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Profesor Moncayo: Si al acuerdo humanitario, si a la vida, si a la paz…
por Asamblea por la Paz
Thursday, Aug. 02, 2007 at 8:39 AM
apermanente@asambleaporlapaz.com
Apartes de las palabras del profesor Moncayo, al llegar hoy a la Plaza de Bolívar, dirigidas a una multitud que fue apoyarlo en su exigencia del Acuerdo Humanitario, para que tanto el Gobierno, como las guerrillas lo suscriban Ya.
Hoy después de 40 días de caminar siento un poquito de dolencia en mis pies, porque tal vez yo he abusado de ellos, pero eso no es nada, porque los dolores físicos se curan con cualquier droga, pero los dolores que tenemos en el alma, las heridas que tenemos en el alma, esas tardarán muchos años en sanar.
Ojala que este marchar del pueblo colombiano sea permanente.
El día que salí de Sandoná le dije a mi esposa y al pueblo sandoneño, nosotros no hemos hecho nada por los secuestrados. Tengo mi esposa, mis hijas, mi trabajo.
Ellas me dijeron: ¿Papito por qué nos haces esto hoy el día del padre? Hoy tengo que marchar, porque no hemos hecho nada por nuestros seres queridos que se están pudriendo en la selva. Ni el gobierno, ni los concejales, ni los congresistas, nadie hace nada por nuestros seres queridos.
También tenemos culpa nosotros ante el secuestro, también hemos sido indiferentes, también los hemos dejado solos, porque nos ha faltado berraquera para decir acá están nuestros hijos y vamos a luchar por ellos.
Después de tanto tiempo caminado, se nos han ido uniendo varias personas, porque tienen un familiar secuestrado, porque tienen un familiar desaparecido, porque están con nosotros.
Vemos, como poco a poco vamos venciendo uno de los temores más grandes, el paradigma que se nos plantea a los colombianos, el terror de las fuerzas oscuras que han querido callar las voces de muchos colombianos, vengan de donde vengan, de los paras, del gobierno, de las FARC, nos han callado y nosotros hemos tenemos miedo a levantar nuestras voces.
Hemos sido muy cobardes porque hemos salido a unas marchas donde nos colocan por un carril y entonces viene el parte del Presidente, miren a esos tres piches profesores marchando y sabemos que son miles y miles las personas que marchamos, eso es triste.
Con mi hija Yurí, que fue la primera que me acompañó, decidimos desafiar todo, especialmente la indiferencia del pueblo colombiano.
Yo le decía a mi hija, nosotros vamos a ir tocando puerta a puerta en cada ciudad para que nos colaboren con una firma por el Acuerdo Humanitario.
Cuando salimos de Sandoná sentíamos el frío de la tarde, sentíamos como las sombras de la noche nos iban cubriendo, el hambre y la fatiga cuando no teníamos nada que comer, cuando la única compañía que teníamos era ese sol que nos iba guiando nuestros pasos, nos iba iluminando, y sentíamos el calor abrasador y la dolencia física. En ese preciso momento empieza la cátedra, ya no del profesor, sino la del maestro. Vamos a aprender a observar la grandeza que tenemos en Colombia, los valles, los ríos, las montañas, todo…
Pero con esa grandeza había algo más grande, la grandeza de todas las personas del pueblo colombiano.
Vimos como a la vera del camino había personas humildes en sus ranchos, muy pobres, que me decían: señor queremos invitarlo para que se tome esta agua de panela y se coma unas tortas de maíz, quiero que usted pruebe mis tortas de maíz. Y eso para mi era lo más hermoso que podía recibir en la vida.
Y seguíamos marchando…
Nos llevan al hospital, le pido a la enfermera que me mire porque tengo unas ampollas, me dice: el profesor tiene que amanecer acá en esta camilla. Al día siguiente llegaron como siempre los medios de comunicación que han sido fundamentales en todo esto, y les dicen que tengo unas dolencias, pero que hay que tapar con una sábana todo esto, ellas se refería a los resortes de la camilla que se salían. No hay que taparlo le dije, esa es nuestra pobreza. Me levanté con más dolencias.
Esa es la cátedra del maestro que va aprendiendo de toda la pobreza, de toda la problemática de la vida.
De pronto, salen a la vía dos niños, profé, profé venga queremos felicitarlo, que liberen a su hijo. Los miro veo que no tienen calzado, tienen barro. Y una señora me dice: es que ellos sin niños trabajadores. Tienen entre 8 y 9 años. Yo les preguntó ¿Cuánto se ganan? Me responden: Nosotros trabajamos el barro y el patrón cuando esta bien nos paga $2.500 el día y cuando esta mal $2.000.
¿Eso es justo, que estén trabajando y no estén en la escuela?
Yo sigo caminando y almacenando cada una de estas imágenes.
……Mañana la segunda parte…..
Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz Oficina de Comunicaciones
Recuerden que pueden respaldar la iniciativa del profesor Moncayo con su firma en la página web:
www.asambleaporlapaz.com/boletinvirtual_new/boletin33/Firmas%20virtuales.html
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