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El movimiento de las víctimas por sus derechos continúa su marcha irrefrenable
por Iván Torres
Saturday, Jun. 30, 2007 at 11:30 PM
“Dijo Gaitán: Ponga fin señor Presidente a la violencia.
Todo lo que le pedimos es la garantía de la vida humana,
que es lo menos que una nación puede pedir.
Pero no hubo respuesta del gobierno. Las masacres continuaron”.
El año 1948 despuntaba. Eran los trágicos tiempos del gobierno conservador de
Mariano Ospina Pérez. Los campos estaban asolados, las gentes abandonadas a su
suerte y los campesinos morían asesinados por las bandas paramilitares de la
época. La impunidad era el orden impuesto. Colombia empezaba a erigirse como
“la tierra del olvido”.
El 7 de febrero de ese año --el mismo de su asesinato--, Jorge Eliécer Gaitán se
decide a convocar a las víctimas de la violencia, a los humildes todos, a quienes
se veían obligados a apreciar el desangre permanente de los suyos y, junto con
ellos, generó una de las más impresionantes movilizaciones que recuerde el país:
la “Marcha del Silencio”. Ese día, tal y como lo expresara en su célebre “Oración
por la Paz”, Gaitán resaltó un hecho político sin precedentes: gentes venidas “de
todo el país, de todas las latitudes –-de los llanos ardientes y de las frías
altiplanicies--1”, llegaban a la capital, se congregaban en la Plaza de Bolívar, y lo
hacían con un único propósito: “expresar su irrevocable decisión de defender sus
derechos”. Más de 100.000 personas salieron a la calle aquella fría noche
bogotana.
Las multitudes gaitanistas generaron aquel día un hecho cultural y político de
gran envergadura. Alquímicamente transformaron su dolor y su rabia en emoción
contenida y ello les permitió expresarse de una manera contundente. Aquella
noche la multitud habló y lo hizo con la fuerza demoledora del silencio. Dicen
que lo único que se escuchó en la plaza --y en la casa presidencial--, fue el latido
de más de un centenar de corazones saltando como un único corazón ansioso.
Dicen también, que del fondo de aquél corazón salió un único clamor, un clamor
que se trastocó en exigencia al brotar del corazón y la boca de Gaitán: “Señor
Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas.
Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos
avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de
civilización!2”.
Mucha sangre ha corrido bajo el puente desde aquel entonces; sin embargo, ni la
barbarie, ni el uso sistemático de la violencia política, han logrado acallar la voz
de las víctimas, ni han logrado impedir su marcha inexorable por la
reivindicación de sus derechos.
Son muchas las acciones adelantadas desde las víctimas para esclarecer la suerte
de sus seres queridos, para buscar justicia por la violación de sus derechos, para
evitar que los suyos se refundan en el olvido, y para impedir que lo sucedido sea
sepultado bajo el manto de la impunidad; baste citar como ejemplo:
- El trabajo incansable de la señora Fabiola Lalinde por encontrar el cuerpo
de su hijo Luis Fernando Lalinde, detenido y desaparecido por tropas del
Batallón Ayacucho el 3 de octubre de 1984 en la vereda Verdún del
municipio de El Jardín (Antioquia), su labor para ayudar a esclarecer que
los responsable de su tortura y posterior desaparición forzada fueron el
capitán Jairo Enrique Piñeros Segura, los subtenientes Jaime Andrés
Tejada González y Samuel Jaimes Soto, y el cabo segundo Medardo
Espinosa Areiza, y su búsqueda de justicia al llevar el caso ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
- El esfuerzo de las comunidades indígenas del Cauca y el Colectivo de
Abogados José Alvear Restrepo para ayudar a esclarecer los hechos
ocurridos en la Hacienda “El Nilo”, corregimiento El Palo, de Caloto
(Cauca), el 16 de diciembre de 1991, día en que un grupo paramilitar
asesinó a 20 comuneros indígenas, entre quienes se contaban Jairo Secue,
Domingo Calis, Daniel Pete, Adan Mestizo, Darío Coicue, Feliciano Otelo,
Calicio Chilhueso, Mario Julique, Edgar Mestizo, Jesús Pete, Julio Dagua,
Carolina Tombe, Ofelia Tombe, José Elías Tombe, Floresmiro Viscué,
Leonidas Casaschin, y José Elías Ulcué, y su búsqueda de justicia al llevar
el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
- La labor adelantada por la Fundación Manuel Cepeda para ayudar a
esclarecer el asesinato del senador de la Unión Patriótica y miembro
destacado del Partido Comunista Colombiano, Manuel Cepeda Vargas,
ocurrido el 9 de agosto de 1994, su esfuerzo por contribuir a la tarea de
evidenciar que dicho crimen fue el resultado de una operación de guerra
sucia perpetrada por agentes estatales y grupos paramilitares, ayudar a
condenar a los suboficiales del Ejército Nacional Hernando Medina
Camacho y Justo Gil Zúñiga Labrador como autores materiales del crimen
y, su trabajo incansable junto al Colectivo de Abogados José Alvear
Restrepo para buscar justicia y llevar el caso ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos.
- El arduo proceso de documentación adelantado por la Corporación
Reiniciar para dar cuenta de las violaciones cometidas contra las y los
integrantes de la Unión Patriótica, evidenciar la persecución sistemática
contra sus miembros, dar cuenta del daño del que fue objeto dicho
movimiento político, y la gestión adelantada junto con la Comisión
Colombiana de Juristas para presentar el caso del genocidio de la Unión
Patriótica ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos;
demanda que fue respaldada con un listado inicial de 1.163 asesinatos,
123 desapariciones forzadas y 43 atentados perpetrados contra integrantes
de dicha organización, en razón de su filiación política.
- La conformación del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado,
experiencia organizativa que nace en el 2005 durante el Segundo
Encuentro Nacional de Víctimas de Crímenes de Lesa Humanidad y
Violaciones a los Derechos Humanos, la cual recoge un acumulado
histórico de luchas de las víctimas por los derechos a la verdad, la justicia
y la reparación integral en Colombia y, adopta como antecedente el
trabajo realizado en el seno del Proyecto Nunca Más Crímenes de Lesa
Humanidad, esfuerzo investigativo y de acción política, orientado a
salvaguardar la memoria de muchos de los crímenes perpetrados entre
1996 y 1998 y, a documentar cerca de 41.400 casos de torturas,
desapariciones forzadas, y ejecuciones extrajudiciales3.
Como puede verse, las víctimas nunca han dejado de movilizarse, ni han cesado
en su empeño de diseñar dispositivos orientados a exigir verdad, justicia y
reparación integral y/o a construir mecanismos que garanticen la no repetición.
En este contexto, y buscando apoyar esta labor, surge la idea de organizar el
Encuentro de Víctimas pertenecientes a Organizaciones Sociales, esfuerzo que ha
logrado concitar el interés de un sinnúmero de expresiones organizativas de la
sociedad civil, en especial de las víctimas, y que se orienta a: i) aumentar y
extender la visibilización de las víctimas; ii) establecer el impacto que han
tenido los diferentes procesos de violencia sobre las organizaciones y la manera
en que se han visto afectados sus tejidos sociales; iii) promover espacios para
caracterizar la responsabilidad del Estado, los paramilitares y demás grupos
armados en la violencia política; iv) propiciar procesos de interlocución con la
Fiscalía General de la Nación y los organismos de control del Estado, con el
ánimo de clarificar sus obligaciones para con las víctimas e; v) iniciar una gran
discusión sobre el derecho de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación
integral, en especial en su dimensión colectiva.
Al igual que en 1948, el Encuentro de Víctimas pertenecientes a Organizaciones
Sociales se realizará en Bogotá, durante los días 26, 27 y 28 de julio. En esta
ocasión, como en aquel entonces, las víctimas se vienen movilizando desde las
diversas esquinas del país. Ya hay cerca de 2.000 personas inscritas. De manera
que el Distrito Capital albergará a centenares de colombianos y colombianas que
vendrán en representación de las organizaciones sociales, políticas, sindicales,
comunales, campesinas, indígenas, afro-descendientes, de mujeres, de
desplazados, de las juventudes, y que llegarán de una veintena de
departamentos y regiones.
Metodológicamente, el Encuentro tendrá tres momentos. El primero, busca que
las organizaciones, poblaciones y sectores se reúnan y caractericen la
victimización de que fueron y son objeto, y que establezcan el estado en que se
encuentran las investigaciones de dichos crímenes. El segundo, contempla un
proceso de intercambio para establecer las características comunes de la
victimización, establecer los elementos mínimos que debe contemplar una
política de reparación colectiva y, establecer los casos que ameritan
reparaciones diferenciales. El tercero, busca presentar los resultados de dichas
deliberaciones ante la Fiscalía General de la Nación y los organismos de control
del Estado mediante la realización de una audiencia pública.
Pero este esfuerzo de visibilización de las víctimas no sólo se propone la tarea de
lanzar un mensaje ético de reclamo ante la sociedad, el Estado y el actual
gobierno, sino que pretende generar avances en la definición de criterios que
orienten el diseño de una política pública que propenda por la búsqueda efectiva
de la verdad, la justicia y la reparación, además de impulsar reformas
institucionales que eviten la impunidad, promuevan la actuación política de la
oposición en condiciones dignas y garanticen la no repetición de la violencia
política y la guerra sucia.
El Encuentro busca generar canales de comunicación con la ciudad y por ello,
además de generar una serie de intervenciones culturales, culminará con una
gran movilización hacia la Plaza de Bolívar, espacio que Gaitán caracterizara
como el “símbolo de nuestras libertades”, allí, de cara al país, hará públicas las
conclusiones de sus deliberaciones y las apuestas políticas contenidas en ellas.
Qué bueno sería encontrarse allí con los 60.000 estudiantes y los 150.000
maestras y maestros que días atrás se movilizaron en defensa de la educación y
de la universidad publica.
Qué bueno sería encontrarse allí, con todos aquellos y aquellas que se rehúsan a
aceptar que la convivencia pueda ser el fruto de una política de tierra arrasada,
aquellos que piensan que nos urge encontrar una salida negociada al conflicto
armado que nos desangra, y que tienen la certeza de que un acuerdo
humanitario puede ser un paso importante para la necesaria e inaplazable
construcción de la paz.
Qué bueno sería encontrarse allí con ese centenar de artistas e intelectuales y
con las 660.000 personas que han respaldado con su firma el manifiesto que
presentaron durante el Encuentro Nacional de Arte y Poesía por la Paz de
Colombia celebrado en Medellín, documento en el cual se manifestaron
“indignados y dolidos por la guerra que arrasa al país, por la continuación de la
barbarie paramilitar, por la infamia de sus cementerios clandestinos y sus
escuelas de descuartizamiento, por una Ley de Justicia y Paz que no es de paz ni
de justicia, sino el premio y el perdón para los peores asesinos de la historia de
Colombia y que, además, esconde la verdad, principio y esencia de la justicia”4.
Qué bueno sería encontrarse allí con los cientos de ciudadanos y ciudadanas que
se han manifestado indignados por la muerte de los 11 diputados del Valle que se
encontraban secuestrados por las FARC, aquellos que rechazan el rescate militar
como mecanismo para poner fin al drama del secuestro, y quienes sienten en lo
más profundo de sus corazones que no encontraremos sentido a nuestras vidas si
no nos empeñamos en conocer la verdad de éste y de todos los casos de
violaciones a los derechos humanos vengan de donde vengan.
Qué bueno sería encontrarnos allí para hacer sentir nuestra voz, para repetir con
Gaitán las palabras con las que comenzamos este escrito: “Ponga fin señor
Presidente a la violencia. Todo lo que le pedimos es la garantía de la vida
humana, que es lo menos que una nación puede pedir”. Solo así, impediremos
que se siga repitiendo la segunda frase de nuestro epígrafe inicial: “Pero no hubo
respuesta del gobierno. Las masacres continuaron”.
Notas
1 Ver: Gaitán, Jorge Eliécer. Oración por la Paz.
2 Op.cit.
3 Ver: Movimietno de Víctimas
4 Ver: Por la Paz. Artistas e intelectuales. En El Tiempo. Lecturas Dominicales. Bogotá, 24 de
junio de 2007. Pág.2.
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