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Los retos del movimiento de paz
por Luis Jairo Ramírez
Wednesday, Oct. 11, 2006 at 5:38 PM
Se reúne el V Plenario de la Asamblea de la Sociedad Civil por la Paz, para reactivar las dinámicas en la búsqueda de los acuerdos humanitarios que permitan la libertad de prisioneros que están en poder de las partes enfrentadas y explorar las posibilidades de los diálogos para la solución negociada del conflicto interno. Desde luego, en medio de esa expectativa está la discusión del papel que deben cumplir las diversas variantes organizativas de la sociedad: Los empresarios, las Iglesias, los partidos de la derecha y la izquierda, los sindicatos, los indígenas, campesinos, los estudiantes, la intelectualidad colombiana, las organizaciones de derechos humanos, en fin, todos.
Después de la ruptura de los diálogos en el Caguán pareciera que el Movimiento por la Paz se hubiera quedado sin iniciativas y sin oficio. Algunos intentaron reactivar el Consejo Nacional de Paz para ponerlo al servicio del llamado “proceso de paz” entre Gobierno y paramilitares, otros prestaron sus buenos oficios para “hacer seguimiento” a la pretendida “desmovilización paramilitar” y a algunos, al final, hasta les salió rentable porque quedaron con empleo en la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.
Las diversas iniciativas de paz se mueven al garete, con ausencia de convocatoria, sin una perspectiva clara de lo que requiere el país para superar décadas de violencia, de antidemocracia e inequidad económica y social.
Ninguna iniciativa de paz valoró suficientemente desde el comienzo la fuerza política que podría acumular la idea de un Acuerdo de Intercambio Humanitario, de varios lados surgieron como contrapeso otros requerimientos humanitarios, importantes todos, pero sin la posibilidad de concitar la atención de personalidades, importantes franjas sociales y de la comunidad internacional.
Hoy pareciera que las posibilidades del intercambio humanitario hubieran tomado una dinámica propia. Es evidente que este fenómeno de los retenidos ha desgastado a las dos partes y que a ambos conviene tragarse los sapos que sean necesarios con tal de facilitar el sitio de encuentro, que parece ser Florida y Pradera (Valle del Cauca), permitir un acompañamiento internacional para garantizar la seguridad de las partes, e iniciar las conversaciones tendientes a la liberación de los retenidos de ambos lados. Eso no va a ser fácil, pero cuanto antes se comience a hablar mejor.
El péndulo viene de regreso. El primer mandato de Uribe no pasó la prueba de la salida militar. El Plan Colombia y su fase II conocida como Plan Patriota terminaron con profundas grietas. Los gigantescos operativos militares acabaron estimulando las violaciones a los derechos humanos con miles de pobladores civiles presos arbitrariamente, miles de desplazados y centenares de ciudadanos inocentes asesinados para que la tropa cumpliera con los “positivos” exigidos por el Presidente. Simultáneamente, más de 30 millones de colombianos se debaten entre la pobreza y la miseria absoluta; la economía crece con las inyecciones del capital ilícito proveniente del influyente paramilitarismo y el narcotráfico, mientras que el desempleo aumenta. Así las cosas el ambiente para la paz en vez de oxigenarse se dificulta aún más.
La V Plenaria tiene el reto de retomar una agenda para la paz. Muchas de las conclusiones de la IV Plenaria quedaron por hacer. La economía colombiana y las necesidades sociales no aguantan más guerra. La seguridad democrática diseñada para favorecer los grandes negocios y los privilegios de unos pocos, debe transformarse en una Seguridad Social Integral para los millones de compatriotas marginados. ¿Cómo hacer para ganar la voluntad militante de millones de colombianos en el propósito de la solución negociada? Hay que pensar cómo vincular a la gente de cada municipio en las tareas de la paz con justicia y equidad.
www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf
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