Parece que este columnista no es el único que tiene su cerebro en vacaciones. Los sucesos de los últimos días indican que más de un personaje del alto gobierno también sufre el síndrome.
Lo acontecido con el Ecuador tiende a darme la razón. En efecto, aunque ya se ha dicho y escrito mucho acerca del contencioso actual con el vecino, parece que vale la pena decir —o preguntar— más. Por más navideños que estemos, merecemos respuestas.
Una primera pregunta: ¿Cómo hizo Uribe para, a partir de un vuelo, saber la extensión exacta de los cultivos de la zona fronteriza del Putumayo y además que toda el área sembrada era de las Farc? Una segunda: ¿A partir de qué clase de informaciones y cálculos puede el Presidente afirmar que con esa coca las Farc estarían en condiciones de destruir el mundo? ¿Sabe Uribe cuánta coca se necesita para semejante tarea? ¿Cómo hizo el Ministro del Interior para saber que el presidente Correa suspendió su visita a Colombia a partir de una conversación con Chávez? ¿Tiene el Ministro escuchas electrónicas subrepticias en la oficina de Chávez y así se entera de sus conversaciones? ¿Hay algún espía colombiano soplón en el grupo de asesores más cercanos de alguno de los dos presidentes?
En cuanto a la primera pregunta: parecería que el Presidente es el único colombiano que no está enterado de que en esa zona del Putumayo hay centenares de colonos que cultivan coca, y que por tanto las Farc no tienen el monopolio sobre el producto. En cuanto a la segunda: el Presidente debe saber que para destruir el mundo se necesitan muchas bombas nucleares, y que sólo las grandes potencias las tienen y en consecuencia están en condiciones de hacer la tarea que les asigna a las Farc. La guerrilla debe estar feliz al saber que el Presidente de la República les asigna semejante poder. Con seguridad las Farc sólo aspiran a realizar su programa de guerra, y si ahora se les dice que están en capacidad de destruir el mundo, pues es claro que eso hará mucho más difícil cualquier negociación. Parece un argumento de una película de James Bond.
A punta de coca lo más que se logra es estimular la construcción de cárceles, aumentar el número de policías en el mundo, enriquecer a los lavadores internacionales de dineros de la droga y congestionar los sistemas judiciales. Y claro, aumentar el número de consumidores.
Sobre la tercera: si al Ministro del Interior le consta que Correa decidió no venir a Colombia incitado por Chávez, y después la Cancillería lo niega, cualquiera se pregunta quién está diciendo la verdad. Una hipótesis posible es que el Ministro haya soñado la conversación y que la canciller Araújo lo despertó a la realidad.
Hay más preguntas: ¿Será Uribe consciente de la calidad de su diplomacia? ¿Creerá que lo mejor para la imagen del país y el éxito de las gestiones internacionales es nombrar como diplomáticos a ilustres ex funcionarios del DAS? ¿Hay alguna relación entre el incidente con Ecuador y el hecho de que el embajador en el vecino país es el hijo del ministro que escucha a Chávez? Que se sepa, el embajador no ha mostrado méritos profesionales para ser diplomático, y por más pequeño y pacífico que sea Ecuador, merece un diplomático de carrera.
Finalmente, ¿qué sentirá Uribe cuando actúa frente a Ecuador de la misma manera en que lo hace Bush frente a nuestro Presidente? ¿Quiere Uribe parecerse a Bush? ¿O piensa que él es Bush y Correa es Uribe? ¿Se atrevería a levantarle la voz y faltarle al respeto al presidente a quien tiene que visitar con frecuencia para rogarle que no interrumpa la “cooperación” militar?
Sí, parece que más de un cerebro está de vacaciones, y que alguien ha confundido eso de trabajar, trabajar y trabajar, con despistar, despistar y despistar.