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Rito presidencial en la ONU
por Editorial - El Nuevo Siglo
Sunday, Sep. 30, 2007 at 10:19 PM
Una intervención desapacible
¿Y la OEA qué?
LA visita anual de los presidentes de Latinoamérica a la ONU se ha convertido en un rito burocrático, que cada vez tiende a perder importancia y significado.
Los funcionarios de la ONU están acostumbrados a oír las intervenciones de los presidentes sin prestarles mayor atención. En el caso de Uribe, el discurso sigue siendo el mismo, sin mayor novedad dentro de la rutina de defender la Seguridad Democrática. Una vez más explicó que su gobierno nada tiene que ver con el asesinato de sindicalistas y se mostró contrario a ir a una zona de despeje dentro de las negociaciones con las FARC. Obró en el mismo sentido de otros presidentes de la región que se dedican a exaltar su obra de gobierno, con cifras que les suministran sus asesores y funcionarios de confianza. Pareciera que esos jefes de Estado entienden que están rindiendo un examen sobre sus realizaciones frente al mundo, cuando en realidad están ante una burocracia diplomática fría y habituada a que los gobernantes intervengan en la ONU, a sabiendas de que ese esfuerzo apenas consigue unos titulares de prensa.
Esos funcionarios son escépticos y saben que algunos presidentes son expertos en esconder el polvo debajo de la alfombra, en una retórica exuberante o con cifras efectistas.
Las intervenciones en serie de la mayoría de los presidentes latinoamericanos no han conseguido romper la rutina de exaltar la gestión de cada uno de ellos en sus países. Hasta ahora son muy raros los que practican la autocrítica y casi todos maquillan su gestión. Uribe dijo que en Colombia “La situación de seguridad ha mejorado sustancialmente. En 2002 Colombia sufrió 29.000 homicidios, de los cuales 196 eran sindicalistas, y cerramos 2006 con una reducción del 40% en la violencia general y del 70% en violencia contra sindicalistas”. Ese 60 por ciento y ese 30 por ciento son escalofriantes cuando se trata de cifras que se refieren a seres humanos de carne y hueso. Esa mención en el momento no es refutada por nadie, en cuanto se les quiere dar la oportunidad de que en un ambiente de convivencia manifiesten sus opiniones. Lo que es evidente es que no concuerdan los datos con otros que manejan distintos organismos nacionales e internacionales. Al tiempo que se reconoce que el desarme y entrega de los paramilitares bajó temporalmente el índice de criminalidad, con la dispersión de las bandas armadas la violencia recurrente tiende a extenderse por las zonas de la periferia del país.
Lo cierto es que en medio de declaraciones en donde se reafirma la cordial amistad entre el gobierno de los Estados Unidos y el de Colombia, las relaciones con los demócratas del Congreso han ido de mal en peor y los frecuentes viajes y la presencia del Presidente en los Estados Unidos solicitando ayuda, no han conseguido vencer la voluntad de los que no comulgan con su política. El Plan Colombia, que fue el gran logro de Andrés Pastrana en su relación diplomática con los Estados Unidos, no progresa con Uribe en materia social, en cuanto promover el desarrollo en las zonas más deprimidas por el conflicto armado. Reducido en lo social, no conmueve las economías regionales y por falta de oportunidades de trabajo, de vías e infraestructura las zonas más deprimidas siguen atrapadas por la violencia, mientras el mapa de los cultivos ilícitos y los desplazamientos de los raspachines se extienden a otras zonas, según las fumigaciones y la represión.
La insistencia en denominar terroristas a los de las FARC muestra que el discurso interno se traslada a la ONU, organismo por esencia multilateral, cuando ese podría ser un escenario propicio para unir voluntades para conseguir la liberación de los secuestrados. Qué distinto habría sido si el Presidente hubiese podido mostrar obra social y productiva, no asistencial, donde antes trepidó la violencia, pero ya vimos que el director del DANE se retira del cargo por no aceptar presiones tendientes a falsear las cifras.
Apenas la prensa colombiana registró la intervención presidencial en la ONU, más por cortesía que por la novedad de los datos archiconocidos a que hizo referencia. Tampoco tuvo eco importante ni en la prensa de los Estados Unidos, ni en los medios de comunicación de nuestros vecinos, a diferencia de la polvareda de noticias que desató el Presidente de Irán. Es lamentable que la OEA esté tan debilitada, inoperante o ausente de la crisis colombiana, y que no consigamos o no nos esforcemos en conseguir allí la unidad de Latinoamérica por la paz en Colombia.
© EL NUEVO SIGLO
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