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Crecimiento económico, concentración de la riqueza y degradación social
por Nelson Fajardo
Thursday, Oct. 06, 2005 at 12:53 PM
Con mucho alborozo, los representantes del Estado oligárquico festejan los “magníficos” crecimientos económicos del país. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística – Dane-, la economía colombiana creció 5,30 por ciento en el período abriljunio de 2005; crecimiento sustentado en tasas positivas por ramas económicas, en las que se destacan en los primeros lugares el comercio con una variación porcentual anual de 10,23, las finanzas con 9,81 y la construcción con 7,75. En un segundo nivel se encuentran los servicios sociales con 6,31, el transporte con 5,57 y la industria con el 4,66 y en un tercer nivel se encuentran la electricidad con 4,20 el sector agropecuario con el 2,84 y finalmente la minería con el 1,69.
Se trata de resultados positivos de un trimestre, que si bien sirven para hacer mediciones cortoplacistas, no dan señales serias de tendencia que permitan afirmar que crecimiento y desarrollo van cogidos de la mano. Al respecto es bueno contrastar y poder derivar en una perspectiva analítica que nos permita abordar críticamente el asunto.
Las ramas ubicadas en el primer nivel, comercio, finanzas y construcción refrendan que los ganadores del crecimiento son los grandes capitales articulados al proceso de creciente trasnacionalización; aunque algunas instituciones de la burguesía como Fedesarrollo señalan que para el caso del comercio, el fenómeno está ligado al mejoramiento de la capacidad de consumo de los colombianos, y otras indican que para el caso de las finanzas, la cuestión se debe a los cerca de tres mil millones de dólares de la economía ilegal que se han articulado al circuito económico a raíz de las negociaciones con los paramilitares.
En lo relacionado con el segundo nivel, debemos observar con preocupación que los crecimientos de la industria son los más pobres, por debajo del transporte, importante para los tratados de libre comercio con Estados Unidos, y los servicios sociales que ubicado en el punto más alto del nivel, representa el destape de una política social y asistencialista con miras a la campaña reeleccionista. Por su parte, el tercer nivel muestra que a pesar del protagonismo exportador del carbón, la minería aporta muy poco al crecimiento; el sector agropecuario sigue articulado a una crisis profunda de larga duración y la electricidad expresa el bajo consumo indirecto de la industria nacional.
Así las cosas, las finanzas y el comercio configuran una alianza que favorece la concentración del capital y la riqueza al precio de minimizar el papel del precario nivel de industrialización del país; industrialización que viene entregándose a precio de huevo a las transnacionales, tal como lo demuestra el caso de Bavaria a Sab Miller, Coltabaco a la Philips Morris y Telecomunicaciones de Colombia a otras trasnacionales. Estado y capital privado se alían, entonces, para poner en venta el patrimonio nacional, violando hasta los mismos principios fundamentales de la Constitución.
A la gravedad de este comportamiento deplorable de la clase política y económica dominante; se agrega, la creciente degradación social que atraviesa el país y deja al desnudo la falacia del mejoramiento de la capacidad de consumo de los colombianos, propuesta por Mauricio Cárdenas de Fedesarrollo. La deplorable concentración de la riqueza, la feria del patrimonio nacional; se complementa con los crecientes índices de pobreza, el sostenimiento del consumo directo de las mayorías con altos niveles de endeudamiento, más no de ahorro y la generación de comportamientos sociales altamente lesivos a la dignidad humana tal como lo demuestra la campaña mediática de los últimos días contra la violencia intrafamiliar y contra la niñez.
Es que crecimiento y desarrollo no pueden ir de la mano, ni pueden equipararse, cuando el primero favorezca a esa minoría oligárquica que pretende transnacionalizarse a cualquier precio; mientras se deteriora la capacidad productiva nacional tanto en las ciudades, como en el campo y las condiciones sociales dignas se encuentran en proceso regresivo. La solución está, por lo tanto, en una fuerza política alternativa capaz de revertir el orden oligárquico, autoritario, despótico y excluyente que nos rige, y abrir el camino hacia un nuevo orden político, social y económico de carácter nacional, democrático y popular.
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