El encarcelamiento por orden de la Corte Suprema de Justicia (Sala Penal) de cinco congresistas más, todos de las toldas del uribismo, así como el del ex jefe del DAS, consentido de la Casa de Nariño, compromete seriamente la legitimidad del gobierno actual y desnuda hasta dónde se extiende el compromiso de la cúpula del poder con el paramilitarismo, que bajo las condiciones del “proselitismo armado” contribuyó a la elección de numerosos congresistas y a las dos elecciones presidenciales de Álvaro Uribe Vélez.
Nadie, ni en el país, ni en el exterior, puede alegar a favor de la legitimidad del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Está confirmado, hasta la saciedad, que fue elegido con dineros y votos ilegales, comprados y obligados por el narcoparamilitarismo, representado en las “AUC”, ahora bajo la protección del régimen y de la ley de justicia y paz.
El presidente Uribe Vélez y los voceros gubernamentales alegan en el desespero, que las responsabilidades son individuales y que cada uno de sus amigotes debe responder ante la justicia. Pero ocultan que estos congresistas fueron sus protegidos hasta última hora y que las dos elecciones del presidente Uribe Vélez las lograron con los mismos votos mal habidos y fraudulentos. Las dos elecciones de Uribe Vélez, sobre todo la última, tiene el hedor a la podredumbre que gobierna el país.
El caso más reciente –que tiene al presidente Uribe fuera de sus cabales fue el encarcelamiento del ex jefe del DAS, Jorge Noguera, su niño mimado y a quien defiende a capa y espada a pesar de las pruebas evidentes en contra que demuestran sus nexos con los grupos criminales de la costa Atlántica y de las mafias del narcoparamilitarismo.
El cuestionamiento del régimen es a fondo. No puede haber “acuerdos para la verdad con Uribe” y mucho menos contemplaciones en la responsabilidad política que debe asumir el ciudadano Presidente. Ni siquiera debe aceptarse el reemplazo de los congresistas capturados, porque están viciadas la totalidad de las listas que recibieron el apoyo ilegal. El uribismo, para garantizar la mayoría en el Congreso, promueve la rápida posesión de los que siguen en las listas afectadas por la decisión judicial. Al fin y al cabo ya se lo dijo el presidente Uribe Vélez a sus congresistas en diciembre pasado: “voten mis proyectos antes de que se vayan para la cárcel”.
El único camino viable para Colombia a fin de recomponer la institucionalidad es el de la renovación democrática. Un acuerdo político nacional de organizaciones de la oposición, sindicales, sociales y populares para construir una nueva Colombia. En este propósito no cabe el uribismo, responsable del despelote nacional y de la crisis en las alturas que avergüenzan al país en el exterior.
ULTIMOS COMENTARIOS A ESTE ARTICULO
Estos son los 10 últimos comentarios sobre este artículo, de un total de 1 comentarios publicados por los visitantes de este sitio .