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La mala hora
por Editorial - El Nuevo Siglo
Monday, Oct. 01, 2007 at 11:39 AM
El agua sucia se desborda. POCOS perciben que el país está atrapado en un túnel sin salida por cuenta de la degradación de la política, lo que afecta el comportamiento del gobierno y su eficacia en los diversos estamentos y niveles burocráticos.
Para compensar en parte el vacío que deja la ausencia de la alta política entre nosotros y la quiebra de los partidos históricos, los medios exaltan la figura del Presidente de la República. Como en las sesiones sacras el incienso se convierte en rutina y las loas se desparraman en docenas y cientos de editoriales, artículos, informes, notas y comentarios que aparecen a diario en los medios de comunicación. Es así como la tarea crítica, que es el fundamento del periodismo, periclita.
Lo mismo pasa cuando se trata la honda crisis de la democracia con un Congreso en entredicho, empañada su legitimidad y con más de 40 de sus miembros en conflicto con la ley. Hemos visto cómo los micos y la legislación destinada a favorecer a determinados grupos económicos, intereses creados y amparar penalmente a los amigos se vuelve algo común. Sabemos que la Comisión de Acusaciones de la Cámara no cumple su misión y legislatura tras legislatura se torna más inoperante. Es la mala hora de nuestras instituciones democráticas, cada vez más degradadas y menos eficaces.
Nos duele que representantes del pueblo que suponemos inocentes, honorables, respetables, aparezcan comprometidos en la marea de corrupción y violencia que deterioran nuestra democracia. Es infamante que se ganen las elecciones al Congreso por cuenta de pactos con los violentos y la presión de dineros mal habidos.
La gran mayoría de esos parlamentarios que hoy son acusados por sus vínculos con la parapolítica o con los violentos y las mafias, hicieron campaña por el candidato de sus preferencias a la Presidencia de la República. Sus seguidores y amigos votaron en ese sentido en las elecciones, lo que enrarece más la situación.
Los votos espurios o logrados mediante amenazas e intimidación, cumplieron su falaz cometido. Esa es la burla a los principios de la democracia, a la esencia del sistema que se resume en el derecho de elegir y ser elegidos que tienen los ciudadanos. Esa es la verdadera democracia. Entre nosotros la democracia tiende a involucionar al autoritarismo y volverse un remedo, una farsa, una palabra vacía en la que medie cree, como los jeroglíficos de los monumentos antiquísimos que todos ven y nadie atina a descifrar.
El descalabro del sistema determina que se gobierne a capricho, que las tareas de los funcionarios que deben cumplir, dependan de la inspiración súbita del Jefe de Estado, quien en un encuentro comunitario señala sus ocurrencias y encarga a x burócrata que haga esto o aquello, como señala a dedo que se detenga a un individuo, acusado públicamente de corrupción, cuando esas no son sus funciones y existen normas claras sobre cómo opera con independencia del Ejecutivo la justicia en un Estado de Derecho.
Por si fuera poco, se da el caso de más de 2.000 asesores presidenciales y otros tantos de asesores de los asesores: un verdadero ejército sin funciones claras ni definida competencia, pero que dicen que actúan por cuenta del Presidente de la República. Como otros asesores de la U, que se mueven en el estamento oficial con tal poder que semejan esa especie extinguida de comisarios de la antigua URSS.
Es común ver los asesores en restaurantes, en lugares públicos, en los despachos oficiales y en las juntas privadas, promoviendo negocios, consiguiendo su tajada y buscando que se privilegie determinada contratación, el cambio en alguna norma y otras medidas non sanctas. Pareciera, que como son asesores del Presidente o de la Presidencia, tuviesen permiso para actuar como si el Estado fuese un coto de caza privado. Para no mencionar a los exministros y funcionarios del gobierno que pasan al sector privado ligados a intereses que tuvieron que ver con su anterior cargo, lo que no se compadece con la dignidad de la jerarquía pública que ostentaron hasta la víspera.
Hay otros asesores que hablan más que el Presidente, que les dictan las pautas a seguir por los medios de comunicación, que discrepan de los ministros, de los directores de los institutos, que polemizan y pontifican, pero que hablan a nombre de éste cuando les conviene o se amparan en su alero para agredir impunemente a los que no comulgan con sus actividades. Es la anarquía; a la falta de un verdadero plan de gobierno, por cuenta de mencionar a toda hora la Seguridad Democrática, hemos derivado a la inseguridad jurídica, la inseguridad democrática, la inseguridad política, la falsedad de las cifras, el maquillajes de la realidad pública y se fabrica la gran mentira de que estamos en el mejor de los mundos posibles, cuando es notorio que el agua sucia que golpea a Colombia Democrática, el partido fundado por Álvaro Uribe y Mario Uribe, tiende a desbordarse y amenaza ensuciar las alfombras palaciegas.
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