¿Pueden el Gobierno y el Banco de la República derrotar al mercado en la lucha por evitar la revaluación del peso y volver a una tasa de cambio que sea más competitiva para los productores nacionales?
¿La lucha contra la revaluación no es una batalla perdida ante la cual hay que resignarse, como dice el Ministro de Hacienda, y más bien buscar paliativos compensatorios, como subsidios a cargo del erario para compensar a unos cuantos afortunados exportadores amigos del Gobierno?
Lo primero que se debe decir es que la pregunta está mal planteada, porque la determinación de la tasa de cambio no es un pugilato en el que se enfrentan en una esquina las fuerzas del mercado libre y en la otra el Ministro de Hacienda y la Junta Directiva del Banco. Tampoco se trata de una disyuntiva en que las autoridades deban escoger si para establecer el precio del dólar dejan actuar a su arbitrio las leyes de la oferta y la demanda o, por el contrario, lo fijan por decreto.
No. La realidad es muy distinta. El Gobierno y el Banco de la República no están por fuera del mercado cambiario sino que son unos actores muy influyentes en el mismo; más aún, individualmente considerados son los actores más importantes puesto que no hay ninguna empresa o banco que tenga la capacidad de ofrecer o demandar dólares en las cuantías en que lo hacen las entidades oficiales. Mientras que los agentes privados no tienen la capacidad de determinar el precio del dólar, las decisiones de la Tesorería General de la República, o del Banco Central sí pueden subir o bajar la tasa de cambio.
Por lo tanto, hay que reformular la pregunta y plantearla así: ¿Tienen las autoridades los instrumentos suficientes para intervenir en el mercado cambiario y compensar los abundantes ingresos de dólares que han derrumbado el precio de la divisa? ¿La experiencia de otros países como China que han contrarrestado presiones revaluacionistas mucho más fuertes, es repetible en Colombia?
La respuesta es una afirmación enfática: sí existen dentro del marco legal colombiano instrumentos que les permitirían a las autoridades tener la tasa de cambio en un precio mucho más alto que el actual. El ejemplo del viernes pasado es muy diciente: cuando el Gobierno anunció un paquete de medidas contra la revaluación y el Banco de la República salió a comprar dólares de forma masiva, el precio del dólar subió más de 50 pesos en un día. Y todavía hay más instrumentos que podrían utilizar las autoridades. El problema es la decisión política de usarlos, o la forma de compensar los efectos colaterales que tienen.
Tomemos, por ejemplo, la compra de dólares por parte del BanRepública. En teoría su capacidad de compra es infinita porque puede emitir todos los pesos que necesite pero, por supuesto, debe compensar el eventual efecto inflacionario de la emisión. Para hacerlo ha recurrido a una medida equivocada que es la subida de las tasas de interés, porque con ella estimula el ingreso de más dólares que buscan aprovechar la mayor rentabilidad de las inversiones en Colombia. Como alternativa podía seguir el ejemplo del Banco Central de la China, que en ocho meses ha subido cinco veces el requisito de encaje a los depósitos bancarios, de manera que lo bancos que reciben el dinero que emite el República para comprar los dólares, deben congelar una parte de esa emisión para evitar un exceso de liquidez en la economía.
También hay medidas adicionales para controlar el flujo de capitales lícitos e ilícitos que están aumentando la oferta de dólares. Respecto de los dineros del narcotráfico y los paramilitares, es inexplicable que el año pasado hayan entrado al país otros 2.800 millones de dólares en billete, y el Gobierno no haya tomado medidas efectivas para controlar esos ingresos. Y frente a los flujos de capitales de corto plazo, también es inexplicable que el Gobierno haya eliminado en 2006 -con el decreto 1940 las pocas restricciones que subsistían para esos ingresos. La batalla contra la revaluación sólo se pierde cuando no hay decisión política de enfrentarla.