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?CUAL VERGUENZA?
por NÉSTOR MORALES
Wednesday, Mar. 01, 2006 at 5:05 AM
nmorales@caracol.com.co
!MAS DENUNCIAS SOBRE LA DESMORALIZACIÓN DEL EJERCITO COLOMBIANO! .
¿CUAL VERGUENZA ?
Por: NÉSTOR MORALES( El Nuevo Siglo 01 03 06)
A propósito del escándalo de las torturas a 21 soldados, vale la pena contar la siguiente historia: el general Carlos Alberto Fracica, hasta hace poco Comandante de la Fuerza de Tarea Omega, tiene fama dentro del Ejército de duro. En realidad, de duro y de patán. Es el oficial de más alta graduación con mayor número de investigaciones por abusos a sus subordinados. Hay denuncias muy bien sustentadas por cabos, sargentos, mayores y capitanes ---27 hoy día-, de cómo Fracica les infligía maltratos y humillaciones. Víctimas fueron inclusive dos coroneles, Bojacá y Zapata, a quienes el general Fracica amenazó con golpear, en episodios públicos que son vox populi dentro del Ministerio de Defensa. Este General, que es el mismo que tuvo amnesia 20 años, y que ahora súbitamente recuerda que vio salir vivo “a por lo menos un guerrillero” del Palacio de Justicia, no limitó sus atropellos a los uniformados. Hace pocos meses, estando al frente de las tropas del Plan Patriota, recibió la visita de dos fiscales enviados desde Bogotá, que iban en el plan rutinario de acompañamiento judicial. A ellos les dio trato de soldados de guerra, o maltratos tan vergonzosos que el propio fiscal Iguarán tuvo que presentar su queja ante el Ministro de la Defensa. El resto de la historia es conocido: el general Fracica fue separado del cargo, pero premiado a la vez con la Agregaduría Militar en Chile. Que es lo mismo que está pasando con todos los implicados en el caso de las torturas denunciadas por Semana. Fueron separados de sus cargos, pero a la vez siguen siendo miembros activos de nuestras respetables Fuerzas Militares. Por eso no estoy muy seguro de que a los comandantes militares les parezca una vergüenza el caso de los soldados abusados en el Tolima. Es más: creo que sus lamentos y flagelaciones públicas son directamente proporcionales a sus omisiones privadas. Si verdaderamente creyeran que es una vergüenza, los responsables habrían sido retirados, utilizando la facultad discrecional, tan escasa y tan importante cuando se quiere enviar un mensaje de transparencia y pulcritud. Pero me temo que éste no es el caso. El coronel Rubén Darío Hernández, comandante del Batallón Patriotas, quien debía haber sido la primera baja por el escándalo, sigue tan campante, como lo sigue también el teniente coronel Germán Augusto Villalobos, comandante del Centro de Instrucción y Entrenamiento (CIE), el otro en cuya jurisdicción se cometieron los abusos y humillaciones. A ellos los han premiado dándoles el beneficio de la duda. Aunque nadie podría asegurar anticipadamente que ordenaron las torturas, quienes las ejecutaron lo hicieron en sus narices, y eso, en el mejor de los casos, es la incompetencia convertida en filosofía laboral. Estamos en este momento ante la terrible paradoja de que en términos de responsabilidad política o disciplinaria, que son conceptos que van más allá de la investigación penal, el único decapitado fue el general Castellanos, castigado por no contarles a sus superiores lo que él consideraba un problema menor. Y los otros, los verdaderos responsables que tienen que salir por la puerta de atrás, siguen cobijados por ese terrible manto de complicidad con que se suelen arropar quienes visten uniforme. Alguna sanción deberían recibir, así sea el terrible castigo de enviarlos a Chile a aprender de respeto a los derechos humanos. Como el general Fracica. nmorales@caracol.com.co
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