|
Paulatina des institucionalización
por Editorial El Nuevo Siglo
Thursday, Aug. 02, 2007 at 8:39 AM
A un año del segundo mandato del presidente Álvaro Uribe, el país se topa con la peor eclosión entre las ramas Jurisdiccional y Ejecutiva a causa de las descalificaciones del primero. Estos doce meses, en los que este diario ha pedido al Primer Mandatario entrar a gobernar, ha ocurrido tal sartal de cosas que la Nación ha vivido al pálpito de los acontecimientos sin una ruta definida y pendiente del siguiente sobresalto.
Descansando en el incremento económico fruto del boom internacional en Estados Unidos, China y Europa, el gobierno se ha permitido la improvisación como norte y la ausencia de políticas concretas. Embebido en los resultados de las encuestas, que considera la única carta de navegación factible, ha desperdiciado el tiempo en constantes polémicas y se ha visto sumido en escándalos superlativos que en cualquier otra circunstancia hubieran causado profundos estremecimientos en la opinión.
La figura de la reelección presidencial inmediata, hasta el momento, se ha demostrado tan innecesaria como desde el mismo instante en que se propuso, rompiéndole las vértebras a la Constitución. Cualquiera fuera el mandatario de turno, el país no habría abandonado los preceptos constitucionales de seguridad, pero seguramente tendría expectativas menos irritantes y controvertidas.
Durante este año, subsumido en el escándalo de la parapolítica, el gobierno ha visto desfilar su bancada gubernamental hacia la cárcel. No fue a causa suya que la Corte Suprema de Justicia inició las investigaciones parlamentarias, pues ellas se debieron, en principio, a las demandas de la dirigente Clara López Obregón, luego a los estudios de organizaciones académicas y más tarde al descubrimiento de pactos como el de Ralito. De allí se fue desenredando una madeja que demostró, y sigue demostrando, el estrecho vínculo entre el paramilitarismo y políticos, hecho que le ha dado la vuelta al mundo y ha servido constantemente de editoriales y primeras planas internacionales, desde que el escándalo tocó a la Cancillería y fue produciendo tremores adicionales hasta llevar a las versiones libres de los exjefes paramilitares que han involucrado a la cúpula gubernamental.
En el transcurso, por igual, el Ministerio de Defensa, vocero de la denominada Seguridad Democrática, se ha visto enredado en múltiples estruendos a partir de los “falsos positivos”, concomitantes a la re-posesión presidencial, decomisos de cocaína en mucho menor rango a la informada, interceptaciones ilegales generalizadas y más recientemente infiltración de la guerrilla y el narcotráfico en el corazón de las Fuerzas Armadas. La bomba que estalló en la Escuela de Guerra, atribuida por las autoridades a las FARC, demostró la vulnerabilidad estatal. Más tarde, el asesinato por parte de la guerrilla de once diputados del Valle del Cauca, sin recuperación de los cadáveres, ni tener el gobierno idea de lo acontecido, confirmó las dificultades para mantener el control territorial y la soberanía.
En el año, tras decir que la firma pronta del TLC con Estados Unidos era la clave, el Presidente fue recibido con las espuelas por los sectores dominantes en ese país y en sus visitas fue reprendido duramente. La Nación quedó en cuidados intensivos y el TLC permanece en vilo hasta no cumplir las condiciones sobre derechos humanos y la aplicación de la ley a la parapolítica. También aislado de Europa y América Latina, el Presidente se ha movido al garete de las circunstancias, sin una política internacional cierta.
Al mismo tiempo, el Primer Mandatario decidió indultar a 200 guerrilleros y excarcelar al de más alto grado de ellos en prisión, Rodrigo Granda, en un hecho controvertido en el que se despertaron dudas sobre las facultades para hacerlo y que no llevó a ningún resultado cierto sobre el Acuerdo Humanitario. La negativa a realizarlo permanece incólume, pese a los pedidos nacionales e internacionales.
La prosperidad económica, signada por no producir impacto favorable en el desempleo y la pobreza, pero que se mantiene como estandarte propagandístico para demostrar las bondades del Régimen, se ha visto erosionada por la tasa de cambio. Existen sectores que, como el automotor, crecen a un ritmo inusitado, lo mismo que la construcción, que cumple su ciclo ascendente, pero otros, como las exportaciones, ven disminuidas sus nóminas y debilitada su permanencia en el mercado. A pesar de la continua venta de acciones y empresas estatales, el déficit fiscal sigue, mientras se desborda el gasto público. En el año, la inflación se acrecienta y algunos anuncian el recalentamiento económico. No obstante, el gobierno tiene para mostrar el crecimiento trimestral de más del ocho por ciento como una noticia plausible paralela a lo que acontece en varios países de América Latina.
Durante estos doce meses la desinstitucionalización sigue cobrando el error de creer que son los hombres, y no las instituciones, los que sacan avante un país. Parece haberse dado mucha administración y poco gobierno, en el sentido de orientar y enfocar el futuro con perspectiva y alcance. Ya vendrán las encuestas para suscitar el personalismo. No por ello este ha dejado de ser un año más oscuro que claro, ahora signado por la eclosión entre las ramas del Poder Público, fruto de la labia presidencial.
© EL NUEVO SIGLO
|