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Visión Colombia: para catapultar la reelección
por Nelson Fajardo
Thursday, Aug. 18, 2005 at 5:16 PM
Es un proyecto a largo plazo que niega la existencia del conflicto, institucionaliza la política de guerra y coloca la economía en dependencia del FMI y las transnacionales.
Con motivo del siete de agosto, que todos los años sirve para hacer esfuerzos de patriotismo desde un Estado que lo practica de manera aleatoria, se celebró otra vez la Batalla de Boyacá; batalla que permitió el triunfo de la gesta por la Independencia de Colombia del dominio colonial español.
Aprovechando tan importante fecha histórica, el gobierno uribista lanzó ante los medios su “Visión Colombia II Centenario”. Se trata de una ambiciosa agenda que esboza lo que debe ser el desarrollo económico y social de Colombia a largo plazo, es decir hacia el 2019. Dicha agenda se propone una serie de metas muy atractivas para el conjunto de una sociedad que tiende a desgarrarse y a perder todo interés por el interés nacional. Dentro de las metas a destacar, por ahora, están la reducción radical de la pobreza, una cobertura educativa del cien por ciento y asegurar unos crecimientos económicos estables, que pueden ubicarse por encima del cuatro por ciento.
Asumir una visión estratégica y a largo plazo sobre el futuro de un país debemos considerarla como de un elevado interés por una optima articulación entre la urgencia de un Estado moderno que responda eficazmente con los requerimientos de la Constitución Nacional y ello permita potenciar un espíritu empresarial que fortalezca la inversión para la cohesión nacional y el desarrollo económico y social de los nacionales.
Esta articulación óptima pasa por rescatar el diagnostíco de lo que hemos sido históricamente; y frente a ello existen muchas versiones, según intereses y criterios ideológicos y políticos que hacen del mismo una diáspora de interpretaciones, unas más objetivas que otras o viceversa. Lo cierto es que los llamados a la voluntad colectiva para que progrese la Nación, no se convierten en realidades mientras persista un Estado oligárquico con rancias tradiciones premodernas que han hecho de sus recursos un botín permanente para el saqueo y enriquecimiento de unas élites minoritarias que no han tenido sentido de patria y nación sino para actos demagógicos; mientras que la soberanía nacional se disuelve al ritmo de las demandas del imperialismo estadounidense, tal como sucede ahora con el TLC y la perspectiva del ALCA.
El Estado oligárquico
Bajo un Estado oligárquico, la configuración nacional seguirá siendo precaria, pues tal componente exige de enormes inversiones, principalmente de Estado, para dar a la Nación brillo infraestructural y fluidez a la movilidad de una economía doméstica que estimula el trabajo de sus ciudadanos. Si algo se invierte desde el Estado en estos aspectos, se hace pensando en la articulación de una economía precaria a los megaproyectos de las trasnacionales a través del ALCA. Con estos dos componentes, Estado oligárquico y precaria configuración nacional, se deduce el predominio de formas de acumulación de capitales donde el interés personal y el consumo individual está por encima del interés nacional; por lo tanto el espíritu empresarial dominante sigue siendo altamente ordinario.
Así las cosas, la superación de una pobreza, que sumerge a 29 millones de colombianos o el 65 por ciento del total de la población, exige no sólo generación de empleo, sino de empleo de calidad que potencie el ingreso para un óptimo consumo de los nacionales. Esto pasa por un Estado altamente comprometido con la inversión tanto económica, como social, que asegure el crecimiento para el progreso. Entre lo social está la educación, que no alcanzará la famosa cobertura del cien por ciento si la privatización se torna absoluta, excluye de la misma a amplios sectores de la población y reduce a otros a la simple función de trabajadores calificados sin perspectiva de acceso a la mentada “Sociedad del Conocimiento”, sociedad que será de las élites transnacionalizadas.
Agenda estratégica para el progreso de la Nación ¡sí!, pero ella no se hará realidad si no es producto de un proceso de reconciliación nacional que incluya a todos los protagonistas del conflicto. Una agenda hecha desde los escritorios del Departamento Nacional de Planeación, se convierte posteriormente en un referente de poco alcance a futuro y termina en los archivos para posteriores estudios.
Por lo pronto y teniendo en cuenta lo dicho, “Visión Colombia II Centenario” busca catapultar la reelección. Pues se niega la existencia del conflicto social y armado, se cumple al pie de la letra con los mandatos del FMI y el Banco Mundial al punto que obtenemos premios al Estado por sus buenos oficios y el capital oligárquico se mueve a sus anchas en su proceso de articulación con las transnacionales, sino pregunten por Bavaria, “patrimonio nacional”.
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