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Reducción de las transferencias, modelo neoliberal y endeudamiento externo
por Juan Ahumada Farietta
Sunday, Apr. 01, 2007 at 9:00 AM
Sobre la política de reducir las transferencias gravita un enorme y creciente déficit fiscal desatado por las políticas neoliberales
Los uribistas usan la lógica del sentido común de cualquiera de los millones de hogares colombianos, honrados y trabajadores, que, ahorcados por el modelo neoliberal, ante la disminución de sus ingresos, sensatamente, deciden recortar el gasto y a ello coadyuva toda la familia. Pero esta lógica elemental no se puede transplantar a las políticas fiscales, sin antes indagar el origen de la deuda, porque no es lo mismo que el desempleado recorte el gasto a que lo haga un padre despilfarrador y que para que éste haga fiestas suprima el desayuno a sus hijos.
Lo cierto es que sobre la política de reducir las transferencias y, en general, el gasto en las responsabilidades sociales del estado, gravita un enorme y creciente déficit fiscal, que se generó a principios de los 90’s con las políticas de apertura económica o, con más precisión, de libre mercado.
La medida primordial de la apertura fue la reducción de los aranceles de aduana del 45% promedio al 15% promedio, con lo que el estado colombiano perdió ingresos alrededor de mil quinientos millones de dólares anualmente. Multipliquen ustedes esta cifra por 15 años de apertura y encontrarán una cifra equiparable al endeudamiento externo actual.
La subsiguiente invasión de mercaderías extranjeras, tanto bienes como servicios, postró la producción nacional, indicando la estadística, a la altura del 2000, la quiebra de más de 20.000 empresas, sin contabilizar las Pimes, a las que nadie cuenta, así, como entre otros muchos índices negativos, el que se dejaron de sembrar casi un millón de hectáreas de cultivos transitorios. De allí proviene la escalofriante cifra de más de dos millones de desempleados, que reconoce el Dane con sus criterios amañados y que, antes de cambiar los criterios estadísticos, llegó a los tres millones y medio de desempleados. Esto sin hablar del incremento de la informalidad y el subempleo. La consecuencia obvia fue el aumento del hueco fiscal, pues empresario quebrado no paga impuestos, agricultor quebrado no paga impuestos y desempleado no compra y no paga IVA.
Al proceso de agrandamiento del déficit fiscal contribuyó el creciente déficit comercial, pues terminamos importando más de lo que exportábamos, llegando en el 2000 a traer del exterior el doble de lo que vendíamos, diferencia que se debe cubrir con malabares fiscales.
A estos se suman muchos factores imposibles de explicar en tan breve tiempo, pero no se puede prescindir de la enunciación de la política de disminuirle los impuestos a las transnacionales y a los monopolios financieros, bajo la falacia de que se debe atraer la inversión extranjera para generar empleo. Sin embargo la inutilidad de este sacrificio está demostrada con el hecho de que nunca la inversión extranjera ha sido tan grande como en nuestros días, pero nunca el desempleo había llegado a cifras tan pavorosas.
El crecimiento desmesurado del déficit fiscal fue simulado a punta de endeudamiento externo, incremento de los impuestos indirectos y vendiendo a menosprecio las empresas y sectores rentables manejados por el estado.
El endeudamiento externo paso, de diez y siete mil quinientos millones de dólares en 1990 a treinta y siete mil quinientos millones de dólares en el año 2000. Y hoy, cuando la diferencia entre la deuda externa y la interna se confunde, pues son los especuladores financieros y los bancos extranjeros los mayores tenedores de TES y otros títulos de deuda pública, el servicio de deuda se traga casi el 40% del presupuesto nacional. De hecho, el capital financiero internacional nos arruina con la imposición de las políticas de capitalismo salvaje y después convierte la tragedia en negocio mediante un oneroso y condicionante endeudamiento externo. Y como los neoliberales tienen como dogma sagrado que el servicio de la deuda está por encima de las responsabilidades sociales del estado, se terminó imponiendo el Acto Legislativo 01 de 2001, y como las causas del déficit fiscal siguen actuando y se agravan, requieren hoy volver permanente el recorte de las transferencias.
Por cierto, el socorrido intento de sufragar el déficit aumentando y extendiendo impuestos indirectos como el IVA, fracasa y fracasará, así lo lleven al 100% y mezquinen todos los servicios sociales a cargo del estado, porque el fundamento del desajuste fiscal está en la destrucción del aparato productivo nacional con las políticas de libre mercado.
Viene el TLC, que llevará los impuestos de aduana del 15% promedio al 0%, lo que hará que el estado pierda por sólo este concepto más de 800 millones de dólares anuales, aparte de que se multiplicarán las secuelas económicas y sociales señaladas atrás. Los neoliberales con esta reforma buscan adelantarse a la tragedia económica y social que causará este tratado.
Lo anterior indica que en la lucha contra la reforma constitucional que busca volver permanente el recorte de las transferencias, se debe explicar el nexo del déficit fiscal con las políticas de apertura y el crecimiento de la deuda externa, y en ese contexto rechazar la aprobación del TLC. Por lo demás, si la familia está en quiebra, el sentido común indica que al último al que se le debe pagar es al agiotista.
Juan Ahumada Farietta Director Cedetrabajo Capítulo Manizales
www.moircolombia.org
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