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La ruptura de la burbuja cambiaria-bursátil
por Eduardo Sarmiento Palacio
Saturday, Jun. 03, 2006 at 7:47 PM
En el último mes el precio de las acciones cayó 15% y el tipo de cambio se devaluó 6%.
Al parecer, se reventó la burbuja cambiaria-bursátil. Durante dos años la economía evolucionó dentro de un marco en el cual los especuladores traían los dólares, los cambiaban en pesos y los invertían en acciones. Se configuró un proceso de expectativas de revaluación y de alza del precio de las acciones que se reforzaban y carecían de sustento real. Bastó que los agentes económicos advirtieran que la tendencia no podía mantenerse para que se invirtiera. En la actualidad los agentes económicos venden las acciones para comprar dólares, conformando el proceso opuesto.
El detonante, o si se quiere el causal, del cambio de expectativas fue la política monetaria de los Estados Unidos. Desde hace varios meses las autoridades económicas estadounidenses están comprometidas en elevar las tasas de interés para compensar las presiones inflacionarias originadas por la elevación de los precios del petróleo. Hasta el momento la política no ha dado los propósitos buscados. Luego de múltiples ajustes consecutivos en las tasas de interés y de alcanzar un nivel de 5%, las presiones inflacionarias persisten, creando una gran incertidumbre. Los agentes económicos no saben hasta cuándo continuará el alza de las tasas de interés ni qué sucederá con la inflación, lo cual se manifiesta en enormes fluctuaciones en la cotización de las acciones y de los precios de los activos de largo plazo, que se trasladan a todos los mercados.
El drama es que los errores y alteraciones de los países desarrollados se están llevando por delante las economías de América Latina. Debido al sistema de tipo de cambio flexible y a la modalidad de meta de inflación, las alzas de las tasas de interés de Estados Unidos para moderar las precisiones inflacionarias externas se trasladan sin mayor razón a los países emergentes, que se ven abocados a una carrera de alzas de tasas de interés y devaluación que provocan la caída de la inversión y terminan en recesión.
Lo peor que puede hacer el Banco de la República es imitar la política de la Reserva Federal de Estados Unidos. Las autoridades económicas deben advertir que los efectos de la política monetaria son muy diferentes en los dos tipos de economías. Ya se ha visto cómo las alteraciones de las economías desarrolladas son mucho menores que en las economías emergentes. A tiempo que en Estados Unidos los precios de la bolsa en un día varían en 1%, en Colombia lo hacen en 5 o 7%. Por lo demás, una cosa es una recesión en una economía desarrollada y otra en una economía emergente. En esta última la caída de la producción tiene mayores efectos estructurales, en particular en la distribución del ingreso, y genera inercias que tienden a sostenerla. Así, la recesión de los Estados Unidos que siguió a la ruptura y a la burbuja tecnológica no duró un año y medio, mientras que en América Latina las recesiones ocasionadas por las aperturas persistieron durante más de cuatro años.
Todo esto ha dejado al descubierto el desacierto de las tasas de cambio flexible. La modalidad propicia burbujas que interfieren con el desempeño de las economías y generalmente terminan en tragedia. De seguro, los trastornos actuales de la economía colombiana no se habrían presentado dentro de una modalidad de tasa de cambio fija orientada a mantener la cotización cambiaria por encima de $2.500.
¿Cuál es la alternativa? Simplemente, alejarse de las soluciones ortodoxas, en particular, del sistema de cambio flexible y de la meta de inflación. Las presiones sobre el tipo de cambio deben ser reguladas mediante el mecanismo de compra y venta de divisas, es decir, dentro de lineamientos que se aproximan más a un tipo de cambio fijo. Por su parte, las presiones inflacionarias no tienen por qué contrarrestarse con alzas indefinidas de la tasa de interés. Es menos dañino suspender el aumento de los precios de los combustibles o asumir un punto o algo más de inflación. En este contexto, es perfectamente posible que la devaluación se realice sin mayores efectos recesivos.
En varias oportunidades señalamos que la economía estaba montada en una burbuja especulativa, y advertimos que se trataba de un fenómeno insostenible, que en algún momento explotaría y se revertiría. Es lo que está ocurriendo. Las enormes fluctuaciones del dólar y de las cotizaciones de la bolsa, al igual que las tendencias de los últimos meses, son una clara señal de devaluación y caída de la cotización de las acciones. No es elemental predecir las repercusiones en el inmediato futuro. Por ahora, lo más claro es que los enormes estímulos a la capitalización que provenían de la revaluación y las alzas de precios de las acciones desaparecerán. En tales condiciones, no será fácil mantener las elevadas tasas de inversión, que, sin duda, constituyeron una de las principales fuentes de la reactivación.
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