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Crisis en las instituciones financieras
por Eduardo Sarmiento P.
Saturday, Aug. 18, 2007 at 1:22 PM
En la última semana se presentaron sobresaltos en el mundo financiero. La pérdida de solvencia del sistema de crédito “subprime” y la desvalorización de los bonos creados para financiarlos, ocasionaron un aumento en la demanda por dinero que elevó las tasas de redescuento por encima de las previsiones. En el desespero, el Banco de Europa y la Reserva Federal de Estados Unidos realizaron monumentales emisiones y dejaron al descubierto una compleja fragilidad financiera.
La crisis hipotecaria es la consecuencia de un gigantesco error financiero. En un momento de baja demanda de crédito, los bancos optaron por establecer líneas especiales para la adquisición de vivienda por parte de usuarios sin historial, o, mal historial, a cambio de pagar altas tasas de interés. En un principio el sistema funcionó, porque la mayor parte de la tasa de interés se cargaba al capital y éste aumentaba menos o igual que la valorización de la vivienda. Al mismo tiempo, los bancos vendieron las hipotecas a instituciones especializadas y se emplearon como garantía para emitir bonos a elevadas tasas de interés, adquiridos por agentes no muy inteligentes. Tal como ocurrió en Colombia con el UPAC, el sistema sólo podía operar con precios al alza. En el momento de la destorcida, los créditos pasaron a valer más que las propiedades, los usuarios se vieron abocados a altos pagos mensuales y los portadores de los bonos procedieron a colocarlos presionando la cotización a cero.
Los desaciertos del crédito “subprime” han resquebrajado la credibilidad en el sector financiero. El público se pregunta si la insensatez del mercado inmobiliario no sería el resultado de una acción generalizada de los bancos para movilizar los excedentes de liquidez. En efecto, en los últimos días se ha venido a advertir que la crisis se extiende a todo el sector hipotecario, que los bancos prestaron cuantiosísimos recursos a bajas tasas de interés para comprar empresas y que propiciaron la movilización de recursos para colocarlos en otros países con tasas de interés más altas y revaluación, como Colombia y Nueva Zelanda. Así, en el momento en que se restrinja la liquidez y se normalicen las tasas de interés, las burbujas se reventarían y precipitarían todo el sistema en colapso. Por eso, hasta ahora la única solución que se observa es la emisión masiva para evitar las alzas de las tasas de interés.
No menos grave ha sido la incompetencia de los bancos centrales para regular la liquidez. Como lo señalé en columnas anteriores y en un libro en curso, el fracaso de la teoría monetaria, más concretamente, su incapacidad para ligar la tasa de interés con la liquidez y el sector real ha generado una política de ensayo de error, o si se quiere, de palos de ciego. En unos momentos la liquidez se reduce para contener las presiones inflacionarias y en otras se amplía para evitar la quiebra y la insolvencia del sector financiero, y en el interregno las economías quedan expuestas a serias perturbaciones que frenan la actividad productiva e introducen enormes riesgos de crisis.
El Banco de la República y los neoliberales se equivocaron. Dentro de una total ingenuidad proclamaron que los ingresos de capitales provenían de la inversión extranjera para crear nuevas empresas y entraban para quedarse, y como era perfectamente previsible, los hechos están demostrando que no son más que una parte de la irresponsabilidad especulativa del sistema bancario y Wall Street. No será fácil refinanciar los fondos que entraron a Colombia y mucho menos obtener nuevos. Así, Nueva Zelanda y Colombia, los países que más le jugaron a la revaluación y a la entrada de capitales, están experimentando el ajuste más drástico. Ambos registraron en la última semana devaluaciones de más de 8%, y en pocas horas las cuantiosas entradas de capitales se convirtieron en salidas.
El modelo de crecimiento, sustentado en la revaluación y el déficit en cuenta corriente, está llegando a su fin. De mantenerse la incertidumbre mundial, el país se verá abocado a salidas de recursos y a una devaluación que presionará los precios al alza, por la vía de costos y salidas de productos a Venezuela, y contraerá la demanda y la producción. Y si las autoridades monetarias persisten en elevar las tasas de interés y contraer los agregados monetarios, la economía podría precipitarse en un estado de no retorno.
Lo peor que se podría hacer es aferrarse a la ortodoxia, que es la causante de la crisis, o imitar los desaciertos que se cometen en los grandes centros del poder económico. En su lugar, se plantea una visión flexible orientada a entender las causas de la crisis, elaborar un diagnóstico sobre las repercusiones en la economía colombiana, y sobre esas bases, adoptar las decisiones que le permitan al país enfrentar la turbulencia financiera. Para empezar, convendría reconocer que el modelo de crecimiento con revaluación llegó a su fin, que la economía se enfrentará a serias restricciones de liquidez mundial y que el tipo de cambio, luego de su imprudente manejo, tenderá a devaluarse en forma acelerada con todos los traumatismos que significan.
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