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Chanzas pachunas
por Ramiro Bejarano Guzmán
Saturday, Apr. 07, 2007 at 2:08 AM
notasdebuhardilla@hotmail.com
Como según Pacho los servicios de inteligencia de la Policía le advirtieron de una “campaña de desprestigio” en su contra, decidió contarnos que después de haberse entrevistado con Carlos Castaño también se reunió con Mancuso
Habló pacho santos y para no correr riesgos lo hizo en su periódico, desde donde primero se hizo periodista, luego Vicepresidente y ahora estadista. Sin contrapreguntas interesantes, dos sumisos entrevistadores le permitieron a tan ilustre accionista que soltara dos perlitas. Una, pronunciarse a medias, sobre sus encuentros con diferentes delincuentes en sus épocas de redactor de El Tiempo y director de País Libre; y, la otra, soltar el globito de pedir para los sindicados de la parapolítica penas blandas, diferentes a la cárcel y pérdida de sus derechos políticos, curiosamente unos días antes de que Uribe en respuesta a los jefes paramilitares hospedados en Itagüí les reconociera “vocería política” para defender el proceso de paz que también prohija su gobierno.
Como según Pacho los servicios de inteligencia de la Policía le advirtieron de una “campaña de desprestigio” en su contra, decidió contarnos que en su condición de periodista después de haberse entrevistado con Carlos Castaño también se reunió con Mancuso, cuando éste último supuestamente no estaba incurso en ningún delito. ¡Oh privilegio! No nos explicó por qué se entrevistó con Castaño, si para entonces ya era el rey de las masacres, ni para qué se reunió con Mancuso si supuestamente no tenía cuentas con la justicia. Por eso es más que raro que Santos además confiese que se reunió con Mancuso para indagar “cómo podíamos gestionar incluso la entrega de cadáveres”. Es decir, lo vio cuando era “mansa paloma” y lo volvió a ver cuando ya era dueño de los cuerpos de las personas que él debía saber quién los asesinaba. Coincidencia familiar, pues según el libro “Mi confesión” de Carlos Castaño, por la misma época Juan Manuel Santos lo visitaba, no propiamente para rezar.
Es una lástima que los mansos reporteros que entrevistaron a Pacho, no le hubiesen repreguntado, por ejemplo, si no consideraba una contradicción entrevistarse con Castaño o Mancuso para hablar de secuestrados o de cadáveres, bien como periodista o como vocero de una ONG, si como director de País Libre promovió la ley antisecuestro que pretendía encarcelar a los familiares de secuestrados que negociaran con los secuestradores. Difícil entender cómo es que en condición de representante de una entidad contra el secuestro se pedía sanción penal para quienes negociaran con los secuestradores, mientras simultáneamente en esa misma calidad se adelantaban conversaciones con los secuestradores.
Ya Santos con este “desprevenido” reportaje abortó la “campaña de desprestigio” que le anunciaron en la Policía y asunto olvidado, así nadie recuerde cuál fue el trabajo periodístico que quedó de su encuentro con Castaño, ¡ya aparecerá!, ni si aparecieron los cadáveres que andaba buscando con Mancuso.
Con todo, no habrá auto cabeza de proceso, ni una investigación preliminar en la Fiscalía, porque Pacho patentó la fórmula de que cuando es él quien se reúne con bandidos, todo es lícito, no importa que por lo mismo la Corte tenga entre los palos a los visitantes de Ralito.
El Vicepresidente empezó a ambientar la tesis de que hay que olvidar la cárcel para los detenidos de la parapolítica, para cambiarla por palmaditas en la espalda, de manera que todos sigan en la actividad política, como ya lo pidieron las autodefensas. Es lo que quería y le conviene al Gobierno, según lo revelaron los paramilitares en su carta a Uribe, en la que con inusual sinceridad le expresaron que si el hacer política los “hace aparecer como uribistas, finalmente no es tan grave para usted y la gobernabilidad del país”. Por algo será que el jefe de Estado en respuesta a la misiva de los jefes paracos, decidió reconocerles “vocería política”, mensaje que no pasó desapercibido para el diario de los Santos, en cuyo editorial del pasado miércoles sentenciaron que “quizá sea necesario ver a paramilitares y guerrilleros, algún día, haciendo política”.
Como van las cosas, cuando termine este mentiroso proceso de paz, tendremos una nueva clase dirigente conformada por los rehabilitados de la parapolítica y por unos héroes a los que Uribe anticipadamente les concedió “vocería política”, entre otras cosas, para que nadie se atreva a recordarles que fueron criminales o que sus fortunas están manchadas de sangre, corrupción y narcotráfico.
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Adenda.- Al oído del fiscal Iguarán: Si caen los alcaldes del Casanare, ¿cuándo caerán varios burgomaestres corruptos del Valle del Cauca, cuyas fechorías ya conoce la Fiscalía?
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