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Estado de carne y hueso
por Rafael Rincón
Saturday, Aug. 26, 2006 at 7:01 AM
En un estado de derecho las decisiones se ciñen a la ley, sin embargo, en Colombia la aplicación de la ley penal está sometida a la voluntad de los paramilitares. Ellos dicen, por ejemplo, cuando deben ser 'conducidos' a la cárcel, en que qué cárcel permanecen, en qué condiciones, por cuánto tiempo, cuándo gozan de permisos, etc.; en la práctica no se someten a la ley, sino que ellos someten a la justicia.
Estado de derecho no es sólo el que produce leyes sino fundamentalmente el que se somete a ellas. Obedecer la ley es cumplir con la principal obligación política. Y es que el estado colombiano no es un estado de derecho fuerte (algunos lo han calificado como un estado colapsado), es más bien un estado de carne y hueso, una 'patria' con apellidos, con voluntades hechas ley, un tipo de 'aristocracia instaurada por decreto' en donde el contenido de la ley es la voluntad de unas 'santas' familias, de clanes tribales o de carteles del crimen. Es un estado cuasi feudal o cuasi moderno en donde la patria es la más pura expresión de la pasión por la propiedad.
Colombia es un estado patrimonial apasionado por la tierra, su presidente sueña con hacer de Colombia un país de propietarios a costa de cuatro millones de desplazados. En un país así concebido las sanciones más drásticas no son la pena de muerte, ni la cadena perpetua sino la extradición y la expropiación. La extradición duele como la que más porque en la práctica es dejar sin patria (sin tierra) a un aristócrata.
La promovida pasión patria refleja el gobierno de los hombres, es un gobierno de corazón grande, pulso firme, de carnitas y huesitos); es la patria en donde el estado humanado es alérgico a la legalidad o al derecho. Parodiando la propaganda de 'Colombia es pasión' se puede decir que 'sólo a un colombiano se le ocurra cumplir la ley'. Los mismos legisladores (Mario Uribe, Ciro Ramírez) promueven el desacato a la ley o a los fallos de los tribunales.
Una patria de pasiones como la que se promueve es una patria lejos de la razón, de la argumentación, de la deliberación. Un estado de pasiones es un estado susceptible a las decisiones de los jueces; es un estado en donde los destinatarios de un fallo de la Corte Constitucional acuden al poder ejecutivo para coaligarse y confeccionar un decreto que sirva de esguince o rey de burlas a la sentencia que le ordena pagar prisión por crímenes de lesa humanidad.
Un estado de carne y hueso, así sea colectivo, que busca adjetivos como el de comunitario, para disfrazarse de democrático y que el sustantivo democracia lo convierte en adjetivo para servirle a la seguridad de los oligopolios, no es precisamente un estado de la razón.
La Colombia de Uribe, la del estado comunitario, la de la U, es la patria de la herradura, la de los caballos domados. Es la patria en donde el éxito radica en la consanguinidad con un padrino; si alguien fracasa no fue porque actuó por fuera de la ley sino porque estaba por fuera de la familia, porque no tenía padrino, no tenía 'señor', porque le falto pasión.
'Jorge 40', 'Vicente Castaño', 'Cuco Valloy' y otros jefes de clanes, calificados por el régimen como héroes desmovilizados, apasionados de la guerra se 'someten' a la justicia cuando ellos a bien lo tengan, cuando así lo consideren para el bien de sus clanes, su patria. Se someten cuando hayan asegurado la no extradición, sus bienes, su botín de guerra, su impunidad y cuando su pasión (las armas) esté garantizada. Como no hay estado de derecho que les exija lo contrario el estado de carne y hueso les garantiza el monopolio del uso ilegitimo de la fuerza.
Esa patria apasionada de aventajados es una selección natural de familias en guerra que han logrado un acuerdo con el imperio y con el líder criollo y han engendrado un estado de oligarcas llamado comunitario con el pretexto de luchar contra la droga y el terrorismo. Sin duda querrán mucho más que la reelección para perdurar y terminarán proponiendo una dinastía y es posible que Colombia en el bicentenario de su independencia corone al príncipe Jerónimo I como sucesor de Alvaro el Grande, el de las carnitas y los huesitos.
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