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TLC y acuerdo demócratas - republicanos: siguen dificultades, se postergan decisiones
por Enrique Daza
Friday, Jun. 01, 2007 at 6:14 PM
recalca@etb.net.co
El gobierno de Uribe ha accedido en el TLC a todas las exigencias de Estados
Unidos. Después de cerrada la negociación, aceptó exigencias adicionales en
temas como carne y pollo; hizo concesiones unilaterales en todos los asuntos que
debieron negociarse en el TLC y ahora, nuevamente, cederá ante las exigencias
de hacer modificaciones a los textos. Su debilidad ha llegado a tal extremo que
tendrá que aceptar las exigencias en materia de parapolítica y derechos
sindicales.
El trámite del TLC refleja un fracaso de todas las estrategias de Uribe. Después
de haber montado varios gigantescos operativos de cabildeo para que el TLC
fuera aprobado rápida y conjuntamente con el de Panamá y Perú, el resultado
fue que la ratificación se ha postergado indefinidamente y no tiene la suerte
clara. La estrecha alianza con Bush en lugar de facilitar el trámite lo ha
dificultado y en Estados Unidos se acrecientan las reservas sobre los tremendos
escándalos en que se ha visto inmerso el ejecutivo colombiano.
Ha quedado claro que el texto que se tramitará en EEUU será diferente al que
hace curso en Colombia, que las modificaciones no se harán por medio de cartas
adjuntas y que la alianza Uribe – Bush – Multinacionales puede ser derrotada por
la alianza de los pueblos, incluyendo el estadounidense. Los cambios propuestos
por los demócratas son de tal alcance que no se sabe cuál será el texto final,
pero con toda seguridad no será el que el gobierno sometió a consideración del
Congreso y ni siquiera hay claridad sobre cuáles serán los textos finales de los
TLC de Perú y Panamá que van más adelante en el trámite.
En Colombia se están librando importantes batallas, en las cuales de una u otra
manera tiene que ver la política acordada en el TLC. El paro universitario y de
educadores y el exitoso paro nacional del 23 contribuyen a que la opinión
nacional e internacional se de cuenta de que el pueblo colombiano tiene una
opinión adversa a la política gubernamental.
Por otra parte, el gobierno de Bush tuvo que ceder a las exigencias de los
demócratas y Uribe Vélez vio nuevamente frustradas sus esperanzas de tramitar
rápidamente el TLC. Esto constituye un nuevo obstáculo para la concreción del
TLC y revela que la agenda del libre comercio no tiene el camino pavimentado.
Después de varios meses de negociaciones, la administración Bush selló un
acuerdo con la principal vocera del Partido Demócrata, Nancy Pellosi y con
Charles Rangel, presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios. La AFL, principal
sindicato de Estados Unidos, alabó inicialmente lo que calificó como progresos
para proteger los derechos laborales y el medio ambiente en los tratados de Perú
y Panamá, pero se reservó una opinión definitiva para cuando estuviera el texto
definitivo.
Los Teamsters1 señalaron que el acuerdo iba en la dirección correcta, pero que
no era lo suficientemente fuerte para apoyarlo y lo consideraron un acuerdo
secreto entre el Congreso y la administración Bush, dado que la rueda de prensa
en la cual se presentó fue organizada a último minuto y no fue precedida de una
reunión de la bancada demócrata tal como muchos congresistas habían pedido.
El acuerdo establece los lineamientos a tener en cuenta en los tratados, pero no
establece los textos, hace falta ver cómo se incorporarán estos acuerdos a los
mismos. Los tratados con Colombia y Corea del Sur serán modificados en el
mismo sentido. Entre tanto, está descartado que las modificaciones se hagan
mediante cartas adjuntas.
El acuerdo permite entender que sobre los puntos más lesivos e inequitativos
para los países que los suscriben con EEUU y que conforman el cuerpo principal
de los TLC, hay un acuerdo básico entre demócratas y republicanos. También
existe una voluntad unificada de promover nuevas exportaciones de esa potencia
y tomarse nuevos mercados con reglas que sobrepasan las establecidas por la
OMC.
La administración Bush tuvo que ceder ya que había ofrecido solamente
aclaraciones por medio de cartas adjuntas y, pese a su voluntad, acordó incluir
en el texto, algunas de las exigencias de los demócratas. Éstas incluyen que en
los TLC se incorporarán la adopción, mantenimiento e implementación en sus
leyes de la práctica de las cinco normas básicas de trabajo internacionales,
indicadas en la Declaración de 1998 de la Organización Internacionales del
Trabajo: la libertad de asociación; el reconocimiento efectivo del derecho de
negociación colectiva; la eliminación de todas las formas de trabajo forzado; la
abolición efectiva del trabajo de menores, prohibición de las peores formas de
trabajo infantil; y la eliminación de la discriminación con relación al empleo y la
ocupación.
La AFL consideró que la administración Bush carece de la voluntad para aplicar y
hacer cumplir estos acuerdos. Por otra parte, la historia del libre comercio
permite establecer con claridad que éste se basa fundamentalmente en el
trabajo barato y en la degradación de las condiciones laborales. Los empresarios
y el gobierno norteamericano se preocupan por la situación laboral en aquellas
empresas que exportan a EEUU, para no sufrir una competencia basada en
salarios bajos, pero no les interesa la situación general de los trabajadores e
incluso Portafolio considera que las peticiones en el terreno laboral tendrían
unos fines proteccionistas.
Una definición como la establecida servirá a los empresarios norteamericanos
como herramienta proteccionista. El acuerdo establece que los firmantes no
deteriorarán las condiciones laborales y establece que no se puede acudir al
argumento de la falta de recursos para excusar el fracaso en la implementación
de estos principios. Se incluye el mecanismo de solución de controversias para
este capítulo. Los negociadores norteamericanos se están asegurando por su
parte de que el texto que finalmente se acuerde no implique modificaciones en
su propia legislación. Estas definiciones no son más que una coartada para que
los demócratas puedan apoyar el resto de las estipulaciones de los TLC sin
enemistarse con sus sindicatos.
En materia ambiental se acordó que los firmantes se acogerán e implementarán
en sus leyes y prácticas siete acuerdos ambientales multilaterales comunes: la
Convención sobre el Comercio Internacional de Especies En Peligro CITES, que
establece la garantía de que el comercio no amenace la existencia de estas
especies y que ha sido suscrito por 171 países; el Protocolo de Montreal que
controla las sustancias que agotan la capa de Ozono; la Convención sobre la
Polución Marina; la Convención Atunera Tropical Interamericano; la Convención
Ramsar sobre los Humedales; la Convención internacional sobre la caza de
Ballenas; y la Convención sobre la Conservación de los recursos marinos del
antártico. Se habla, también, de prohibir el deterioro de las normas ambientales
y se establece el mecanismo de solución de controversias, pero nuevamente
estos aspectos se refieren a aquellos aspectos ambientales que tengan que ver
con el comercio exterior y es falso que haya una preocupación ambiental en el
TLC. Para el Perú se establecen normas restrictivas para la tala de árboles,
especialmente la caoba, asunto sobre el cual Perú ya estaba adoptando de
antemano restricciones y controles. Como Estados Unidos se caracteriza por no
haber suscrito casi tratados en materia de medio Ambiente, los negociadores
duraron semanas tratando de establecer cuáles acuerdos han sido suscritos por
los gobiernos implicados, con lo cual se da la falsa apariencia de una intensa
preocupación por este tema. Nuevamente las modificaciones introducidas más
que para preservar el Medio Ambiente serán una herramienta de protección para
Estados Unidos.
En el tema de los genéricos se cambia el periodo de “exclusividad de datos” (el
período en el cual un fabricante genérico no puede usar datos de prueba clínicos
de un fabricante innovador de droga) para descontar el tiempo para entrar en el
mercado más rápidamente. Se aclara en el nuevo texto que el TLC no impide a
los países del TLC tomar medidas para proteger la salud pública y se deja a los
países la responsabilidad de expedir una legislación que proteja las patentes y las
expida rápidamente. Estos cambios no resuelven las exigencias hechas por los
defensores de la salud pública en Colombia y se refieren a los aspectos que
menos impacto tienen en las restricciones a los medicamentos genéricos.
Se dan facultades proteccionistas a EEUU para hacer más restrictivas las compras
estatales y se asegura que EEUU puede, alegando seguridad nacional, restringir
las operaciones en sus propios puertos, además que se asegura que los
inversionistas extranjeros en los Estados Unidos no tendrán mayores beneficios
que los inversionistas de EEUU cosa que no se aplica a los derechos de los
inversionistas de EEUU en los demás países.
El acuerdo incluye un punto importante y se trata de unos fondos para un
programa de capacitación de la mano de obra que constituye el “plato de
lentejas” obtenido por los demócratas. Con jugosos fondos para “compensar” las
perdidas en el terreno laboral y que es el equivalente estadounidense al plan
“agro ingreso seguro” de Colombia.
El acuerdo ratifica la voluntad bipartidista de asegurar nuevos mercados y de
procurar lo que denominan estabilidad geopolítica de la región. La voz de los
demócratas de izquierda en Estados Unidos, apenas se escuchó débilmente. Bush
logró su propósito de dividir a los demócratas, pero siguen las negociaciones y el
vicepresidente Santos afirma que hay que hacer cuatro viajes más a Washington
para conseguir los 40 votos demócratas que necesitan para hacer aprobar el
tratado.
Rangel y Levin anunciaron que este acuerdo no era suficiente para el caso de
Colombia con lo cual se deberían asumir los cambios establecidos y obligaciones
adicionales más allá de lo estipulado en el mismo. Estas obligaciones,
anunciaron, serían negociadas entre la administración del Congreso de Estados
Unidos y el gobierno de Colombia, además, informaron que el acuerdo había sido
establecido para Perú y Panamá. Por otra parte, para el caso colombiano,
especificaron que existían serios problemas como la sistemática y persistente
violencia contra los sindicalistas y otros defensores de derechos humanos,
problemas de impunidad y sobre el rol de los paramilitares en la perpetuación de
esos crímenes. Estas provisiones, dijeron, pueden incluir un fuerte
fortalecimiento de la Fiscalía y anunciaron una visita a Colombia para tener
informaciones de primera mano. Pellosi, en días anteriores, había pedido que el
gobierno colombiano investigue y juzgue a los oficiales que están vinculados a las
fuerzas paramilitares. La dirección demócrata aceptó comprometerse en los TLC
y aunque exceptuó a Colombia con muchos reparos, lo cual saca al país del
cronograma de aprobación inmediata, asegura la aprobación a mediano plazo
cuando el gobierno se comprometa, si puede, a adoptar las medidas adicionales
las cuales no forman parte del texto del TLC sino que serían compromisos ex
tratado.
Después del 4 de junio, cuando el Congreso de EEUU reanude sus sesiones, se
podría hacer la “renegociación” la cual implica para Uribe decir que sí a todo. Lo
previsible es que antes del 25 de mayo se concerten los nuevos textos para Perú
y Panamá y que se establezca el marco para los “compromisos adicionales” de
Colombia y que el TLC entre a finales de junio o julio al Congreso de EEUU. Los
demócratas de EEUU se dividirán lo mismo que los sindicatos.
El gobierno de Uribe fue derrotado en su propósito de hacer ratificar
rápidamente el TLC y ha anunciado que se conforma con la ampliación del
ATPDEA. Mientras tanto, los escándalos de la parapolítica en lugar de aplacarse
parecen multiplicarse y agravarse. Ahora Uribe está ante la situación en que
debe arrodillarse para aceptar las modificaciones de los demócratas y recibir con
docilidad las exigencias en materia de paramilitarismo e investigación de los
asesinatos de sindicalistas.
La situación en Colombia amenaza con caldearse, las grandes movilizaciones de
estudiantes universitarios y de maestros contra la ley de transferencias y el Plan
de Desarrollo, y el paro nacional del 23 de mayo introducen en la opinión una
crítica del movimiento popular sobre la política gubernamental y se convierten
en un obstáculo serio para la aprobación de la agenda gubernamental incluyendo
el TLC.
Notas:
1 Los Teamsters son la Unión más grande y más diversa de América.
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