos productivos como los desarrollados con caña panelera y frutas; en elaboración de artesanías y en aspectos como la recuperación de la historia propia y la cosmovisión como ejes para construir identidad.

Según María Beatriz Aniceto el proceso organizativo ha logrado mejorar la vida de las mujeres y del resto de la población en tanto se ha promovido la autosuficiencia alimentaria y económica.

Los beneficios también se han visto en el plano personal y familiar ya que las capacitaciones recibidas han posibilitado replantear las relaciones disminuyendo problemas como la violencia intrafamiliar.

Otro de los grandes espacios logrados por las mujeres es el reconocimiento como líderes de su comunidad y como parte esencial en la estructura organizativa y política de su pueblo.

En la actualidad la existencia de seis mujeres Gobernadoras de resguardo y de tres directivas en la Asociación de Cabildos es una muestra contundente del nuevo rol de las mujeres en las comunidades indígenas del Cauca, eso a pesar de que los hombres, como dice María Beatriz, “siguen siendo muy machistas”.

Para esta líder indígena la mujer es clave si se trata de buscar la paz básicamente por tres características del género “la mujer en sí es más sincera, más sensata y más decidida”, por eso, según ella, es capaz de saber cuándo y cómo decirle a los dirigentes y a los actores armados que el pueblo no quiere la guerra.

Así lo han hecho en Tierradentro donde las mujeres han interpelado a los actores armados exigiéndoles que no involucren a la población civil en el conflicto.

Mientras llega el 4 de octubre y se conoce si la propuesta ‘1.000 mujeres y un premio Nobel de Paz’ es aceptada, María Beatriz Aniceto continuará con su trabajo diario en su comunidad convencida de que eso es lo verdaderamente importante, “por el hecho de estar nominada no se me suben los humos, soy una persona de base, de la gente, del pueblo y esto yo lo merezco por ellos y se lo ofrezco a las mujeres que no pueden estar en mi lugar”.


© El Liberal, Popayán

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Doce colombianas que saben de guerra
por Constanza Vieira Thursday, Jul. 07, 2005 at 6:26 PM

BOGOTÁ, 29 jun (IPS) - ”Tengo 50 años, nací en guerra y he vivido en guerra toda mi vida”, dijo la dirigente sindical y feminista Patricia Buriticá, pionera en incorporar la perspectiva de género al sindicalismo de Colombia. Es una de las 12 postuladas de este país al premio Nobel de la Paz.

Las distinguidas con la postulación son indígenas, afro-descendientes, urbanas y campesinas, trabajadoras, académicas, feministas, religiosas, funcionarias públicas, líderes sociales y políticas, jóvenes, adultas y ancianas.

Las colombianas, junto a otras 987 nominadas simultáneamente en 150 países este miércoles a la hora 15:00 GMT, aspiran de manera colectiva al galardón que se otorgará el próximo 4 de octubre en Oslo.

”1.000 mujeres y un Premio Nobel de la Paz 2005” es una campaña lanzada en 2003 por iniciativa de Ruth-Gaby Vermot-Mangold, integrante del Consejo Nacional Suizo y del Consejo de Europa, con el apoyo de Swisspeace, la Fundación Suiza para la Paz.

La postulada número 1.000 no tiene nombre, edad, ni nacionalidad, y en su lugar están representadas todas las que trabajan cotidianamente por la paz y la dignidad humanas.

Es ”el símbolo de la mujer que está en los ríos, en las cárceles, de la violada, la cabeza de familia, la trabajadora, la indígena, la campesina, la que no pudo venir”, describió Nubia Castañeda, una de las nominadas colombianas, en rueda de prensa este miércoles en Bogotá.

Castañeda es una defensora de los derechos de las mujeres de origen africano en el rico, selvático y disputado departamento del Chocó, fronterizo con Panamá, donde trabaja con desplazadas por la guerra civil de más de cuatro décadas.

Además, coordina regionalmente la Ruta Pacífica de las Mujeres, un movimiento pacifista, y forma parte de la red internacional Católicas por el Derecho a Decidir.

Esta postulación colectiva surgió porque, desde que se otorgó el primer premio Nobel de la Paz en 1901, lo han recibido sólo 12 mujeres, aunque son millones las comprometidas con un futuro sin violencia.

Las premiadas fueron la keniata Wangari Maathai, la iraní Shirin Ebadi, las estadounidenses Jody Williams, Emily Greene Balch y Jane Addams, la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, la birmana Aung San Suu Kyi, la albanesa Madre Teresa de Calcuta, la sueca Alva Myrdal, las irlandesas Betty Williams y Mairead Corrigan, y la austríaca Bertha Sophie Felicita von Suttner.

Al galardón de este año, están postuladas 144 mujeres de 19 países latinoamericanos.

Las 10 juradas colombianas optaron mayoritariamente por mujeres muy reconocidas en sus regiones, comunidades y áreas de acción, aunque no siempre figuras nacionales en este país en el que se enfrentan guerrillas izquierdistas con fuerzas del Estado y paramilitares de ultraderecha.

Las nominadas ”persisten en la salida política al conflicto social y armado (y) promueven la presencia de las mujeres y sus organizaciones en las mesas de negociación (...) confiriendo nuevos rumbos a las historias personales y colectivas por medios diferentes a la fuerza, la dominación y la exclusión”, afirma el acta del jurado, integrado por profesionales, funcionarias estatales y líderes sociales.

La ausencia de mujeres en los esfuerzos de paz ha sido siempre señalada como una falencia capital por líderes feministas y sociales.

La campesina María Eugenia Zabala es una viuda de la guerra y una desplazada, condición que comparte con tres millones de colombianos. En la huida perdió sus bienes y tuvo que endeudarse para adquirir una vivienda y dar techo a sus hijos.

Su trabajo es fortalecer a las mujeres desplazadas, que suelen quedar como ella a cargo de sus familias. ”La paz es equidad”, dijo Zabala, quien promueve el rechazo a la guerra en el corazón del territorio bajo control paramilitar, el noroccidental departamento de Córdoba.

Virgelina Chara, una líder afro-colombiana del sudoccidental Valle del Cauca, desplazada en Bogotá, es cantautora. Se dedica a fomentar la generación de ingresos y la formación política de resistencia contra la guerra.

Beatriz Elena Rodríguez fue trabajadora sexual y hoy se dedica a apoyar a otras que se prostituyen en la sureña Florencia, departamento del Caquetá, zona de ofensiva militar contra la guerrilla. Sus experiencias la hacen concluir que ”el cuerpo de las mujeres también es un campo de guerra”.

Rodríguez fomenta alternativas de sustento para jóvenes de ambos sexos que, sin salidas, engrosarían las filas combatientes.

Hilda Liria Domicó, indígena de la etnia emberá katío en las ricas tierras de Urabá, noroeste del país, es educadora de cultura de su comunidad, amenazada por la presión del conflicto.

Para otra indígena, la nasa María Beatriz Aniceto, fue ”el espíritu del duende” el que llevó su nombre al jurado.

Aniceto habita en el resguardo (territorio indígena) de Avirama, en el sudoriental departamento del Cauca, donde fue gobernadora del cabildo por dos periodos consecutivos, logrando avances en el reconocimiento de la autonomía aborigen garantizada por la Constitución. También es parte de la Ruta Pacífica.

Yolanda Becerra conduce la Organización Femenina Popular (OFP) en el central puerto fluvial petrolero de Barrancabermeja, bajo dominio paramilitar tras crueles matanzas a finales de los años 90.

La OFP se inició hace 32 años organizando ollas comunitarias para aliviar el hambre del vecindario. Después proyectó su trabajo hacia ”la defensa de los derechos humanos integrales”, dijo Becerra.

Son célebres las historias de las mujeres de la OFP enfrentadas, sólo con la palabra, a paramilitares armados en las calles de Barrancabermeja. Sus integrantes han sufrido asesinatos, torturas y amenazas.

Con 74 años, María Tila Uribe es la mayor de la lista. Su trayectoria muestra ”tenacidad y fidelidad en la lucha por la justicia y la paz”, según el jurado. Recurre a una pedagogía liberadora que recoge experiencias de América Latina. Hoy trabaja con mujeres de la tercera edad.

Rafaela Vos, socióloga, politóloga e historiadora feminista, ha dedicado sus conocimientos a la defensa de los derechos humanos. ”Soy académica, pero no enclaustrada”, advirtió quien se describe como ”parte de esa generación” que ha logrado ”cambios sin disparar un solo tiro”.

Reconocida nacional e internacionalmente, Ana Teresa Bernal abrazó la lucha por la paz desde la adolescencia. Desde 1994 es portavoz de la Red de Iniciativas por la Paz.

Bernal hizo campaña por el Mandato Ciudadano por la Paz, una consulta que obtuvo 10 millones de votos en las elecciones de 1997 y que llevó al gobierno a una negociación a la postre fallida con la guerrilla.

En la rueda de prensa hubo una nominada ausente, Luz Perly Córdoba, abogada defensora de derechos humanos de la zona de guerra y petrolífera de Arauca, fronteriza con Venezuela.

Presidenta de la Asociación Campesina de Arauca, Córdoba fue encarcelada 14 meses bajo cargos de rebelión, y liberada en abril. Una vez libre, volvió a ser amenazada de muerte y se exilió.

De origen indígena y defensora del ambiente, Córdoba se opone a las prácticas de expulsión de comunidades de los territorios para dar lugar a grandes proyectos económicos.

El jurado lamentó la presentación tardía del nombre de la ex senadora y ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, madre de dos adolescentes y rehén hace 40 meses de las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que pretende canjearla por sus combatientes presos.

”Aunque el formulario de postulación llegó tiempo después del fallo emitido por el jurado, merece exaltarse su trabajo político, su esfuerzo por encontrar caminos de paz en Colombia”, afirma el acta.


IPS Inter Press Service, Copyright © 2005

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Doce colombianas postuladas
por Mónica Valdés Thursday, Jul. 07, 2005 at 6:32 PM

Doce colombianas pos...
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Este año 1000 Este año 1000 mujeres como colectivo aspiran al premio Nóbel de la paz y 12 de ellas son colombianas que representan propuestas solidarias e importantes acciones para la garantía de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales. El jurado hizo la selección teniendo en cuenta sus aportes a la paz desde su condición de indígenas, afrodescendientes, desplazadas, sindicalistas, académicas, defensoras de los derechos humanos y promotoras del mejoramiento de la calidad de vida en diferentes regiones del país. El 4 de octubre próximo, el Comité de Oslo dará a conocer en Suiza los resultados de Este año 1000 mujeres como colectivo aspiran al premio Nóbel de la paz y 12 de ellas son colombianas que representan propuestas solidarias e importantes acciones para la garantía de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales. El jurado hizo la selección teniendo en cuenta sus aportes a la paz desde su condición de indígenas, afrodescendientes, desplazadas, sindicalistas, académicas, defensoras de los derechos humanos y promotoras del mejoramiento de la calidad de vida en diferentes regiones del país. El 4 de octubre próximo, el Comité de Oslo dará a conocer en Suiza los resultados de este premio.Este año 1000 mujeres como colectivo aspiran al premio Nóbel de la paz y 12 de ellas son colombianas que representan propuestas solidarias e importantes acciones para la garantía de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales. El jurado hizo la selección teniendo en cuenta sus aportes a la paz desde su condición de indígenas, afrodescendientes, desplazadas, sindicalistas, académicas, defensoras de los derechos humanos y promotoras del mejoramiento de la calidad de vida en diferentes regiones del país. El 4 de octubre próximo, el Comité de Oslo dará a conocer en Suiza los resultados de este premio.

La mujer Nasa es como la tierra, es la que pare los hijos y los sostiene, la que facilita las posibilidades de vida. Precisamente una mujer indígena que representa este pensamiento estaba en la esquina de una mesa diversa, que juntaba inteligencia y fuerza, con las 12 colombianas nominadas al Premio Nóbel de Paz en representación de las 1000 que aspiran colectivamente a este galardón.

Se presentaron el 29 de junio en el Hotel Bacatá, en Bogotá, a las 10 de la mañana. A la misma hora en diversos lugares del planeta, otras 987 mujeres presentaban sus nombres en una nominación que quiere decirle al mundo que no es solo una institución ni una suerte de Mesías sino una fuerza múltiple y multicultural la que no quiere la guerra y trabaja cotidianamente por la paz. Queda faltando una mujer para completar las 1000 y es un símbolo de todas las que han sido vulneradas en sus derechos y que representa a cualquiera otra, en cualquier lugar.

"Llevamos más de 500 años pidiendo que no acaben con nuestros recursos, con la riqueza cultural y espiritual de nuestros pueblos, que nos dejen vivir en paz", dice María Beatriz Aniceto Pardo, líder de la Asociación de Cabildos Nasa Chxachxa, símbolo de las muchas expresiones de la sociedad civil que reclaman autonomía y justicia como pilares de la construcción de paz.

Una a una fue tomando la voz, las mujeres seleccionadas por Colombia. Hilda Liria Domicó Bailarín, de la etnia Embera Katío de la región del Urabá antioqueño, saludó en su idioma y luego reafirmó su identificación con todas las visiones de mujer que confluían en el mismo interés de luchar por la calidad de vida de las personas.

Con su voz dulce y segura, Patricia Buriticá Céspedes tomó la vocería en nombre de las mujeres que, como ellas, han reivindicado los derechos de las trabajadoras y hacen una apuesta cotidiana a la paz, no con hechos coyunturales, sino cotidianos y permanentes.

Por su parte, Beatriz Elena Rodríguez, emocionada, recordó los atropellos que sufren sus congéneres en el Caquetá cuando su cuerpo se convierte en el "trofeo de los actores de la guerra".

Para Nubia Castañeda Bustamante, defensora de los derechos de los afrodescendientes, destacó esta postulación porque permite mirar hacia su departamento, el Chocó, como un ejemplo del maltrato y la exclusión. Clamó por aquellas víctimas del conflicto que son desarraigadas, el peor de todos los dolores, porque "la paz también pasa por nuestros cuerpos", enfatizó.

"Represento a las mujeres desplazadas, campesinas, cabeza de familia", dijo María Eugenia Zavala viuda de Polo, una de las víctimas que transformaron su dolor para potenciarlo en favor de las familias de Montería, en Córdoba, a través del predio de producción Valle Encantado.

También Virgelina Chara habló tomando la voz de los desplazados, especialmente de los afrodescendientes que han perdido el derecho al territorio y al retorno. Sus acciones para dar respuestas sociales, económicas y culturales para esta población están animadas por su labor como cantautora.

En la otra esquina de esta mesa diversa de nominadas, se puso de pie María Tila Uribe, una pedagoga de 74 años quien resaltó el valor de la educación como recurso para alcanzar la paz. No una educación de títulos sino aquella liberadora que permite salir de la "historia de un país toda la vida sometido a un imperio".

Así mismo, Rafaela Vos Obeso, como socióloga barranquillera, reivindicó su papel como académica "no enclaustrada", y desde este lugar, haber asumido durante su vida la defensa de los derechos humanos. "Formamos una red de símbolos y abrimos rutas de pensamiento" Inspiradas en el Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia, "sin disparar un solo tiro, ayudamos a transformar el país en su actitud de vida". Saludó esta candidatura al Nóbel como una propuesta ética en la medida en que compagina el discurso y la vida misma.

Se mencionó a Yolanda Becerra, la mujer nominada en representación de la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja, que no pudo asistir, exilada como consecuencia de su labor de resistencia en el movimiento contra la guerra.

Con humildad y sin hacer gala de su acostumbrado coraje, Ana Teresa Bernal, integrante del equipo coordinador y vocera nacional de la Red de Iniciativas por la Paz, mostró una guacamaya para significar esta ocasión multicultural que permitía la nominación, como una propuesta colectiva "con la esperanza de construir un mundo donde todos y todas podamos caber con nuestras diferencias". Resaltó la propuesta de este Nóbel con 100 mujeres como "un hecho político para Colombia y el mundo que tanto necesitan de una fuerza muy grande de paz".

El Dictamen del jurado

Muchos son los factores que han afectado la vida pública y privada de las mujeres que, en Colombia, conforman una población de 22 millones. El dictamen del jurado en esta selección recalcó que se han agudizado la marginación y la explotación debido a “la lucha por los derechos, por su participación política, por cambios de culturas tradicionales hacia formas más horizontales y equitativas en el proceso de distribución de bienes y roles”, así como destacó el profundo conflicto social y armado que estas mujeres han logrado mitigar a través de su movilización y organización.

Se destacaron los procesos de resistencia civil, representados por mujeres del Magdalena Medio, Arauca, Chocó, Cauca, Bogotá, Barranquilla, Córdoba y Urabá antioqueño, con diferentes objetivos de organización: estrategias agroalimentarias y de autonomía alimentaria, formas colectivas de alimentación para combatir el hambre y neutralizar el aumento de la exclusión social; formas organizativas para hacerle frente a la violencia política regional y local en función de construir espacios colectivos a favor del diálogo y la paz; nuevas formas de hacer política recatando la autoridad femenina, el empoderamiento y la incidencia de las mujeres en los escenarios de poder y en la toma de decisiones. En fin, el jurado hizo un rescate de experiencias en la construcción de formas alternas de ciudadanía y de consolidación de democracia.

Nora Franco, coordinadora del proyecto 1000 mujeres y un Premio Nóbel de Paz 2005, para América Latina y el Caribe señaló que en la región se seleccionaron 98 mujeres y en el caso de Brasil, que es una región en si misma, se han nominado aproximadamente 31 mujeres. La facilitadora por Colombia es Gloria Cuartas Montoya, ex alcaldesa de Apartadó y defensora de los derechos humanos. Los únicos países sin presentar postulaciones fueron Belice, Surinam, Guyana y algunos países del Caribe anglófono.

El jurado para Colombia estuvo integrado por importantes especialistas en derechos humanos y género como: Juanita Barreto, Myriam Bautista, Carmen Inés Cruz, María Luisa Díaz, Sayly Duque, Carmiña Navia, Rocío Pineda, Dídima Rico, Pilar Rueda y Marcela Sánchez.

La iniciadora de esta postulación colectiva para el premio Nóbel de paz es Ruth-Gaby Vermot-Mangold, integrante del Consejo Europeo y Consejo Nacional Suizo, bajo la premisa de dar reconocimiento a miles de mujeres que en sus localidades hacen un trabajo arduo y permanente en favor de la paz y muchas veces no es visible para el mundo. El interés es fortalecer las redes de paz y de mujeres pues de obtenerse el premio por valor de 1.3 millones de dólares se administrarían a través de un fondo que además se complementaría con recursos de cooperación internacional.

Este premio se ha otorgado desde 1901 y solo ha sido concedido a once mujeres. De ahí que esta iniciativa de presentar 999 mujeres y una más de carácter simbólico cuyo rol vital en todos los campos de la vida pone de relieve la promoción de la paz en las comunidades más diversas a lo largo del mundo.

Las vidas y sus estrategias de paz para la resolución de conflictos de todas las nominadas serán difundidas a través de una película y un libro y serán pieza clave para investigaciones y organizaciones de cooperación.

Fundación Colombia Multicolor

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“La defensa de la vida se hace mucho más difícil”
por Jenny J. Manrique C. Saturday, Jul. 09, 2005 at 6:24 AM
primera@vanguardia.com

Durante tres horas, Yolanda Becerra Vega, la presidenta de la Organización Femenina Popular (OFP) con sede en Barrancabermeja, estuvo reunida hace ya más de un mes con las 10 jurados latinas del Premio Nobel de Paz. Ellas solo se limitaron a formularle tres preguntas puntuales que no obstante le hicieron desnudar su presente, pasado y futuro. Le hicieron recordar esa Barrancabermeja en la que nació y se crió; su niñez corriendo por los pasillos del Colegio Camilo Torres donde se confrontaba con la dura realidad todos los días, su núcleo familiar de padres y hermanos solidarios.

“Me educaron para la vida”, les dijo, al tiempo que recordó su paso por la Diócesis del Puerto Petrolero donde conoció a ese Cristo al que le sigue rezando todos los días.

No podía escapar de su relato su llegada a la Organización Femenina Popular (OFP) hace 25 años, cuando un grupo de mujeres ya le llevaban ocho reuniéndose en una modesta sede en el nororiente de la ciudad hablando de ese tema que la trasnocha: la defensa de la vida.

En 1988 ese empuje femenino ya se extendía por toda la ciudad y en 1995, la región entera del Magdalena Medio ya sabía quién era la figura menuda que aparecía detrás del nombre de Yolanda Becerra.

Hoy ya lo sabe el país y miles de personas en el mundo, porque su nombre aparece al lado de otros 998, que responden a igual número de mujeres nominadas al Premio Nobel 2005 de la paz, que será entregado el próximo 4 de octubre en Oslo.

Por Colombia la acompañan María Eugenia Zabala, Virgelina Chará, Beatriz Elena Rodríguez, Hilda Liria Domicó, María Beatriz Aniceto, María Tila Uribe, Rafaela Vos Obeso, Patricia Buri-ticá, Ana Teresa Bernal, Nubia Castañeda y Luz Perly Córdoba, para completar un grupo de 12 mujeres, en el que ella es la única santandereana.

“Habían 38 postuladas inicialmente y luego escogieron a 12 para que tuviéramos la entrevista con el jurado”, recuerda Yolanda, una mujer de 45 años que no se ha cansado de denunciar y de rescatar la palabra ‘mujer’ de las esferas de los hogares, para ponerla al servicio de la construcción y el mantenimiento de la paz.

Hoy ella hace parte de un proyecto que se originó en Suiza en 2003, bajo la presidencia de Ruth-Gaby Vermont-Mangold (integrante del Consejo Nacional Suizo y del Consejo de Europa), cuya idea es que las mujeres del país ganador reciban de manera conjunta el galardón internacional de Estocolmo.

El interés es fortalecer las redes de paz y de mujeres que defienden el Estado Social de Derecho, pues el premio de 1.3 millones de dólares, se complementaría con recursos de cooperación internacional para la solución de las problemáticas en las que han trabajado estas mujeres.

“Ya todas somos ganadoras”, dice Yolanda. Y no se equivoca. Porque sus vidas y estrategias de paz para la resolución de conflictos, serán difundidas a través de una película y un libro, que serán pieza clave para investigaciones y organizaciones de cooperación.

VANGUARDIA LIBERAL:

¿Cómo recibió la noticia de que estaba nominada junto a un grupo de mujeres colombianas, a un premio tan importante como el Nobel de Paz?

YOLANDA BECERRA:

Este es un proceso que ya lleva más de un año. En ese entonces alguien me llamó a la oficina y dijo que enviáramos los papeles, porque varias organizaciones habían propuesto mi nombre para postularme al premio Nobel. Hicimos el papeleo de manera formal, muchas mujeres me respaldaron con muchas cartas, pero fue una situación inadvertida. Ya en febrero de este año me dijeron que tenía una entrevista con el jurado designado para Latinoamérica.

VL: ¿Y allí qué le preguntaron?

YB: La entrevista duró tres horas y me hicieron tres preguntas: cuál había sido el contexto sociopolítico de mi niñez y adolescencia, cuál el de mi adultez, y cómo era hoy mi trabajo. Fue un encuentro muy importante en el que recordé muchas vivencias, momentos dolorosos y gloriosos. Luego vino la semana pasada la rueda de prensa en la que se formalizó todo y se dio a conocer el grupo de nominadas colombianas, que hace parte de un proceso de mujeres a nivel mundial.

VL: Las mujeres que componen el ‘ramillete’ colombiano, vienen de todos los rincones del país. ¿Usted conocía el trabajo de ellas con anterioridad?

YB: Ellas son la gran representación de las mujeres del país. Entre ellas está la historia de la mujer indígena, de la prostituta, de la campesina, de la negra, de la popular, de la académica, de la defensora de los derechos humanos. Algunas las conocía, de otras sólo había oído hablar, pero hoy las respeto y admiro a todas por su compromiso con la vida, su capacidad de resistencia, su construcción de país, y en el fondo, porque hemos vivido lo mismo, con todos los aspectos negativos que eso conlleva.

VL: ¿Por qué cree que usted está dentro del grupo de las 12 candidatas?

YB: Porque yo simbolizo la historia de muchas mujeres. Es un reconocimiento político a tantos años de trabajo, a la apuesta que la OFP (Organización Femenina Popular), ha hecho al movimiento social de las mujeres contra la guerra.

VL: ¿Ha tenido la oportunidad alguna vez de reunirse con un Nobel de paz?

YB: Rigoberta Menchú estuvo aquí en la Casa de la mujer conversando un buen rato hace ya añitos, Ella es una mujer que apoyó la organización (OFP) y que tiene un reto muy grande de transformar cosas de la vida. Su compromiso no es con un pedacito de territorio, sino con el mundo.

VL: Y además también es una Nobel mujer...

YB: Fíjese que el premio Nobel lleva más de 100 años y sólo ha habido 11 mujeres que se lo han ganado. Ahora estas 1.000 candidatas de 150 países demuestran que en el mundo hay una red de mujeres haciendo trabajo político para poder jugar en ese espacio, y disputarnos ese premio en igualdad de condiciones con los hombres. Sólo en Colombia más del 50% de la población somos mujeres haciendo mucho trabajo de derechos humanos, pero no hay equidad ni siquiera en este espacio (el del Nobel).

VL: ¿Qué significa para Barrancabermeja y el Magdalena Medio que usted haga parte de este grupo?

YB: Nosotras ya somos ganadoras. Barranca es ganador, es un aval político del mundo que nos invita a seguir resistiendo y denunciando, a ponerle una voz más fuerte a las mujeres, nos da mucha más fortaleza.

VL: Más aún cuando usted hace parte de la historia de la región...

YB: Es que la historia de Barranca como ciudad estratégica ha sido rica en disputa toda la vida. Todo lo que tenemos ha sido gracias a las organizaciones de base. Más del 50% de la recuperación de la tierra fue peleada; el hospital que hoy nos duele tanto lo tenemos gracias a un paro cívico, el agua potable, por un paro cívico, el colegio Camilo Torres, también. Las calles pavimentadas, a pesar que nos dieron la materia prima, la construimos los ciudadanos.

VL: ¿Y en materia de orden público, qué lectura hace de la actualidad de la región?

YB: Estamos mal porque pasamos del control armado de un actor a otro al que no lo persigue nadie, que tiene todo el aval para hacer y deshacer y así somos más vulnerables los civiles. Antes había un estado que actuaba. que perseguía el delito pero hoy se confunde la legalidad con la ilegalidad, se vuelve normal lo anormal y la defensa de la vida se hace mucho más difícil.

Hoy los paras tienen un control económico, social y político. Continúan los asesinatos, las desapariciones, y desplazamientos pero más sutiles, como las amenazas. Nos han asesinado compañeras, han desaparecido sus hijos. No más en abril una bebé de 15 meses fue asesinada por los paras, mientras estaba en los brazos del papá. Son historias muy duras que hemos tenido que enfrentar; han descubierto planes para asesinarme.

VL: ¿Usted cree que la nominación al premio le da una especie de ‘blindaje’ a su labor, respecto a las acciones de los grupos armados ilegales?

YB: Ya en este momento con la nominación ya hay un blindaje más grande, más profundo, un blindaje político. Nos da la posibilidad de tener un reconocimiento en el mundo. Aunque la labor de la OFP ya se ha internacionalizado pues somos fuertes en España, Suiza Canadá, Estados Unidos y Holanda, es como una cobertura mayor.

VL: ¿Pero si hablamos de su seguridad personal, hoy en día cómo es su situación?

YB: Bueno hay que partir de la concepción de que nosotras creemos en la seguridad no armada. Nosotras tenemos el acompañamiento de brigadas internacionales de paz, que se la han jugado a fondo por nosotras. Mi esquema de seguridad es esencialmente un carro blindado y una persona que me acompaña pero que no tiene armas. Y la protección más fuerte son las mujeres de los distintos sectores a donde llego, quienes siempre me reciben.

VL: ¿Usted qué piensa de las negociaciones con los paramilitares?

YB: Creo que la solución política es la salida y no el fuego. Pero esto no es una negociación, es una legalización de un actor armado porque los paras no luchas contra el estado sino que son una estrategia de estado, algo que ellos crearon.

VL: ¿Y la aprobada ley de justicia y paz?

YB: Deja una visión de impunidad muy grande en este país en donde no se está contemplando el derecho a la verdad y la justicia. No se le puede decir a una persona: si usted le apuesta a la paz, tiene que perdonar y olvidar. ¿Cómo le dice usted eso a una madre que le han asesinado su hijo?. Es un proyecto de muerte que no va a contribuir a la paz sino a la polarización del conflicto.

VL: Recientemente se creó una asociación nacional de víctimas de los paramilitares. ¿Cómo es la participación de ustedes allí?.

YB: Nosotras estamos presentes. En un encuentro regional se preparó el documento y se delegaron personas para jalonar ese movimiento, para exigir la verdad. Queremos saber quién ordena los crímenes, quién paga las masacres y tanta barbarie. Buscar los culpables; hay grandes sectores políticos y económicos detrás de esto y por eso es que se ha avalado el movimiento paramilitar.

VL: ¿Se ha avanzado en materia de Derechos Humanos en la región?

YB: El mayor logro es mantener la voz pública. Visibilizar lo que pasa, que el país conozca la región. A pesar de que la impunidad es tan grande, hemos logrado algunos juicios. Gracias al seguimiento a los procesos por la desaparición y asesinato de compañeros, se han encarcelado autores materiales, aunque los intelectuales siguen ocultos y se visten de corbata.

VL: ¿Cuál cree que ha sido el peor secuela que ha dejado la guerra en las mujeres?

YB: La muerte en las entrañas. Cada vez que asesinan a una persona están asesinando a una mujer simbólicamente, porque un asesinado o un desaparecido, deja a una madre sola y con dolor.


©2005 Vanguardia.com Bucaramanga - Colombia

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