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Lo que faltaba: ¡Una reforma tributaria neoliberal regresiva!
por Rafael Uribe Uribe
Saturday, Jul. 29, 2006 at 2:44 PM
El Gobierno Nacional viene en una carrera desbocada desmontando sus empresas industriales, comerciales y de economía mixta. Muchas ya han sido vendidas y otras están en venta: Telecom, Bancafé, Granahorrar, electrificadoras regionales, prestación privada de los servicios de El dorado, Ecogas, Ecopetrol, etc. El modelo del Estado mínimo neoliberal lo exige así y, como la tarea hay que hacerla completa, ahora se nos ofrece una reforma tributaria neoliberal.
Los neoliberales no ven con buenos ojos el pago de impuestos porque: 1) consideran que “los impuestos, como la muerte, son realidades desagradables” que implican pasar recursos de buen uso en el mercado al mal uso por el Leviatán o Estado Poso, 2) pero lo que más les duele es que los impuestos generan distorsiones, o exceso de gravamen, o pérdidas irrecuperables de eficiencia, ya que llevan a los agentes del mercado a cambiar sus decisiones eficientes por otras ineficientes.
En materia impositiva, los economistas de la oferta, la public choice, el Consenso de Washington, en suma el neoliberalismo, diseñan un modelo con las siguientes ideas: 1) cobrar tasas marginales moderadas en el cobro del impuesto personal a la renta (IPR), 2) tener base gravable amplia o limpia en los dos grandes impuestos (IVA e IPR), 3) cobrar impuestos con una tarifa única o plana o muy pocas, 4) preferenciar el uso del criterio del consumo y no el de la renta para medir la capacidad de pago, 5) no colocarle objetivos redistributivos o de equidad a los impuestos, 6) gravar más a los factores menos móviles como el trabajo y menos al factor móvil del capital, 6) preferir los impuestos indirectos como el IVA, sobre los impuestos directos como el IPR.
La actual reforma tributaria, la quinta del gobierno de Uribe -–la sexta sobre el patrimonio se está cocinando–-, recalca, en apariencia, el buscar con ella los objetivos de la eficiencia, la sencillez administrativa y la equidad; por eso dice que es estructural o integral, pues aparentemente no tiene fines fiscalistas o alcabaleros. Sin embargo, en la realidad el recaudo se aumentará y de los tres objetivos anunciados se buscan realmente los dos primeros (eficiencia y economía), pues el objetivo de la equidad que se pregona es una mísera mercancía política que quiere legitimar una reforma tributaria regresiva de marca neoliberal. La filosofía neoliberal no le coloca fines de equidad a los impuestos, pues arguyen que los impuestos cuando buscan la equidad generan distorsiones o ineficiencias, por ello la equidad se la quitan a los impuestos y se la colocan al gasto público.
El objetivo de la sencillez, la economía o simplicidad administrativa se quiere lograr pasando el Estatuto Tributario de más de mil artículos a sólo 280. Para lograr esta reducción se elimina el impuesto de timbre, lo cual favorece al capital, que es el dueño de la riqueza o propiedad que se transa; se reducen las tarifas del IVA de nueve a cuatro; se eliminan privilegios tributarios (exenciones, exclusiones, deducciones y descuentos) en el IVA y el IPR. Lo malo es que los privilegios tributarios en el IPR se eliminan básicamente del trabajo y no del capital y en el IVA a los bienes y servicios de la canasta básica de alimentos. Hay que recordar que entre el objetivo de la equidad y el de la sencillez hay un trade-off, una incompatibilidad, pues la búsqueda de la equidad lleva a tener una legislación tributaria compleja, lo que no quiere el gobierno. O al contrario, la simplicidad es un logro que se hace a costa de disminuir la progresividad del sistema tributario, que es lo que quiere el gobierno.
La eficiencia busca, según el proyecto de reforma, que el sistema tributario no genere distorsiones en las decisiones de los agentes del mercado, para con ello promover la inversión, la competitividad, el empleo y el crecimiento. Para lograr este fin se proponen medidas tales como: 1) eliminar el impuesto de timbre que incrementa el costo de las transacciones, 2) reducir la tarifa del impuesto a las rentas de las empresas de 38,5% a 32% para que la inversión nacional no se vaya del país y la inversión extranjera venga a Colombia y no a otros países de menor tasa en el IPR, encimándoles una deducción, no del 30%, sino del 100% por la adquisición de activos fijos, 3) gravar con el IVA más bienes y servicios del PIB, sobre todo los básicos de la canasta familiar, ello con la mira de hacer este impuesto más neutral, menos generador de distorsiones.
Entre la eficiencia y la equidad hay una disyuntiva, la cual es resuelta degollando la equidad, así: 1) el IVA al consumo suntuario de los más ricos y de la clase media alta (del 38% y 35%) se reduce al 25%, 2) las tarifas progresivas del IVA se reducen de nueve a cuatro, 3) se incrementa la base gravable del IVA y sus hechos generadores, ya que se extiende su cobro a productos de primerísima necesidad: carnes, papa, maíz, arroz, hortalizas, frutas, café, etc., 4) a las rentas de trabajo se le eliminan los gastos que tienen que ver con la generación del ingreso laboral: créditos por vivienda, los pagos de salud y educación, los gastos de representación, los aportes a pensión voluntaria, el 25% de la renta exenta laboral, en cambio, a las rentas de capital, sobre todo a las grandes empresas, se les reduce la tarifa del IPR del 38,5% al 32%, se les eliminan pocos e inocuos beneficios tributarios, amén de que se les da el premio gordo de que todos los colombianos le vamos financiar tributariamente en 100% sus inversiones en maquinaria y equipos. Es bueno recordar en este punto, que otra reforma tributaria estructural, la ley 75 de 1986, eliminó la doble tributación de los beneficios de las sociedades en cabeza de sus dueños. En el IPR la tributación efectiva del capital se reduce sensiblemente, bajo el mito fiscal de que sirva para incrementar la inversión y el empleo, en contrario, se incrementa la tributación al trabajo tanto en el IPR como en el IVA, lo cual hace caer la demanda de bienes de consumo privado, por ende, la inversión y el empleo. Es lo que los economistas llaman juegos de suma cero.
La presente reforma tributaria se lleva la Constitución del 91 por los cachos. Veamos: 1) artículo 95, numeral 9, son deberes de la persona y el ciudadano “contribuir al financiamiento de los gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad”. La reforma tributaria de Uribe hace todo lo contrario, buscar la eficiencia en contra de la equidad, reducir la carga tributaria del capital en beneficio de la eficiencia, 2) artículo 363 “el sistema tributario se funda en los principios de equidad, eficiencia y progresividad”. La reforma tributaria neoliberal tiene la hermenéutica de que “el sistema tributario se funda en la eficiencia y la simplicidad”, 3) el artículo 334, en su inciso 2, dice “el Estado, de manera especial, intervendrá para dar pleno empleo a los recursos humanos y asegurar que todas las personas, en particular los de menores ingresos, tengan acceso efectivo a los bienes y servicios básicos...”. La reforma dice que los bienes y servicios básicos (la papa, el arroz, el huevo, la garra, el maíz, etc.) tendrán un incremento en su precio, ya que a nombre de la eficiencia se les cobrará el IVA, el cual no se devuelve a los pobres del régimen contributivo y vinculado, amén de que gravar la canasta básica reduce la demanda, por ende, atenta contra la ocupación plena, 4) artículo uno “Colombia es un Estado social de derecho...”. La reforma elimina lo social y lo que le interesa es un Estado de derecho, 5) el artículo dos dice “son fines sociales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general...”. La reforma lo cambia para promover la prosperidad de las grandes empresas nacionales, del capital en general, 6) el artículo 13, inciso 2, dice: “el Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas a favor de grupos discriminados o marginados”. El proyecto tributario adopta medidas, pero a favor del gran capital, y a los marginados les cobra IVA, el cual será devuelto bajo un mecanismo antitécnico, inaplicable, sujeto a corrupción, complicador de la sencillez administrativa que tanto se pregona y útil sólo para el duopolio bancario colombiano que cobrará jugosas comisiones. Cobrar IVA a la papa, el arroz y el huevo, para después entregar su producido al dueño del grupo AVAL, como comisión por la devolución, es una medida imbécil y criminal.
Con la actual reforma tributaria, la estructura tributaria se vuelve más progresivamente regresiva, ya que ganan participación los impuestos indirectos e invisibles y regresivos como el IVA y pierden participación los impuestos directos y visibles y progresivos como el IPR. En aras de la eficiencia y la sencillez se sacrifica a la equidad, en un país que es uno de los lideres mundiales en concentración de la riqueza (de las 82,1 millones de hectáreas rurales, 2.428 propietarios poseen 44 millones y el 80% del capital bursátil es poseído por el 0,21% de los accionistas) y el ingreso nacional (el 10% más rico concentra el 46,5% del ingreso nacional y cerca del 60% es pobre) y que no gratuitamente tiene un profundo conflicto social.
Posdata. Escribiendo este artículo, mi profesora, Rosita Flores Flores, me llamó para decirme que estaba muy inquieta, pues en la cabeza se le había metido la idea de que el Presidente cada vez se convierte más en un Robin Hood perverso y al revés, pues ayer le quitó más de dos billones de pesos a los trabajadores con su reforma laboral, dizque para que se aumentara el empleo y, hoy, con su reforma tributaria vuelve a quitarles otros billones a los trabajadores y la clase media para dárselos a los ricos con el mismo cuento de que se aumentará el empleo. Yo sólo alcance a decirle que las lecciones que da la historia no se pueden olvidar, ya que muchas revoluciones aquí y allá se originaron por la falta de equidad en el cobro de los impuestos.
Rafael Uribe Uribe Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Antioquia
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