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La barbarie de las Farc (UN PAÍS DE VÍCTIMAS)
por María Jimena Duzán
Monday, Jul. 02, 2007 at 4:39 PM
Si este país estuviera en sus cabales, a esta hora las calles de las principales ciudades de Colombia deberían estar atestadas de gente marchando en repudio por el vil asesinato de los 11 diputados del Valle, acribillados en cautiverio por sus propios secuestradores, en un acto de barbarie de las Farc.
El país entero, las organizaciones sociales, los empresarios, los partidos políticos de derecha, de centro y de izquierda, es decir, lo que hemos dado en llamar sociedad civil, se tendrían que haber solidarizado con las víctimas de este lamentable acto terrorista y a estas horas las Farc habrían sentido el peso de esa condena social, como lo siente la Eta en España cuando mata a un concejal.
Sin embargo, hoy en las calles de Colombia nadie protesta. Ni la gente sale indignada a exigirles a las Farc que no nos irrespete con su cinismo y el de sus comunicados, en que se atreven a hablar del derecho internacional humanitario cuando ni siquiera respetan la vida de sus secuestrados ni devuelven el cuerpo del soldado muerto en cautiverio hace ya varios meses. Muy por el contrario, el país procede a cambiar de chip como siempre. Al igual que hace ya varios años, cuando, tras la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y la retoma del Ejército, y del desastre de Armero, se sentó a ver el reinado nacional de belleza como si nada hubiera pasado. Ese país volvió a hacer lo mismo el jueves pasado: se levantó con la noticia de la muerte de los 11 diputados, pero por la noche, cuando aún los familiares de los diputados no terminaban de llorar a sus seres queridos, se pasó de la tragedia a la fiesta del fútbol en un dos por tres.
Ni siquiera la Selección Colombia, ni sus hinchas pidieron un minuto de silencio por las víctimas de este acto terrorista, en su partido inaugural de la Copa América, como bien nos lo recordó ayer Ximena Guitiérrez en su columna de EL TIEMPO.
La única voz que se ha dejado sentir es la de Gustavo Moncayo, que ya lleva más de diez días de caravana por todo el país abogando por la liberación de su hijo. A donde llega le pide al Gobierno la realización de un acuerdo humanitario al tiempo que se declara en contra de los rescates militares. Sin embargo, este tipo de protestas, según acuciosos del régimen, como José Obdulio Gaviria, son poco convincentes por venir de donde vienen. Es decir, por venir de una víctima del secuestro, de una víctima de un conflicto que él pretende seguir negando.
En un foro realizado por la revista Semana hace unos días, José Obdulio afirmó que los familiares de los secuestrados padecían de un síndrome ocasionado por el hecho de que sus mentes las tenían secuestradas las Farc y que, por ende, el Gobierno entendía su tragedia, pero que no podía tomar en serio sus peticiones. Esta tesis, la de descartar las peticiones que hacen los familiares de los secuestrados, es decir, las víctimas de este conflicto, por considerarlas viciadas por el dolor, es una tesis de difícil aplicación en un país gobernado por víctimas: comenzando por el Presidente, por el Vicepresidente, por el Canciller, por la Ministra de Educación, por el Procurador, etc. En este caso, José Obdulio no se atrevería a decir que las propuestas que ellos emiten están viciadas por el dolor.
En temas como estos, deberíamos ir labrando un consenso, en lugar de enfrascarnos en debates ideológicos que ya creíamos superados, como el que ha vuelto a traer el Presidente a colación al negar la existencia de un conflicto en el país. Si no hubiera conflicto, el Gobierno sabría dónde están los cuerpos de los diputados, habría conseguido atrapar a los asesinos de las Farc y los familiares de las víctimas no estarían en el limbo en que están hoy.
Independientemente de las Farc, de su terrorismo, de sus atropellos contra la población civil, que tanto debemos repudiar todos los demócratas, es necesario despolitizar de toda carga ideológica el tema del acuerdo humanitario. Y el único que puede hacerlo es una de sus víctimas notables: el Presidente.
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