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Gregory Meeks y Edgar Ulises Torres no representan a las comunidades afro-colombianas
por Marino Córdoba, Director Afrodes-USA
Saturday, Jul. 07, 2007 at 1:35 PM
Aunque afro colombianos arrodillados al poder y el dinero negocien con Uribe la sangre de miles y miles de muertos negros y defiendan su gobierno en Estados Unidos, nosotros, las víctimas, seguiremos diciendo quiénes son los victimarios. Aunque Uribe nombre ministros y generales negros, si no se resuelve de raíz la tragedia de nuestro pueblo y se respetan sus derechos integrales no callaremos nuestras voces.
Por: Marino Córdoba Director Afrodes-USA (*)
Washington, DC., 28/06/2007. Cinco años de resignación forzosa en Estados Unidos han estado dedicados a trabajar pensando siempre en cómo, desde lo internacional, alguien puede ayudar a parar el sufrimiento de mi gente negra, de la gente más vulnerable de Colombia, de la gente que día a día sufre en medio de la fraticida guerra interna que nos acorraló y destruyó nuestro proyecto de vida y lucha pacífica.
Estados Unidos es un país de serios contrastes políticos, sociales y económicos, pero pese a ello la voz de los Afro colombianos clamando auxilio empieza a hacer eco, comienza a escucharse y se comienzan a ver leves resultados que con persistencia en el trabajo, -como lo hemos venido realizando hasta ahora, buena coordinación y participación del movimiento negro nacional y de nuestros aliados, tanto nacionales como internacionales-, serán más positivos en beneficios de las comunidades negras, indígenas y marginadas colombianas en general.
Fui invitado por primera vez a los Estados Unidos por Acción Permanente por la Paz, una organización de norteamericanos preocupados por la política internacional de Estados Unidos en países pobres Latinoamericanos. Acción Permanente por la Paz tiene más de 20 años de trabajo en El Salvador, Guatemala y Cuba, países seriamente golpeados por la mafia de la corrupción, la pobreza y la nefasta política internacional de los diferentes gobiernos de Estados unidos. Esta organización, integrada por individuos principalmente religiosos, estudiantes y académicos (Witness for Peace), tiene un radio de acción y trabajo en varios estados de los Estados unidos.
El 26 de Septiembre del 2001, quince días después del desastroso acto terrorista que destruyó las torres gemelas de New York y parte de las instalaciones del Pentágono, en Washington, DC, (11 de Septiembre) llegué a allí para participar en varios eventos públicos organizados por la coalición de organizaciones que desde Estados Unidos trabajan unidas para lograr que la voz de los que sufren en Colombia sea escuchada, y logre cambios profundos en la política internacional que beneficien a los más pobres.
Para entonces el Plan Colombia era el bebé de Andrés Pastrana y Clinton. El Plan Colombia iniciaba su vida armamentista y las organizaciones sociales sabíamos que éste sería el mismo modelo que se utilizó en Nicaragua y El Salvador, por lo que la misión era parar ese monstruo educando a los contribuyentes norteamericanos.
Recién me recuperaba de un impacto de bala en la pierna izquierda que había recibido en Bogotá, y regresaba de participar de la Conferencia Mundial contra el Racismo, Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia, realizada en Durban, Sudáfrica, a la que había asistido en representación de la Asociación de Afro colombianos desplazados-AFRODES, de la que cual era su presidente.
Iniciamos la gira en la ciudad capital de Washington, DC, y viajé por varias ciudades de Estados Unidos dando conferencias por dos meses. Durante esos días y en jornadas de cuatro y hasta cinco reuniones diarias, pasé por los Estados de Carolina del Norte, Carolina del Sur, Kentucky, Alabama, California, Nuevo México, Arizona y Los Ángeles. Un Afro colombiano desplazado, perseguido por paramilitares y desprotegido por la política y programas del Estado colombiano era recibido por norteamericanos con amor y solidaridad.
Por cinco años guardé en silencio la forma como los paramilitares y militares, juntos, atacaron mi humilde pueblo en 1996. Vi los asesinatos de varios líderes comunitarios y compañeros de trabajo, me salvé de varios atentados contra mi vida e hice parte del desplazamiento forzados de más de 20.000 personas de Riosucio, Chocó. No tenía más palabras que contar entre sollozos esa historia, historia que en muchos de los eventos donde hablaba no podía terminar porque las lágrimas cubrían mi cara y mis palabras se entrecortaban del llanto. Mi discurso en cada evento era mi experiencia de vida, mi lucha y sueños de vivir en un país con justicia social para todos.
Fui recibido en muchos lugares como se reciben a los que luchan con dignidad y eso me hizo merecedor de varios reconocimientos públicos. El 19 de Octubre del 2001, en la ciudad de Henderson, Kentucky, recibí el premio de Paz y Justicia (Peace and Justice Award). El mismo día en la ciudad de Louisville, el Consejo del Municipio me concedió el Certificado de Merito (Certificate of Merit), y el Alcalde de esa misma ciudad de Louisville declaró el 19 de Octubre como el Día de Afrodes (AFRODES Day).
Muchos artículos de prensa y entrevistas en la radio y TV. fueron publicados citando mi testimonio y cómo la ayuda económica y militar que Estados Unidos estaba dando a Colombia en el paquete conocido como Plan Colombia estaba contribuyendo a destruir vidas, sueños, pueblos humildes y marginados históricamente en Colombia.
Un hecho muy importante en cada una de las presentaciones era cuando describía la lucha histórica de las comunidades afro-colombianas por autonomía, cultura, dignidad y territorio. Los hermanos Afro americanos no podían entender que los afro colombianos sumaran el 26% de los colombianos, no podían imaginarse que aún estuvieran viviendo la peor tragedia humanitaria del siglo XXI, sumado a la discriminación y marginalización histórica, en una nación con las mejores leyes del mundo y la democracia más antigua del continente.
Regresé a Colombia con el compromiso y satisfacción de haber realizado un buen trabajo, con el compromiso de haber dicho la verdad y con la esperanza de alcanzar solidaridad para no seguir pisando descalzo en el suelo de las espinas. Durante esos días de duro trabajo en Estados Unidos sentía el descanso de la no persecución y el temor de ser asesinado, pero ese descanso mental y psicológico duró poco. La situación se sentía más insegura y los ruidos que causan los que traen consigo dolor y muerte eran más evidentes, sentía que en cualquier momento sería desaparecido cuando caminaba las calles de Bogotá sin medidas de seguridad o protección alguna. Un Congresista Afro americano conoció de esta situación y pidió que saliera de Colombia.
Volví a los Estados Unidos a principios del 2002, para quedarme y dispuesto a continuar trabajando lo que había iniciado mientras que mi familia seguía en Colombia, pero tenía la seguridad que un día podía estar junto a ellos. Las invitaciones siguieron llegando a Marino para que viajara y siguiera dando testimonio de su vida y su lucha. Más y más personas seguían escuchando mi historia, más y más personas ofrecían apoyo y solidaridad para con las víctimas de la guerra en Colombia.
Motivados por mis palabras e invitaciones, muchos norte americanos viajaron a Colombia, especialmente afro-americanos, quienes querían conocer de la suerte de sus hermanos afro-descendientes-colombianos en particular. Estos hechos me llevaron a trabajar en conjunto con organizaciones de derechos humanos y varias delegaciones de asistentes de congresistas afro-americanos a Colombia, de líderes religiosos, académicos, estudiantes, activistas y afro-americanos.
A medida que mas gente viajaba a Colombia y regresaban de su impactante viaje se convertían en educadores contando sus experiencias alrededor de Estados unidos, así que más aliados teníamos cada día, porque la situación de derechos humanos de Colombia no se puede ocultar con las manos. También iniciamos a movilizar líderes de Colombia a Estados Unidos para reforzar el trabajo y el conocimiento de la realidad del país.
Hoy me siento orgulloso de todo ese trabajo y dedicación, porque se ha ido cruzado en las venas de muchas personas y corre como sangre en debates políticos en Estados Unidos. Aunque en Colombia Uribe saque ventajas políticas de este trabajo, nosotros seguiremos pidiendo solidaridad internacional para Colombia y los colombianos más pobres, negros e indígenas.
Me siento orgulloso que todo ese esfuerzo realizado, como parte fundamental de mi trabajo y del trabajo de muchas otras personas y organizaciones sociales, haya logrado recientemente que el Congreso de Estados Unidos cambiara gran parte de la asistencia militar a asistencia social, y que por primera ves se incluya a los afro colombianos en el lenguaje del Congreso y se destine recursos para atender su realidad.
Todo esto ha sido posible porque hemos conformado un grupo de trabajo comprometido en que la situación de Colombia, especialmente la situación de los afro-colombianos, sea visible en todos los escenarios de este país, en todos los sectores sociales, políticos, religiosos, afro americanos, académicos y estudiantiles. Hacemos más énfasis y buscamos más la conexión entre afro descendientes de ambos países, pero el grupo es abierto a recibir aportes de otros sectores.
Organizaciones como WOLA, de gran trayectoria en la lucha por derechos humanos en Centroamérica, TRANSAFRICA FOROUM de afro-americanos, así como académicos afro americanos y afro colombianos, afro-colombianos viviendo en exilio, organizaciones afro colombianas y muchos otras personas que se sienten parte de esta familia y lucha, estamos comprometidos en lograr cambios y el respecto de los derechos de los afro-colombianos.
Recientemente participamos en una protesta pública contra Uribe, cuando el 2 de Mayo de este año llegó a Washington en su afán de que le aprobaran la segunda fase del Plan Colombia y tener más plata para su guerra y la violación de los derechos humanos de más colombianos, la aprobación en el Congreso de Estados Unidos del TLC (Tratado de Libre Comercio) y demostrar que la desmovilización de paramilitares ha sido un todo un éxito.
Uribe no esperaba que en Estados Unidos, su mejor socio político y económico, personas que han huido por consecuencia de su política y su aparto para-Estado fueran a recibirlo con gritos de “paramilitar, asesino”.
Hermanos, es que no podemos guardar más silencio ni pensar que los crímenes de lesa humanidad cometidos contra nuestro pueblo, nuestra gente humilde y trabajadora, por sus escuadrones de la muerte sigan impunes. Seguiremos trabajando con el claro compromiso que los crímenes y los criminales sean castigados muy pronto, pero en especial que en lo internacional conozcan quiénes son los criminales.
Pero no faltan los oportunistas en todo este proceso, por los pasillos del Congreso de Estados Unidos se pasean algunos congresistas de origen afro colombianos como Edgar Ulises Torres, político corrupto por naturaleza y miembro de la mafia de politiqueros chocoanos que han destrozados el sueño y futuro de nuestro pueblo, manteniéndolo históricamente en la ignorancia absoluta y tomando provecho para sus beneficios personales y politiqueros.
Edgar ha sabido utilizar muy bien y de manera egoísta su posición de congresista negro-colombiano para crear compadrazgo con el congresista afro-americano Gregory Meeks, al punto que Meeks, conocedor de la situación de violación sistemática de derechos humanos en las comunidades afro colombianas por parte de miembros del ejército, paramilitares y guerrilla, del amplio apoyo económico del gobiernos de Uribe a empresarios que hoy se han apoderado de las tierras de los desplazados en el Chocó, de sus cada día más evidentes y claros vínculos con grupos paramilitares y mafiosos, se proclama abiertamente defensor de las políticas del actual gobierno y de Uribe. De hecho Edgar viajó con Uribe el día de la protesta en Washington.
Nuestro grupo sigue creciendo y se prepara para darles la guerra política a estos señores comprados por el poder y el dinero, que no quieren reconocer la realidad del pueblo que sufre como consecuencia de esos actos terroristas del gobierno y sus para-Estado criminal.
Aunque Uribe monte oficinas en Estados Unidos para hacer lobby en el congreso y pague con los impuestos de los colombianos su campaña para conseguir la aprobación del TLC; aunque invite y soborne a los colombianos que viven en el exterior para que lo apoyen llamando a congresistas, no podrá esconder la verdad del país y no podremos callar nuestras voces.
Aunque muchos afro colombianos arrodillados al poder y el dinero, como Luis Gilberto Murrillo y Roberto Asprilla de la ADA, negocien con Uribe la sangre de miles y miles de muertos negros y defiendan su gobierno en Estados Unidos, nosotros las víctimas seguiremos diciendo quiénes son los victimarios.
Aunque Uribe nombre ministros y generales negros, si no se resuelve de raíz la tragedia de nuestro pueblo y se respetan sus derechos integrales no callaremos nuestras voces; aunque Gregory Meeks y Edgar Ulises se proclamen defensores de las comunidades negras y trafiquen con la sangre de nuestras víctimas, nosotros seguiremos denunciándolos también como cómplices de los asesinatos de nuestro pueblo.
(*) Marino Córdoba Representante Internacional de Afrodes-Colombia y Miembro fundador de la Red de Solidaridad y Apoyo de Estados Unidos con las Comunidades Afro colombianas de Base.
La Red de solidaridad y Apoyo de Estados Unidos con las comunidades afro-colombianas de base es una coalición de organizaciones e individuos dedicada a promover políticas y programas desde lo internacional hacia Colombia, que apoye y fortalezca la lucha de las organizaciones y comunidades afro-colombianas de base en su defensa del territorio y los derechos humanos.
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