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Uribe se arrodilló ante los gringos
por Voz
Wednesday, Mar. 01, 2006 at 7:56 PM
vozcaloz@unete.com
El viaje del presidente Álvaro Uribe Vélez a Washington, con el cuento de que permanecería allí hasta que se acordarán los términos del Tratado de Libre Comercio de manera favorable a Colombia, fue para tranquilizar a los norteamericanos. Así se desprendió de la reunión con el presidente George W. Bush, en la cual no obtuvo ni una sola palabra para tranquilizar a los colombianos, que de forma mayoritaria siempre se pronunciaron en contra del instrumento neocolonial y de entrega a la férula yanqui. “Lo demás es pura paja, ala”, como diría un cachaco bogotano.
Pasó lo que tenía que pasar. Lo que era previsible: Uribe Vélez terminó arrodillado ante los Estados Unidos, el gran ganador, definido como el “principal aliado de Colombia”, en el largo y tedioso discurso del mandatario colombiano, para explicar lo inexplicable: que la economía quedó más hipotecada a los intereses de la potencia imperial.
La “gran prensa”, sin la menor crítica, sale ahora a justificar al Gobierno Nacional con otro cuento chino: “que durante 22 meses permaneció callado y el hermetismo gubernmental en torno a las negociaciones generó todo tipo de confusiones”. ¡Mentira! El ministro Jorge Humberto Botero, respaldado por Santiago Montenegro y otros altos burócratas de la cúpula uribista, habló hasta por los codos para anunciar los ríos de leche y miel que correrían de aprobarse el TLC. Otro tanto hizo el presidente Uribe Vélez en varias declaraciones e intervenciones. Para no citar la campaña de los caimacanes de la oligarquía, representantes de los gremios más favorecidos. Lo que ocurre es que este discurso no caló, no convenció a los colombianos.
El gran afectado es el país. En particular algunos sectores agropecuarios, como el arrocero y avícola, entre otros; la industria farmacéutica de los genéricos, que se extinguirá a favor de las transnacionales de las medicinas, se reducirá la base tributaria a los productos norteamericanos y la agricul;ura recibirá un fuerte impacto, tal y como ocurrió en otros países, incluso privilegiados como México. La invasión cultural gringa aniquilará la producción nacional. Los enlatados pasarán a ocupar los espacios de la televisión.
El Gobierno Nacional dice que subsidiará a lo afectados como si esa fuera la solución, aunque no se descarta que, más adelante, después de la campaña reeleccionista, incluya la posibilidad de un impuesto para que todos los colombianos asuman las consecuencias del despropósito antipatriótico.
El Gobierno Nacional asegura que el TLC hará crecer la economía, en particular las exportaciones, y eso generará riqueza y empleo. La infraestructura recibirá una inversión de casi once mil millones de dólares, lo cual es casi improbable ante las crecientes necesidades y carencias del país. Situaciones similares ante el crecimiento de las exportaciones y de la economía no han dado esos resultados, menos en las condiciones del neoliberalismo, que establece la competitividad en función del interés de las transnacionales y de los más fuertes, que están en otra latitud y no en Colombia.
Está demostrado que el crecimiento de la economía no siempre favorece a la población de menor ingreso; eso es claro en esta oportunidad, porque los más contentos son los explotadores, los señores de los gremios, de la ANDI y demás beneficiarios del sistema del capital. ¿Qué beneficio tendrán los más pobres, que cada vez tienen menos esperanzas en un régimen como el actual? ¿Qué solución tendrán la salud y la educación pública en la peor crisis de su historia y sin la menor atención del Gobierno Nacional, consagrado en atender el interés particular de “su principal aliado”? En definitiva, el TLC es un esperpento antipatriótico, antinacional y humillante. Otra vergonzosa arrodillada del presidente Uribe Vélez, aspirante a la reelección, quien no tiene el menor sentimiento de patria ni de dignidad. Es la única verdad.
www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf
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