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Testimonio de Vida: Confesión de Laura
por Juan Carlos Hurtado Fonseca
Wednesday, Aug. 01, 2007 at 4:03 PM
La vida de Laura es muy similar a la de cientos de miles de jóvenes colombianas que ante la falta de oportunidades deben optar por opciones laborales muy cuestionadas por una sociedad excluyente
“Esta no es una vida fácil. Aun -
que trabajar de empleada de servicio
es muy duro, no lo es tanto
como esto. Claro que mucha gente
se aprovecha de la situación, porque
dicen ‘Es una pelada que viene de un
pueblo, no tiene familia acá’ y por eso
las explotan. Como trabajador a sexual
tenemos tiempo para descansar, estudiar,
atender a nuestros hijos, comer,
porque no tenemos contrato. Si queremos
ir a trabajar vamos o si no, no vamos.
Nadie nos controla. En términos
económicos es un trabajo mejor que los
otros que tuve, porque cuando empecé
de empleada de servicio ganaba $ 200
mil mensuales, de mesera en un restaurante
ganaba $ 380 mil con prestaciones
y subsidio de transporte, actualmente
en promedio me hago un millón quinientos
en una temporada buena.
Hay temporadas malas donde uno puede
hacer sólo $ 800 mil. También hay temporadas
buenas donde se puede hacer
hasta dos millones de pesos. Un día
bueno son ocho clientes y uno malo
dos. Hay que tener en cuenta que la
cantidad de dinero que gana una niña
tiene que ver con su belleza. Aunque
hay sitios en el norte de la ciudad donde
hay niñas muy bonitas, modelos, que
les va muy bien. También hay señoras
de edad para quienes no es lo mismo”,
afirma Laura, una joven que a los 26
años dice tener una vida con alegrías
pero con mucho sufrimiento porque ha
tenido que ser trabajadora sexual para
poder sostener a su hija, sobrevivir en
Bogotá y cumplir con su sueño de ser
enfermera.
Falta inversión en el campo
Cuando se le pregunta acerca de
cómo los problemas de la sociedad han
influido en sus decisiones personales,
asegura, “En esta sociedad estamos expuestos
a muchas cosas. La problemática
del sector rural es muy diferente a la
de acá. En la ciudad la gente no sabe a
lo que está expuesta la gente en el campo.
Allá estamos expuestos a los actores
armados ilegales y a la persecución del
Ejército. A todos los que llegan a la casa
tenemos que recibirlos… la situación del
campo es más difícil porque por ejemplo
no ha y colegios y si los hay son muy
lejos. La mayoría de niñas están expuestas
a todo, en el momento menos pensado
quedan en embarazo y se acaba todo.
Pienso que el Gobierno debería poner
atención al campo, establecimientos
educativos, trabajo. Por ejemplo en el
Putumayo no hay trabajo, lo único que
hay que hacer es ser raspachín. Mis
amigas se fueron todas par a la guerrilla.
Yo no lo hice porque quería estudiar y
por eso esto y aquí”.
Esta situación la llevó a que desde
hace cinco años llegara a Bogotá de una
vereda de Orito, Putumayo, donde realizó
estudios de secundaria. “Salí de allá
porque hay mucha violencia, no se puede
vivir tranquilo y porque tenía muchas
aspiraciones como estudiar y allá no hay
universidades. Llegué a Bogotá adonde
un familiar y después de un tiempo inicié
a trabajar como empleada de servicio
doméstico, luego como niñera y mesera.
Cuando trabajé como empleada de servicio
la situación era muy dura porque ni
los patrones ni los hijos respetaban, no
me servía el sueldo y el horario de trabajo
era muy duro porque era de 5 de la
mañana a 11 de la noche sin descanso.
Ante esta situación
me aburrí y comencé a buscar
empleo, pasé hojas de
vida por todas partes, la
gente me decía ‘Es que
usted tiene que tener experiencia,
¿qué estudios tiene?,
debe tener una buena
referencia...’ Desgraciadamente
en esta ciudad a uno
no lo conoce nadie, nadie
lo puede recomendar, todo
mundo piensa que uno
viene de partes donde la
gente es muy violenta...
y por eso no pude trabajar
en ninguna
otra parte. Decidí
trabajar como trabajadora
sexual.
Es algo que encontré
buscando
en el periódico,
en los avisos clasificados,
ahí sale
como, ‘Se busca
niñera, se buscan
chicas para trabajar
en reservado’,
uno llama, luego hacen una entrevista.
Ellos nos dicen ‘Aquí no se necesita experiencia,
ni referencias, sólo debes saber
atender a los clientes’.
"Vivo con dos hermanos y con mi
hija de ocho años. Ellos no saben en qué
trabajo. Como llevo tres semestres de
Enfermería mis padres creen que trabajo
en un hospital.
"Lo que hago es un trabajo duro, no
es fácil, es un trabajo en donde a nosotras
las niñas nos toca tener mucha calma,
porque si no podemos tener una vida
más dura. En este trabajo se encuentra
drogadicción, alcoholismo y suicidios,
en algunas trabajadoras sexuales. En este
trabajo se conoce gente de toda
clase. Hay clientes que piensan
que pueden hacer con nosotras
lo que ellos quieren,
nos tratan mal, nos golpean,
nos humillan y son groseros”.
Ante la pregunta sobre
el significado de tener 26
años, responde con seguridad
pero con nostalgia,
“Es una edad muy bonita
pero a la vez muy sufrida.
Bonita porque con 26
años uno ya debe ser
profesional, si yo hubiera
podido estudiar
ya lo sería. Tengo una
niña que quiero mucho
y es mi felicidad.
Sufrida porque me ha
tocado muy duro,
desde que estaba en el
colegio por que era
muy lejos y me tocaba
caminar al sol, al
agua. Después que tuve
a mi hija no pude estudiar.
Es una edad donde ya
uno es más maduro, piensa muy diferente
de la vida, y con todo lo que me
ha pasado, he sufrido y tengo experiencia,
como madre, como hija y en el trabajo.
Estaré en esto hasta que termine
mi carrera, mi meta es esa. Quiero conseguir
un trabajo digno, donde no tenga
qué esconder, no tenga que decir mentiras.
Quiero tener una vida normal, donde
pueda conseguir a alguien para no
vivir vacía en el amor”.
www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf
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