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GOBIERNO EN DERROTA
por Alberto Aguirre
Tuesday, May. 01, 2007 at 3:09 PM
Dijo Francisco Santos, nada menos que vicepresidente de Colombia (The Miami Herald, 20 de abril), que Al Gore, quien fuera vicepresidente de Estados Unidos, “estaba mal informado y mal aconsejado”. Lo que se ha puesto en evidencia en estos últimos episodios, a más de su cinismo y de su crueldad y de su impudicia, es el infantilismo de la clase dirigente colombiana.
Viven encerrados, como el gurre, en su concha, y no ven más allá de sus narices. O sea, carecen por completo, no ya de autocrítica, sino de la más mínima conciencia de sí mismos.
Viven bajo la falacia de que pueden ordenar el mundo a su imagen y semejanza. Acostumbrados a mandar con violencia y a ser obedecidos sin chistar, creen que el mundo –el resto del mundo– tiene que plegarse a sus órdenes y caprichos, además de dejar impunes sus trapacerías. Es una pura actitud infantil: imponer el capricho en lugar de la razón. Como no son capaces de enfrentar el mundo con sus asperezas y sus durezas y sus contradicciones, mediante argumentos, optan por negarlo y tratan de someterlo a impulsos irresponsables e infundados. En vez de enfrentar los cargos de que se le han hecho en Colombia a dichas castas, y de los cuales Al Gore se ha hecho portavoz, descalifican a éste, tratándolo como si fuera el inspector de policía de Tamalameque: es sujeto que no sabe dónde está parado y que ni siquiera tiene quién lo apuntale. A más son lerdos.
Aflora por este camino otra treta de las castas y de sus miembros más preclaros cuando se trata de enfrentar acusaciones. No solo son endebles, sino tramposos. En vez de responder a los ataques de que son víctimas, y de tratar de deshacerlos con argumentos y razones, se dedican al vituperio de quien ha formulado los cargos. Es lo que se llama el argumento ad hominem: no se refutan las acusaciones, no se desbaratan los argumentos en contra, no se dan razones lógicas de una determinada conducta que ha sido denigrada, sino que incurren en insultos y mentiras hacia quien hizo los cargos. Se cree –es otra ingenuidad infantil– que ocasionando el desprestigio del acusador queda desbaratado y sin piso el cargo que formula. Esta gente no razona en contrario, sino que acude al vituperio del acusador. Por eso, el gobierno y sus paniaguados no refutan las acusaciones a que hizo referencia Al Gore, sino que tratan de desacreditar a éste como individuo. Decir que persona de tanto fuste –fue vicepresidente de Estados Unidos de 1993 a 2001, fue candidato a la presidencia de su país, ha sido profesor de periodismo, es experto ecologista, de respeto mundial, dedicado a luchar contra el calentamiento global, hizo dos documentales sobre este último tema, que ganaron el Oscar– no tiene ni fundamento lógico ni persona que lo asesore, y que además está mal informado, es una baladronada. Todo esto demuestra la inanidad de quienes se refieren, ya que no las refutan, a las acusaciones de paramilitarismo aquí formuladas contra los gobernantes de Colombia.
Pues la otra patochada que inventan castas y gobernantes para eludir cargos y culpas de colusión y paramilitarismo, mencionados por Gore, es que se trata de una maniobra de los demócratas, en Estados Unidos, para derrotar en las próximas elecciones a los republicanos, que hoy tienen el poder ejecutivo. En vez de refutar el cargo que aquí se hace de contubernio entre castas y paramilitares, se fabrican la extravagancia de que atacan a Uribe para vencer así a los demócratas, allá, en Estados Unidos. Uribe sería el mascarón de proa, la punta de lanza del Partido Republicano para derrotar al Partido Demócrata. No sean tan infantiles. A más de ilusos son mensos.
Y es que además no refutan los cargos, aportando pruebas en contrario, sino que se dan golpes de pecho, proclamando su inocencia y su pureza. Han sido impolutos desde que estaban chiquitos. Y les tenemos que creer solo porque ellos lo dicen. Tienen la virtud en el apellido y no en las obras.
En vez de refutar el cargo que aquí se hace de contubernio entre castas y paramilitares, se fabrican la extravagancia de que atacan a Uribe para vencer así a los demócratas, allá, en Estados Unidos.
© Cromos
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