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EL CÁNDIDO GLIFOSATO
por Jambi
Friday, Dec. 29, 2006 at 11:17 PM
Para justificar la agresión química contra el Ecuador, así como contra el pueblo colombiano, el gobierno de Uribe Vélez argumenta sin poder demostrarlo que el glifosato es inocuo para la salud y el medio ambiente debido a su baja toxicidad. También ha salido el Ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias a declarar que el uso del herbicida es extenso en la agricultura del vecino país y que por lo tanto no habría razón alguna para reclamar riesgos para la salud humana y el medio ambiente.
Sin embargo, es evidente que en la justificación del gobierno hay una manipulación intencional de la información científica para confundir a al opinión pública, pues decir que el glifosato es inocuo porque es de baja toxicidad, ignora el alto nivel tóxico de la mezcla de POEA, cosmoflux y agua para que este pueda producir efectos herbicidas.
Ante un gobierno con profundos nexos con el narcoparamilitarismo, el argumento de la inocuidad del glifosato para fumigar presuntas zonas de influencia guerrillera en la frontera con Ecuador resulta más que injustificado. Es clara pues la intención de esta administración de agredir química y sicológicamente a las comunidades fronterizas del vecino país, y a su gobierno entrante que se ha declarado abiertamente en contra del Plan Colombia y de los intereses geoestratégicos norteamericanos. Vale la pena en todo caso controvertir los infundados argumentos del gobierno en cuanto a lo inofensivo del glifosato.
GLIFOSATO, SALUD HUMANA Y MEDIO AMBIENTE
En glifosato ciertamente es de baja toxicidad por lo menos en lo referente a afectos inmediatos y evidentes, lo cual desde este punto de vista excluye efectos de largo plazo. Relacionado con esto, el glifosato aislado no puede ser absorbido por las plantas. Necesita de otros elementos para poder dañar las cutículas de las hojas y toda parte verde de una planta donde se hace fotosíntesis. Necesita entonces, sustancias que hagan corrosión para que pueda ingresar al interior de la planta para lograr su efecto herbicida.
En herbicidas que ya se venden en el mercado, producidos por MONSANTO y que contienen glifosato, se utiliza un sulfactante (POEA) que tienen efectos parecidos en la piel humana o en el suelo a los que se producen en las hojas para que el glifosato pueda ingresar.
De ahí se explican los síntomas de intoxicación aguda tanto en animales como humanos a raíz de las fumigaciones aéreas, pues al haber contacto con la mezcla, empieza el efecto corrosivo que posteriormente hace que el glifosato circule por la sangre. Los síntomas se caracterizan por la presencia de fiebre, vomito y diarrea, así como los efectos de los sulfactantes en la piel que pueden conducir a infecciones cutáneas severas con el paso del tiempo.
Otro impacto negativo que se deriva directamente de las fumigaciones aéreas en el marco del Plan Colombia es la relacionada con la calidad del agua. La agricultura sustentada en el uso de agrotóxicos junto con las fumigaciones con glifosato están produciendo efectos de contaminación de fuentes del agua en las zonas intervenidas al igual que la desaparición de la fauna acuática, ya que el glifosato se caracteriza por ser principalmente más tóxico en animales acuáticos y anfibios que en mamíferos.
El alto impacto ambiental del glifosato es en relación entonces con el ambiente acuático, sin menospreciar el terrestre en donde se genera una gran erosión de los suelos a raíz de la muerte de plantas y la desaparición de cobertura vegetal de la superficie de los terrenos. Lo anterior plantea el impacto social que las fumigaciones generan en aquellas comunidades que realizan actividades relacionadas con la pesca, que para el caso de la frontera con Ecuador y las zonas rurales en general de Colombia son comunidades campesinas e indígenas.
LA MANIPULACIÓN DEL MAL GOBIERNO
Administraciones anteriores y la actual se han valido de estudios pagos a entidades científicas y académicas para justificar las fumigaciones aéreas con glifosato. Siempre amparados en la dogmática imparcialidad de la ciencia, los informes de dichas instituciones terminan presentándose ajenos a cualquier consideración política, pese a que su finalidad en última instancia es la de apoyar intereses económicos y militares.
En 2001 se hizo un estudio por parte del Instituto Nacional de Salud Pública de Quebec (Canadá), para la Organización Panamericana de la Salud, referente al caso colombiano en particular, que arrojo datos sobre la supuesta inocuidad del glifosato.
Más recientemente en el 2005 un grupo de expertos internacionales contratados específicamente por la Oficina para el Control y Abusos de las Drogas (CICAD) dependencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), expuso públicamente su trabajo de más de un año en el que conceptuaron, finalmente que el glifosato tal como se usa en el Programa de Erradicación Aérea de Cultivos Ilícitos en Colombia no genera riesgos para la salud humana o para el ambiente. El estudio vio la luz pública justo en medio del debate acerca de fumigar O NO en Parques Naturales de Colombia.
Como réplica ética, profesores del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia (IDEA), examinaron el documento citado y tanto a la luz de la teoría ambiental como del simple sentido común, realizaron críticas de fondo a esta posición singular de los investigadores que contrató la CICAD, afirmando, por ejemplo que el estudio no consideró, o si lo hizo fue de manera tangen¬cial, los riesgos directos o indirectos del uso masivo de este herbicida sobre ecosistemas o agroecosis¬temas vecinos y sobre la sociedad en general, tanto a nivel social como económico.
Así mismo los profesores del IDEA señalaron a los investigadores de la CICAD que en ningún momento estudiaron, ni tomaron muestras, ni analizaron mínimamente los efectos del glifosato sobre los bosques aledaños a los campos de cultivo, no evaluaron los daños a los cultivos de uso lícito (cacao, maíz, yuca, plátano), no analizaron la muerte de animales domésticos (aves de corral o ganado vacuno) ni realizaron estudios directos sobre afectaciones de salud de los campesinos, niños, mujeres, o indígenas afectados con las fumiga¬ciones.
Y más grave aún, los supuestos científicos nunca consultaron la lista de quejas (en la actualidad reposan más de 8.000 en la Defensoría del Pueblo) que han interpuesto diferentes actores de la sociedad colombiana sobre los efectos ambientales de las fumigaciones.
¿De donde se puede sustentar científicamente entonces que el glifosato utilizado en las aspersiones aéreas no reviste peligro alguno para la salud humana y el medio ambiente? La complejidad del problema no resiste afirmaciones ligeras como la de dichos “científicos” a los cuales se les pago más de un millón de dólares, ya que se trata se trata de la primera vez en la historia de la humanidad en que un país es sistemáticamente sometido a fumigaciones con herbicidas incluso en parques naturales, para erradicar un cultivo (que no es una maleza), atado por milenios a la cultura local y a la actual conflictividad social, económica y política de Colombia que es bastante compleja.
POR LA RAZÓN AL SERVICO DEL MEDIO AMBIENTE
La intensidad de la fumigación que se ha llevado a cabo en Colombia no tiene antecedentes en el mundo. Y esta vergüenza ambiental y social, de la cual son responsables los EU, la MONSANTO, y los últimos gobiernos de Colombia y por la que deberán pagar algún día, ha develado una realidad crónica de la sociedad colombiana: la debilidad de las universidades y de los centros de investigación para responderle al país sobre sus problemas fundamentales.
Colombia nunca ha llegado a plantear con seriedad las consecuencias del uso de venenos en la agricultura y por muchas décadas impulsó y aún impulsa la utilización indiscriminada de fungicidas, herbicidas, insecticidas y otras sustancias venenosas sin realizar estudios serios y monitoreos continuos sobre sus efectos a corto, mediano y largo plazo en diversos componentes de los ecosistemas y en la salud de los consumidores.
Debido en parte a la asfixia presupuestal a la que está sometida la educación superior pública, pero principalmente porque detrás del modelo de producción agrícola y de las fumigaciones aéreas se mueven poderosos intereses económicos, es que el problema del consumo de alimentos con residuos de plaguicidas no merece la atención de la gran prensa, no convoca reflexiones profundas de la sociedad, ni mueve los presupuestos económicos del Estado.
Así, como tanto en el modelo de la revolución verde de producción agrícola, como en las fumigaciones aéreas de cultivos ilícitos SÍ EXISTEN efectos persistentes sobre suelos, aguas, fauna, flora y seres humanos, es necesario más que nunca formular un marco teórico de tipo ambiental tanto para la evaluación de riesgos como para la aplicación de alternativas.
Por lo tanto es preciso ser coherente en el discurso y prácticas cotidianas, y al igual que existe la necesidad imperativa de oponerse a las fumigaciones con glifosato en los cultivos de coca, es preciso también oponerse a la agricultura que usa pesticidas y agrotóxicos y abstenerse de su consumo y comercialización. En la misma dirección, si los cultivadores de hoja de coca, realizan cultivos agrícolas utilizando agrotóxicos y herbicidas, incluso en el mismo proceso de sembrado de coca, no pueden culpar al glifosato únicamente de efectos nocivos en la salud que se puedan generar en un futuro.
Junto a la históricamente pendiente reforma agraria en Colombia, hoy aplazada por la concentración de la tierra en manos de ganaderos y narcolatifundistas, se necesita a la par llevar a cabo una reforma del modelo agrícola en donde se regule el uso de agro tóxicos causante de la contaminación del agua y la muerte de especies hidrobiológicas, con los consecuentes daños a cultivos, el medio ambiente y la salud humana.
Este nuevo modelo agrícola de carácter ecológico puede reforzar aún más el poder exigir al mal gobierno la suspensión de las fumigaciones con glifosato utilizadas en la erradicación de cultivos de uso ilícito por el Plan Colombia, tanto en Colombia, como en la frontera con Ecuador.
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