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La torre
por LIBARDO MUÑOZ
Friday, Jun. 01, 2007 at 11:47 AM
libardopress@yahoo.com
Los capitales inmobiliarios imponen sus proyectos y condiciones, aún en las ciudades más empobrecidas, como acabamos de verlo en Cartagena, donde una torre de 59 pisos no se necesita para nada.
Una ventisca torció en pocos minutos una estructura del que iba a ser "el edificio más alto de Colombia", un raro honor que los habitantes de la ciudad que tiene más del 40% de necesidades básicas insatisfechas, no están pidiéndole a los especuladores de la finca raíz.
Hay una expansión de edificios en construcción en Cartagena, cerca de 6 mil apartamentos, con metro cuadrado por encima de los 2 mil dólares, un opíparo banquete del cual la ciudad no participa, pues aquí se desarrolló la curiosa figura de eximir de impuestos a quienes sí pueden pagarlos, dizque para "atraer inversionistas".
En Cartagena, un aguacero de quince minutos provoca una emergencia colectiva. En las lomas de los barrios marginados los pobres tiemblan en las noches tormentosas bajo las láminas de zinc que vuelan como papel, las tablas y los muros rudimentarios se vienen a tierra y las corrientes de lodo se deslizan por las viviendas, arrastrando niños y ancianos.
Las facultades de Comunicación Social que funcionan en Cartagena podrían poner a sus estudiantes el ejercicio de investigar cuántos tugurios de las faldas de La Popa, de El Pozón, de Nelson Mandela y de muchos otros barrios sucumbieron en el amanecer del domingo 13 de mayo pasado, con la seguridad de que encontrarán, aparte de la torcedura de la torre de Bocagrande, una tragedia humanitaria que no mereció el despliegue del fracaso urbanístico de "el edificio más alto de Colombia".
La entidad cívica "Cartagena Cómo Vamos", de la cual forma parte El Universal, citada en editorial del diario El Tiempo del 26 de mayo de 2007, revela un dato alarmante, sólo en el caso de la vivienda popular en esta ciudad.
Dice El Tiempo: "el déficit habitacional es dramático: se hicieron 31 viviendas frente a una meta de 1.547 en 2006; de 21.450 viviendas en zonas de alto riesgo se reubicaron 45..."
Sorprende la descoordinación del Distrito en los controles previos a la construcción de la torre de Bocagrande y los antecedentes de quienes aparecen como gestores del proyecto.
Sobre este aspecto, El Universal editorializó: "a nadie le parece raro que a las obras de construcción no les exijan el cumplimiento de las medidas de seguridad más elementales..."
Los damnificados del aguacero de 36 horas de noviembre de 2004 todavía están esperando las casas prometidas, porque, sencillamente, esa es una contratación sin atractivos para la mercantilización y la privatización de los componentes sociales que caracteriza al neoliberalismo imperante.
En el siglo XIX, Federico Engels expresó una frase que nadie ha podido refutar: "En el capitalismo, el que sucumbe es aplastado sin piedad". Esa verdad de más de 150 años, está hoy más viva que nunca.
Las clases medias y bajas naufragan en un mar de pobreza que contrasta con la concentración del dinero en manos de unos pocos, mientras el Estado se deshace de sus obligaciones en salud, vivienda, empleo y educación. Los éxitos financieros de "unos pocos", son puestos como ejemplo de la "libre empresa", pues eso es lo que la ultraderecha entiende como democracia.
En el caso de la torre de Bocagrande, la Alcaldía Distrital le debe más de una explicación a esta pobre ciudad.
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