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Los policías muertos en Jamundí ¿Qué hay detrás de la masacre?
por hernando López
Wednesday, May. 31, 2006 at 4:23 PM
¿Por cuenta de quién actuaron las unidades del Batallón de Alta Montaña que opera en Los
Farallones? En el Valle del Cauca es evidente la connivencia del Ejército con los capos del cartel del norte del Valle
El agrio enfrentamiento entre los generales Jorge Daniel Castro, director de la Policía Nacional y el general Mario Montoya, comandante General del Ejército, en presencia del Ministro de Defensa, Camilo Ospina, después de conocida la masacre de diez policías por una patrulla del Ejército en Jamundí (Valle del Cauca), que no trascendió a los medios de comunicación, sacó a flote la desconfianza recíproca entre la Policía y el Ejército y los inocultables nexos de la Fuerza Pública con los narcoparamilitares en varias regiones del país.
Tanto lo de Jamundí, como lo ocurrido el 19 de marzo del 2004, en Guaitarilla (Nariño), cuando tropas del Ejército tendieron un emboscada y dieron muerte a siete miembros del Gaula y cuatro civiles, demuestran la corrupción y la vinculación de miembros del Ejército y de la Policía con redes del paramilitarismo y del narcotráfico. Además de la ineficacia de la justicia penal militar y ordinaria para esclarecer estos hechos. El presidente Uribe Vélez se comprometió a que en 48 horas habría claridad sobre los hechos de Guaitarilla y han pasado doce meses y aun no se conocen los resultados de la investigación. “Hay hilos que se mueven muy arriba para que estas investigaciones queden en suspenso”, le dijo a VOZ una fuente de la Fiscalía General de la Nación.
La masacre de Jamundí
El lunes 22 de mayo, en horas de la tarde, cuando diez policías de la Dijin del Grupo Antinarcóticos, se dirigían a cumplir un operativo en la finca Potrerito, municipio de Jamundí, departamento del Valle del Cauca, fueron atacados por una patrulla del Batallón de Alta Montaña de Farallones, que los emboscó y acribilló sin ninguna piedad. En los hechos también murió un civil, informante de la Dijin.
No valieron ni los uniformes y gorras con los emblemas de la Dijin, ni tampoco los gritos de los policías que se identificaron y pidieron cesar el fuego, según la versión de varios testigos que habitan cerca del lugar de la masacre. Al parecer la orden que tenían los soldados era la de eliminar a los diez policías y al civil. No podían quedar testigos. No se trató de un simple “error militar”, como lo aseguran los generales Ospina y Montoya, calificación ligera que desató la furia del general Castro. Fue una masacre premeditada. Esa es la convicción de los mandos de la Policía. Ante la presión y el repudio nacional antes de la jornada electoral del 28 de mayo pasado, el presidente Uribe Vélez el sábado 27 de mayo reconoció que se trató de una masacre, calificativo que el general Carlos Alberto Ospina, comandante de las Fuerzas Armadas, no acepta.
Alteraron los hechos
Como en Guaitarilla los cuerpos fueron manipulados y colocados de tal manera que se dedujera un combate, una respuesta que nunca hubo de los diez policías acribillados de la forma más cobarde y miserable.
Pero la pregunta que se hace el país es: ¿Por qué esa masacre de Policías por una patrulla del Ejército de Alta Montaña? La verdad ha comenzado a develarse en la misma dirección de los hechos de Guaitarilla (Nariño), donde quedó claro que detrás del ataque militar estaban los nexos con el narcoparamilitarismo. En el caso de Jamundí, se ha revelado después de la masacre, que la finca Potrerito es de propiedad de “Don Diego”, el capo del norte del Valle del Cauca, quien hace varios años, en complicidad con el Ejército, puso en marcha el Bloque Calima y otros frentes de las “AUC” de los paramilitares en el departamento. La patrulla de la Dijin estaba realizando un operativo contra el grupo de “Don Diego” cuando recibió el “fuego amigo” del Ejército.
En el departamento del Valle del Cauca es evidente la connivencia del Ejército con el cartel del norte del Valle del Cauca, bajo la dirección de “Don Diego”, quien se quiso colar en los diálogos de Santa Fe de Ralito. Inclusive, otro capo del narcotráfico en este departamento, Wilber Varela (“Jabón”), hace varios meses denunció que el Ejército protege las propiedades y le da información a “Don Diego”.
De otra parte, el Batallón de Alta Montaña, que está instalado en Los Farallones, zona rural de Cali, ha sido cuestionado en el pasado por violación de los derechos humanos, pues varios campesinos asesinados han sido presentados como guerrilleros. En otra ocasión dos policías fueron muertos en confusos hechos en que participaron soldados de este batallón, cundo iban con la misión de investigar el robo de combustible en La Cumbre (Valle del Cauca).
En el Ejército, además de la investigación de los hechos, se requiere de una depuración “desde arriba” para ponerle fin al contubernio con los narcoparamilitares, le dijeron a este semanario expertos en el tema de la seguridad. No son suficientes las lágrimas de cocodrilo del presidente Uribe Vélez, que le sirvieron para la reelección, pero que necesariamente lo obliga a un viraje en su política militar.
www.pacocol.org/es/Voz/index.htm
la manzana podrida
por Ivan Aristizabal
Friday, Jun. 02, 2006 at 9:19 PM
raristi@epm.net.co 5132233 cr.52 No 54-33
Una manzana podrida daña a las otras,y parece que no las estan sacando ligero antes de que dañe todas las manzanas ojala que este hecho sirva para comenzar en serio a revisarlas en todos los sectores del estado,
las reformas
por hap "harold"
Monday, Jun. 12, 2006 at 4:01 PM
haroldhapi65@hotmail.com 7601454 diag50 sur nº 24ª-45
como lo mencionan es un evidente competencia de poder de las fuerzas de colombia.
que van areformar las leyes dela justicia militar seria buena que me las mandaran
muchas gracias por su atención.
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