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Ser o no ser
por Carlos A. Lozano Guillén
Wednesday, Oct. 11, 2006 at 5:45 PM
Carloslozanogui@etb.net.co
El Gobierno Nacional –y en particular el Presidente de la República- deben resolver de una vez por todas si tienen la suficiente decisión –también la capacidad- y por ende la voluntad política, para concretar el intercambio humanitario, que la comunidad nacional e internacional están demandando. No puede seguir de tumbo en tumbo, con mensajes equívocos, a veces retóricos, que eluden el compromiso esencial: el despeje de Pradera y Florida.
El diario El Tiempo del pasado domingo, en una crónica de lo que ha sido la conducta gubernamental, saca a flote sus inconsistencias, su actitud siempre reactiva y su nula iniciativa en un tema fundamental, que debería entenderse parte esencial de la “seguridad democrática”, si ésta tuviera alguna dosis de humanismo. Pero en realidad no lo es así. El presidente Uribe Vélez lo ha dicho una y otra vez, que un diálogo con la guerrilla podría afectar la política de “seguridad democrática”, entendida ésta como instrumento guerrerista y de represión contra el pueblo.
Desde el lunes dos de octubre, cuando fue leído el último comunicado presidencial de aparente respuesta a la carta abierta del Secretariado de las FARC-EP a los representantes de los tres poderes públicos, cundió la confusión entre los familiares y la frustración entre los llamados facilitadores, porque fue evidente el recule de Uribe Vélez.. Habla de la zona de encuentro pero sin mencionar Pradera y Florida como parecía ser un hecho; retoma la propuesta de los “países amigos”, anulada por el Gobierno Nacional cuando la reveló sin que se hubiera surtido el trámite de la consulta con las FARC; y coloca de nuevo el tema del “cese de hostilidades”, que parecía superado ante la eventual adopción de un reglamento de la zona de despeje.
El Gobierno debe definir el asunto. Ser o no ser. Pero no continuar en las posiciones ambiguas y sin definiciones claras. Ahora pretende confundir a la opinión colocando sobre el tapete el tema de la Asamblea Constituyente, elemento de discusión para la segunda etapa de los diálogos de paz, si al final se dan, como es el deseo de los colombianos. Es prematuro abrir el debate de ello cuando ni siquiera el Gobierno se ha comprometido con el intercambio humanitario.
Hay que persistir en el camino difícil pero posible, casi que inevitable. Todo debe hacerse de cara al país, sin sesiones secretas, como las realizadas por la comisión de paz de la Cámara en Pradera y Florida, de espaldas a la realidad y a los verdaderos dolientes. Nadie puede aspirar a sacarle provecho político a un tema estrictamente humanitario y de interés nacional.
www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf
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