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El mensaje Económico del Presidente al Congreso: Antinacional y Antipatriótico
por Nelson Fajardo
Wednesday, Aug. 01, 2007 at 4:39 PM
El mensaje económico enviado
por Álvaro Uribe Vélez al Congreso
de la República, en el
arranque de su segundo período legislativo,
es otra muestra clara del interés del
mandatario por profundizar su proyecto
estratégico de hacer depender el progreso
de la Nación, de los componentes fundamentales
que han dado fuerza a la segunda
generación de las reformas neoliberales
encabezadas por su equipo de gobierno.
Se trata de fortalecer la confianza en
las inversiones con el propósito de asegurar
y prolongar las condiciones de un
crecimiento económico continuo, que a
largo plazo redunde , supuestamente, en
beneficio del conjunto del país. En esta
dirección, según el Presidente, es necesario
tomar medidas para controlar una
revaluación que viene golpeando el empleo
articulado al sector agroexportador;
lograr un ajuste de las tasas de interés
a partir de un crecimiento moderado
del endeudamiento y permitir el control
a la tendencia inflacionaria.
Para compensar el efecto del endeudamiento,
se debe buscar una reducción
del gasto público en 1,1 billones de pesos
en lo que resta del año en curso, sin
vender la participación del Estado en
ISA, asegurar la ampliación de la inversión
privada; inversión que muestra un
crecimiento del 19 por ciento del Producto
Interno Bruto. Esta propuesta está
acompañada del estímulo a la producción
de biocombustibles, teniendo en
cuenta su carácter estratégico para las
transnacionales del sector, y para ello el
Estado y el capital privado deben preocuparse
más por la infraestructura ligada
al comercio exterior y menos por
su desarrollo regional.
Alcanzar lo anterior debe estar ligado
a mejorar los salarios y la protección
social sobre la base de su readecuación,
con sus efectos positivos en el largo plazo.
Como se puede observar, la propuesta
apunta a la aprobación de un plan de
desarrollo 2006-2010 que centre su atención
en el fortalecimiento de la inversión
de capital privado, tanto nacional
como internacional, inversión que como
lo hemos expuesto en otras oportunidades,
está concentrada principalmente en
el comercio y los servicios, mientras que
los capitales en manos del Estado deben
fortalecer la infraestructura con la
lógica propia del modelo, es decir, ligada
al comercio exterior, sector que a traviesa
por una situación crítica debida a
la revaluación, sin propuestas serias de
solución. Desde luego que se tr ata de
una situación producto de la creciente
apertura de la economía al capital transnacional
centrado en los Estados Unidos
y que a punta, por medio del TLC y
la aceptación acrítica de los postulados
del ALCA, a una creciente absorción de
la economía colombiana para moldearla
a imagen y semejanza de los intereses
estadounidenses.
A esta demagogia politiquera, se
agrega la mentira de mejorar las condiciones
salariales y de protección social
de los trabajadores. Al respecto, la
tendencia inflacionaria, que no ha sido causada
propiamente por los trabajadores,
no permite el mencionado mejoramiento
y por el contrario, se empobrece el
acceso a los créditos, mientras los bienes
y servicios de consumo inmediato
siguen deteriorando el salario nominal.
Razón tienen las organizaciones sindicales
cuando exigen renegociar el aumento
del salario, ésto teniendo en cuenta
que la inflación ya destruyó su capacidad
adquisitiva.
Mientras otras economías de América
Latina pugnan, con diferencias en
fuerza e intensidad, por superar el modelo
neoliberal, las propuestas del mensaje
presidencial van en contravía de
lograr un proyecto que desate una óptima
proporcionalidad entre progreso interno
y comercio exterior, entre acumulación
y consumo a partir de rescatar la
distribución del ingreso de las manos de
los beneficios que se le otorgan permanentemente
al capital transnacional y
transnacionalizado y coloque en primer
plano el bienestar social.
El mensaje económico es, por lo tanto,
lánguido y favorable a un Ejecutivo
que posee las mayorías en el Congreso
para aprobar lo que se propone el uribismo.
En contra de esto, la oposición
en el mismo Congreso debe estimular
su acción extraparlamentaria, en contra
del Plan de Desarrollo con las directrices
lanzadas desde el mensaje económico
y preparar acciones políticas frente a
la perspectiva de la aprobación de un
Presupuesto General de la Nación, funcional
al neoliberalismo uribista.
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