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La Nueva Escuela
por EDUARDO VARGAS MONTENEGRO
Sunday, Sep. 30, 2007 at 10:34 PM
HEMOS entrado, por cortesía del ministro Juan Manuel Santos, en una etapa de las comunicaciones en Colombia, que nos saca de la penúltima moda para colocarnos a la vanguardia en los modos y las formas de transmitir información.
No porque antes no se hayan utilizado en el país tácticas similares, sino porque ahora parecen haberse consolidado como el estilo propio de la comunicación desde el poder: la calumnia y la injuria. El señor Santos inaugura así una nueva escuela de comunicación, con una ética propia que responde a la filosofía del desprestigio del otro, y cuya epistemología parece ser la desinformación como la base fundamental en la generación de opinión pública.
Es una realidad: Santos parece haber superado nombres que han aportado grandes luces a las teorías comunicativas, como Jesús Martín-Barbero, Umberto Eco o Gregory Bateson. Sólo parece acercársele otro personaje deslumbrante, J.J. Rendón, el gurú de la propaganda negrísima. En efecto, esa es una pareja que actualmente causa furor: Santos-Rendón, el dúo dinámico de la comunicación de la perversidad, esta nueva escuela con un generoso picante colombo-venezolano, que une lo más excelso de nuestros pueblos y nos llena de orgullo. De hecho, uno de los grandes aportes de Juan Manuel Santos a la sociedad colombiana -si no el más importante- ha sido el traernos al señor Rendón, sin cuyo concurso las mentes más retorcidas de este país no habrían tenido el impulso necesario para institucionalizar una práctica muchas veces utilizada, pero ahora perfeccionada en grado sumo.
La teoría es simple, por aquello de que lo bueno y simple dos veces bueno: difamar, confundir y recular, una creativa variación del trabajar, trabajar y trabajar del pragmático Presidente de la República.
Los tres principios son en realidad fáciles de aplicar. El primero corresponde a denigrar, deshonrar y afrentar al opositor; el segundo, se aproxima a enredar, enmarañar, para que los receptores de la información unidireccional terminen haciendo suyos los contenidos del emisor, lo que constituye una verdadera innovación teórica de la nueva escuela; el tercer principio, equivalente a retroceder, se distiende al máximo en el tiempo, y es el colofón que, tras difamar y confundir, minimiza las repercusiones legales que los mensajes puedan tener, sin restarles efectividad en lo mínimo.
Tales principios se pueden apreciar en todo su esplendor en los estudios de los casos Pardo y Gaviria, en los que los beneficiarios del mensaje fueron difamados, las grandes masas confundidas y el emisor incólume. De momento. Tripleta, como diría Julio Sánchez Vanegas en Concéntrese, para que no se le olvide.
© EL NUEVO SIGLO
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