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'En el 85 me dijeron que había salido herido, pero no creí'
por Cecilia Orozco Tascón Saturday, Sep. 01, 2007 at 2:35 PM

El magistrado Carlos Horacio Urán, quien murió en el operativo militar de retoma del Palacio de Justicia en 1985, volvió a ser noticia después de 22 años. Según los rastros que encontró la Fiscalía, el jurista fue asesinado fuera del edificio. En charla con El Espectador, la viuda, Ana María Bidegain, detalla cómo ha enfrentado la verdad sobre el caso de su esposo.

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El 6 de noviembre de 1985, Ana María Bidegain y sus cuatro hijas, de 13, 9, 5 años y 18 meses, sufrieron un tremendo impacto emocional: su esposo y padre, el magistrado Carlos Horacio Urán, acababa de quedar atrapado en el Palacio de Justicia, cuando el M-19 se tomó el edificio. Pero ese dramático hecho era sólo el inicio de un largo camino de dolor que aún no termina. Después de 22 años de intentar recuperar una vida normal, las cinco profesionales que hoy están repartidas por el mundo han tenido que reabrir la puerta que ya creían cerrada para siempre.

La Fiscalía de Colombia encontró los documentos del magistrado en instalaciones militares y recuperó, al tiempo con el informativo de televisión Noticias Uno, unos videos del momento de la salida de algunos rehenes de la edificación. Entre ellos estaba Carlos Horacio, herido, pero con vida. Según la versión oficial del 85, el magistrado había muerto en el intercambio de disparos entre el ejército y la guerrilla, y nunca había salido del Palacio.

A esas evidencias se sumaron otros documentos y testimonios, como por ejemplo, el aterrador dato de la necropsia según el cual el cadáver del magistrado fue trasladado al edificio y sometido al fuego para ocultar pruebas. Ana María, profesora de una universidad norteamericana, tuvo que venir a Bogotá a reconocer documentos e imágenes. Tuvo que volver a ver con vida a su esposo en esas escalofriantes imágenes y, lo peor, tuvo que aceptar que en vez de haber sido una víctima accidental de la toma y la retoma de Palacio, había sido asesinado a sangre fría.

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cuánto hace que sabía que existía un video con el que se comprobaba que su esposo había salido vivo del Palacio de Justicia?

Ana María Bidegain.- El día 7, al final de la toma, vimos en televisión unas imágenes de la salida de los rehenes y creímos que algunas podrían ser de Carlos Horacio. Como no aparecía, al día siguiente fui al Ministerio de Defensa a pedir que me ayudaran a encontrarlo. Al principio, el general Mejía, delegado de Derechos Humanos de las Fuerzas Armadas, reaccionó muy fuerte y me habló duro. Le dije que yo no iba a increpar a nadie y añadí: “Si yo no les pido a ustedes que me ayuden a encontrarlo, ¿entonces a quién puedo acudir?”. Finalmente él me mostró varios videos, pero entre ellos no estaba el del primer día. Cuando salí de ahí estaba convencida de que la persona que había visto en las imágenes no era mi esposo. Después de unas horas me informaron que estaba muerto y me quedé con la versión de que había fallecido durante el fuego cruzado. No volví a insistir en el tema porque mi preocupación a partir de ese momento era cómo iba a continuar mi vida y la de mis cuatro hijas.

C.O.T.- ¿Se imaginó alguna vez que después de 22 años iba a tener que revivir esa pesadilla?

A.M.B.- No. En febrero pasado, cuando recibí una llamada de la Fiscalía, no entendía lo que me estaban diciendo. Pensé que podría ayudar para otros procesos, pero nunca me imaginé que el caso de Carlos Horacio estaba siendo revisado. Después me informaron que los investigadores habían encontrado su billetera y sus documentos personales. No tuve ninguna dificultad en identificarlos, pero todos los papeles tenían una característica: una perforación al parecer de bala, la misma que, según la Fiscalía, había atravesado el cuerpo de mi esposo.

C.O.T.- El impacto que le produjo volver a ver los documentos del magistrado Urán y una foto suya que él llevaba consigo, debió ser muy fuerte.

A.M.B.- Sí. Fue muy doloroso, especialmente volver a ver la foto. Después me hicieron entrega de todos los objetos que siempre llevaba Carlos Horacio en el bolsillo de su saco. Ahora me pregunto: ¿Por qué no me entregaron sus pertenencias hace 22 años? ¿Por qué no me dieron su ropa? ¿Por qué no me devolvieron nada?

C.O.T.- ¿Supone que para eliminar evidencias?

A.M.B.- No sé. Recuerdo que hace 22 años sólo me entregaron la argolla de matrimonio y un llavero que tenía un escudo metálico de la universidad donde estudiamos. Aunque el llavero también tenía una perforación, en ese momento no se me ocurrió nada. Sin embargo, ahora pienso por qué me dieron el llavero. No sé cuál mensaje me estaban mandando con esa entrega.

C.O.T.- La semana pasada, cuando tenía que enfrentarse en la Fiscalía con el video donde estaba su esposo para que lo identificara, además de su estado emocional tenía encima una gran responsabilidad. ¿Cómo reaccionó?

A.M.B.- Traté de estar muy serena, porque pensé que me enfrentaba a algo muy serio. Sí sentí que tenía sobre mis hombros una responsabilidad tremenda.

C.O.T.- ¿En qué momento estuvo ciento por ciento segura de que quien salía del Palacio era su esposo?

A.M.B.- Al principio me mostraron muchos videos, pero no el que yo había visto en el año 85. A partir de ahí me dije que tenía que conseguir ese material original. Empezó la cacería del video del noticiero 24 Horas. Me dijeron que Mauricio Gómez —el director— estaba en París. Llamé a todo aquel que podía conocerlo, hasta que finalmente logré comunicarme con él. Me contó que todo ese material estaba en la Universidad Sergio Arboleda. Finalmente, un día antes de que tuviera que ir a la Fiscalía a reconocer los otros videos, conseguí las imágenes que buscaba y esa noche las revisé por lo menos ocho veces.

C.O.T.- ¿Por qué? ¿Tenía dudas?

A.M.B.- No, por el impacto. Se trataba del video de la época y esas imágenes de 24 Horas no estaban editadas. Cuando las vi, me dije: “Este es mi esposo”.

C.O.T.- ¿A pesar de que ya estaban deterioradas por el tiempo?

A.M.B.- Estuve segura porque ese era el video que habíamos visto el día de la toma. Después de tanto tiempo, lo tenía otra vez al frente. Quise hacer un esfuerzo y volver 22 años atrás para no cometer ninguna equivocación. Vi las imágenes y recordé testimonios que en su época deseché —cuando me dijeron que había salido herido y cojeando, pero que estaba vivo—. Para mí era como una certeza, pues lo que me habían dicho y no quise creer en el 85, coincidía con el video. Amigos me habían mandado otros videos que tenían la imagen, pero yo quería tener la certeza del de 24 Horas, porque lo vi nítido, aunque ahora con el tiempo todos están borrosos. No quería creerlo. A veces la verdad duele tanto que no podemos o no queremos aceptarla. Al día siguiente tenía la cita con la Fiscalía, pero ya estaba mucho más segura.

C.O.T.- ¿Adicionalmente usted tuvo oportunidad de revisar otras evidencias?

A.M.B.- A raíz de que habían empezado a aparecer indicios, me puse a leer el documento de la Comisión de la Verdad y una serie de providencias. Pero sobre todo, conseguí la necropsia, que no había podido leer antes. Allí encontré que en los informes de Medicina Legal había una expresión que no había visto antes: “ ‘ahumamiento’ post mortem”. Es decir, fue quemado después de muerto.

C.O.T.- El informativo Noticias Uno también consiguió otro video y usted lo examinó. ¿Encontró detalles adicionales que le aportaran datos para esta nueva realidad que estaba viviendo?

A.M.B.- Sí. Noticias Uno tenía un video que yo ya había reconocido en la Fiscalía. Las imágenes del noticiero eran las mismas, pero habían sido grabadas con otra cámara y con mayor continuidad de imagen. Además, había detalles como el de la evidencia de la hora en que fueron filmadas: la persona que estaba grabando dijo que eran las 2:17 de la tarde y en la necropsia consta que lo mataron a las 3 p.m.

C.O.T.- Usted ha dicho que le preocupa que puedan surgir algunas distorsiones en la nueva investigación. ¿Por qué y cuáles son esas distorsiones?

A.M.B.- Me preocupan preguntas que lanzan algunos periodistas, por ejemplo, sobre la filiación política de mi esposo. Él era un hombre progresista, evidentemente, pero no tenía identidad política de partido. Carlos Horacio era un católico muy comprometido y con una gran formación social. Me preocupó la pregunta de un noticiero sobre la razón para que Andrés Almarales (del M-19) llamara ‘Carlos’ a mi esposo, y Carlos le dijera ‘Andrés’. La explicación es que en el año 73 entramos en contacto con gente de la Anapo cuando se estaba preparando la campaña electoral de María Eugenia Rojas y conocimos a algunos de los anapistas. Pero también nos decepcionamos muy pronto de esa agrupación por el hecho de que una organización legal se utilizara para encubrir un trabajo para un grupo armado y para muchas cosas más. Nos fuimos a estudiar a Lovaina en diciembre de 1974, muy desilusionados de esa aventura política.

C.O.T.- En concreto, ¿le molesta lo que pareciera ser un juicio político sobre su esposo y otros magistrados por parte de algunos comentaristas de hoy?

A.M.B.- La verdad es que me molestó mucho la manera como Fernando Londoño se refirió a mi esposo como “esa persona”, en forma despectiva y sembrando cizaña sobre su recuerdo. O lo que hizo el noticiero CM& cuando se preguntó por qué se trataban de “Carlos” y “Andrés”.

C.O.T.- A usted le preocupa, en concreto, que se trate de darle una especie de justificación a la muerte o al asesinato de su esposo por su tendencia política. ¿Puedo interpretarlo así?

A.M.B.-. Lo que me molesta es que se utilice políticamente el tema. Lo mismo sucede cuando afirman que los militares se confundieron con mi esposo porque era joven y moreno. Si se aceptara esa justificación, entonces van a tener que matar a casi todos los colombianos.

C.O.T.- ¿Cree que en la confusión de la toma a su esposo lo identificaron los encargados de la retoma como un militante de izquierda y que por eso probablemente lo asesinaron?

A.M.B.- Esos son hechos que tienen que ver con la investigación y precisamente es lo que hay que averiguar: ¿Por qué lo mataron? No tengo ninguna hipótesis. Lo que quiero es que no haya dudas sobre su memoria, porque era un hombre profundamente demócrata.

C.O.T.- Usted tiene ahora datos con los que no contaba antes. ¿Va a iniciar una acción judicial o simplemente esperará a que la Fiscalía produzca unos resultados?

A.M.B.- Hasta ahora mis hijas y yo no estábamos seguras de nada y por eso no podíamos iniciar un proceso. Esa situación cambió radicalmente. En este momento la Comisión Colombiana de Juristas, a la que le pedí que nos representara, está preparando la parte jurídica del alegato.

C.O.T.- ¿Cómo han impactado estos nuevos acontecimientos a sus cuatro hijas?

A.M.B.- Todas nosotras hemos sufrido un dolor muy hondo. Aun para la menor, que en esa época tenía 18 ó 20 meses, fue durísimo. En el verano de 2006 ella estaba en Alemania visitando a una de sus hermanas, y llegó a sus manos un libro de Ana Carrigan, que sin duda es el más documentado sobre el tema. Ella lo leyó y quedó traumatizada. Casi en seguida nos llegaron estas noticias. Realmente ha sido muy difícil.

C.O.T.- Hay muchos otros libros sobre el Palacio de Justicia. ¿Por qué le llama la atención el de Carrigan?

A.M.B.- Porque es el resultado de una mirada de alguien que ve desde afuera cosas que no se perciben internamente. Cuando mi hija menor lo leyó, se enteró por primera vez de todo lo que le había sucedido a su papá y supo además que Ana lo escribió porque antes de morir Carlos Horacio, ella me estaba buscando a mí para una entrevista, pues trabajaba con el New York Times. Nos íbamos a encontrar en el hotel Tequendama. Obviamente ese día no fui a la cita ni me acordé de llamarla. Cuando Ana se dio cuenta de lo que estaba pasando, se impresionó mucho. Tiempo después ella volvió para hacer una investigación y el resultado es el libro, pero yo no lo leí sino ahora.

C.O.T.- ¿Por qué nunca había leído un libro tan especial?

A.M.B.- No había querido hacerlo porque quería intentar seguir adelante. Tenía la versión de que a él lo habían matado en el fuego cruzado y por eso había cerrado ese capítulo. No veía la necesidad de torturarme como si fuera masoquista.

C.O.T.- A partir de las recientes noticias, ¿han vuelto a encontrarse con los familiares de otras víctimas?

A.M.B.- Hemos venido a los actos de recordación de los diez años y los veinte años de la toma del Palacio. Para mí fue muy doloroso darme cuenta de que había una ruptura tremenda entre los familiares de los desaparecidos y los de los magistrados muertos. Si hemos llegado al actual estado de descubrimientos no ha sido por nosotros los familiares de los magistrados, sino por los parientes de los desaparecidos que no han dejado de luchar. Siento que hemos sido profundamente insolidarios con ellos.

C.O.T.- Vistas las cosas a hoy, ¿usted diría que hubo un pacto tácito de silencio en aquella época?

A.M.B.- Hubo miedos. Y evidentemente no hubo seriedad en las investigaciones.

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