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Memoria de un proceso hacia el Logro de Un Acuerdo humanitario 2
por Fabiola Perdomo - 2005
Monday, Oct. 09, 2006 at 7:03 PM
EL ACUERDO HUMANITARIO VISTO POR LAS VICTIMAS
Lejos de toda discusión de tipo filosófica, política o estadística sobre un tema por momentos olvidado y en oportunidades motivo de la esperanza de miles de personas víctimas de la más injusta e inexplicable retención, deseo contar con la atención de los lectores para plantear mi punto de vista frente al Acuerdo Humanitario, dentro del contexto de quienes lo padecemos como sujetos pasivos de lo que todos los colombianos, a estas alturas, ya deberíamos llamar “el más grande drama nacional”.
Para los familiares de los secuestrados, el Acuerdo humanitario no es otra cosa que la esperanza de lograr que bajo principios éticos mínimos como los que defienden la vida y la libertad, fuerzas antagónicas y posiblemente incompatibles puedan cambiar la historia del conflicto interno colombiano, reivindicando los derechos a la dignidad y al respeto de todo ser humano sin distingo cultural, político, social o económico.
A pesar que la pretensión de los familiares de los secuestrados, de conseguir un acuerdo humanitario que permita su liberación es un hecho legítimo, está duramente cuestionado por quienes consideran imposible e inútil la tarea de seguir intentando la respuesta a un problema que para ellos no tiene solución, desconociendo con esta apreciación una práctica reconocida universalmente mediante tratados, acuerdos y protocolos suscritos entre diversos países civilizados, que con su ejemplo deciden optar por caminos políticos y negociados para resolver los conflictos sin poner en riesgo la vida y la libertad de sus ciudadanos.
Los familiares de los secuestrados, seguimos despertándonos cada nuevo día con la ilusión de encontrar por fin la razón última, la más poderosa, la irrefutable, el argumento irresistible que sea capaz de despejar cualquier duda, que convenza hasta a los más escépticos sobre la necesidad de suscribir el acuerdo humanitario, para devolver la ilusión y la esperanza a nuestra nación que cada vez se polariza más entre la guerra y la negociación, polarización que seguramente se produce porque aun a todos los colombianos no les ha tocado, mirar a la cara la desgracia que llega al hogar cuando es visitado por la ferocidad del conflicto armado colombiano, que siempre viene acompañada de la indolencia y la vanidad gubernamental.
El Acuerdo Humanitario es el mejor escenario para que todas las fuerzas vivas del país converjan en un mismo sentido y hagamos de las virtudes de Colombia una creación colectiva; el Acuerdo Humanitario es un espacio incluyente y un acto responsable con la humanidad, fundamentado en valores como la equidad, el amor por los demás, el respeto por la diferencia, la vida con dignidad, el derecho a la felicidad, los cuales pueden anteponerse y dejar sin respaldo posiciones déspotas, arbitrarias o triunfalistas de quienes se nieguen a reconocer el poder de una sociedad civil que se une por el deseo de devolver la fe a los colombianos.
Uno de los principales obstáculos en esta larga lucha por el Acuerdo Humanitario, es la tendencia de quienes consideran que con éste se esta legitimando convertir a las personas en objetos de canje y se pone en riesgo la seguridad de las instituciones, posición que está absolutamente alejada de la realidad pues al contrario: oponerse al acuerdo humanitario es creer que los secuestrados son seres que pueden ser reemplazados por otros que estén libres; que las personas en cautiverio no se requieren, no le hacen falta a la sociedad ni a sus familias, como si se tratara de mercancía, sin ese valor único que le da cada individuo a su existencia. No es justo meter a los seres humanos secuestrados en el regateo político de a quien le conviene el Acuerdo Humanitario; en ese calculo maligno de los intereses sociales e institucionales y mucho menos en la absurda justificación de que la perdida de unos pocos (5,000 secuestrados) se compensa con el orgullo de unos entes fríos, sin corazón, sin familia y por tanto sin sentimientos que son las instituciones “legítimamente constituidas”. Para que servirían las instituciones si no existieran los seres humanos que las dirigieran? Qué tan legítima es una institución que no tiene como su objetivo principal la protección de los derechos humanos como la vida y la libertad? Para que sirve el Derecho si no está puesto al servicio de los derechos de los ciudadanos?
Cada secuestrado es un miembro de la especie humana que merece ser respetado en su valor natural como ser humano, que merece nuestra ayuda, solidaridad, consideración y respeto, así como sus familias sobre quienes tantas veces se ejercen presiones manipuladoras y son vistos como medios para fines de poder. Las víctimas del secuestro merecen ser vistas como lo que son: víctimas del avanzado estado del conflicto interno colombiano y no como simples fichas que las harán mover según la estrategia diseñada por quienes las tienen en sus manos.
Estimados colombianos, toda la sociedad civil es en mayor o menor grado víctima del conflicto colombiano, por eso es hora de actuar coherentemente con los principios éticos y morales que debe defender toda sociedad, en lugar de caer en la crueldad del silencio, la indolencia o la indiferencia que la harán convertirse en cómplice o victimaria de quienes se encuentran en estado de indefensión y en total desventaja, como producto de habérseles limitado el más grande derecho: LA LIBERTAD.
El Acuerdo Humanitario es el único camino seguro para que los secuestrados regresen a casa. Apóyelo como si usted fuera un secuestrado o hiciera parte de una familia afectada por esta terrible tragedia.
Por la dignidad y la unidad Nacional… Acuerdo Humanitario YA!
PROPUESTA AL GOBIERNO Y A LAS FARC
El punto en el cual está estancado el ACUERDO HUMANITARIO, es en definir claramente y concretar las condiciones de seguridad que ofrece el gobierno y las que requieren las FARC para sentarse a negociar. Por tratarse de un punto definitivo del proceso, éste no se puede seguir atendiendo a través de declaraciones de prensa, sino discutirse de manera privada por medio de una comisión de acercamiento, que sería la encargada de recoger las necesidades y ofrecimientos de unos y otros, para que por fin se logren definir de manera concertada las condiciones de seguridad, que realmente son indispensables para avanzar en el primer encuentro entre el Gobierno Nacional y las FARC.
El gobierno ha dicho que una comisión con este propósito podría estar integrada por la Iglesia católica, el Comité Internacional de la Cruz Roja y los países amigos, pero no sabemos la posición de las FARC a ese respecto, por lo que sería importante que esta organización analice la lista que esta sobre la mesa para que la amplíe, reduzca o acepte, de tal manera que la integren personas o entidades que representen comodidad, seguridad y equilibrio para las partes.
La aceptación de esta comisión de acercamiento debe hacerse de manera pública por las partes, de lo contrario ésta pasaría a ser una comisión más de buena voluntad, que se dedicaría a los buenos oficios pero que seguramente no lograría concretar nada conducente al Acuerdo Humanitario, porque podría quedar sin el respaldo o sin el reconocimiento de uno de los actores, es decir que no arrojaría resultados efectivos como los que reclamamos las víctimas del conflicto armado de nuestro país, después de tantos años de espera.
Fabiola Perdomo E. Cali, agosto 30 de 2005
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