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¿Resistencia Wayuu? Ah! No Nos Digamos Mentiras. Realidad de la Cultura Wayuu Lamentable.
por Alexa Cuesta Flórez
Monday, Oct. 01, 2007 at 12:39 PM
alexa.sutchin@gmail.com
Este artículo pertenece al blog del Laboratorio de Creación/Mediación Artística Sütchin Tüü Akuaipakalü. Maldeojo. XII Salón Regional de Artistas. Zona Norte, realizado con 12 artistas de la región del caribe colombiano en el mes de junio de 2007 en Uribia y Manaure.
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No sé si fue una simple intuición la que tuve sobre la brecha existente hoy x hoy entre las dos culturas wayuu, y digo dos porque se nota la diferencia entre la apuesta del gobierno venezolano por desarrollar, dar vida y evolución a “su” cultura wayuu y caso contrario; la ignominia y la falta de oportunidades, rayando en la violación de derechos fundamentales a la educación, salud y beneficios sociales de la comunidad wayuu colombiana, cada día mas empobrecida, mas politizada y mas contaminada de cosmovisiones impositivas (católicas y evangélicas, estas últimas por ejemplo, impiden bailar la Yonna en las rancherías)
La cultura wayuu colombiana zozobra no sólo por la rapiña de cualquier recurso institucional que frena su enaltecimiento, lo escuchamos en la voz de los líderes, sino también naufraga a la deriva del alcoholismo masculino, nos recuerda la obra del artista wayuu invitado Elión Peñalver Uriana, lo cual obstaculiza diálogos consecuentes y nítidos sobre la realidad de su cultura. Al igual se presiente una corrosión de la raíz cultural milenaria, mientras no se preserve la tradición oral de generaciones ascendientes a descendientes, fue el clamor del líder cultural Guillermo Ojeda Jayariyú; el aprendizaje del wayuunaiki escrito no ha sido el mejor acercamiento a su cultura, más bien ha sido utilizado por las multinacionales, instituciones y falsos cultores para amañar políticas culturales mientras los verdaderos proyectos wayuu de desarrollo socio-culturales reposan moribundos en escritorios desvencijados de las secretarias de planeación y desarrollo de los municipios. Mientras se siguan violando los derechos fundamentales a la identidad étnica, pues el registro de cedulas de ciudadanía sigue hoy por hoy manipulada por los viejos “caciques” políticos, quienes retienen las cédulas en complicidad con los registradores para beneficios electorales, habrá propuestas de arte social como la indagatoria de la joven artista Alis Bonilla en su obra “Póngale la Firma”.
Puedo expresar abiertamente sin temor a equivocarme que si bien la resistencia de la cultura wayuu se basa en la adaptación a todo tipo de culturas foráneas (vimos waireñas de marca “nike” y “puma”, mochilas de tejido wayuu con los motivos de la coca-cola o mochilitas para cargar el celular), no vimos ni un soloproyecto de desarrollo sostenible, ansiosamente pensé en contemplar macroproyectos de energía solar en tierras desérticas para la comunidad wayuu, parece redundante pero no lo hay, y Jepirachi (el parque eólico...¿Temático?... de las Empresas Públicas de Medellín) no es el mejor ejemplo a seguir mientras se siga implementando el modelo de desarrollo capitalista de empresas de todo tipo que sólo contemplan la posibilidad de extraer los recursos y llevar los dividendos afuera, a territorio alijuna, multinacionales que siguen destruyendo la vida en forma de flora y fauna de paisajes naturales, de aire limpio, el “Santuario” ha sido profanado nos comenta José Luis Palmar en su propuesta artística, como si la naturaleza fuera moneda de cambio, como si la población autóctona no importara, como si el territorio ancestral wayuu les perteneciera a todos menos a ellos mismos. Me pregunto ¿A que tipo de líderes indígenas están comprando con exiguas prebendas?, ¿Quiénes son los Políticos que frenan el desarrollo social y cultural a manera de dique de contención mental y egoísta, taponado por la total desidia y apatía? La obra de Frank Ramos también se pregunta lo mismo, en lo relativo a la cultura wayuu de la sal y la lucha contra IFI-Concesión Salinas de Manaure, empresa del estado.
Del lado colombiano apenas se escucharon los sonidos de Kashas, Massis, Wotoroyoys, Warruttas, Sawawas y Awawaijas; cantos o Jayeechis autóctonos y de rica improvisación, en el Festival de la Cultura Wayuu en Uribia, supuestamente Patrimonio Cultural de La Nación. Nos ahuyentó la programación de conciertos con presupuestos desmedidos, ¿Cuánto cuesta invitar a Wilfredo Vargas? Lanzábamos al aire la pregunta mientras cavilábamos sobre lo que estaba pasando frente a nuestros ojos: la mendicidad, el hambre y las ventas ambulantes, todos ligadas en una sola acepción: la miseria en la que vive la mayoría de la población wayuu. Por si fuera poco, percibimos todo el peso de las responsabilidades familiares, de protección y cuidado del hogar, que llevan a cuestas las mujeres wayuu, las que de alguna u otra forma preservan las tradiciones artesanales de la etnia, de ellas, de esto, nos hablan las obras de Joaquín Ariza, Anibal Epinayú, Shirley Cabanas y Esdras Zará.
Del lado venezolano contemplamos el aforo completo en los discursos de líderes wayuu: teóricos, sociólogos y antropólogos mientras los directivos del Centro Cultural De Uribia les negaban el espacio de diálogo a líderes jóvenes wayuu (colombianos) como David Cáceres.
Del lado Colombiano nos percatamos de que las ancianas wayuu ya no quieren conversar y contar las mitologías pertinentes a una cultura netamente oral, toda la labor se la están dejando a los colegios e internados, que por cierto son en su mayoría católicos o patrocinados por multinacionales, “rara”coincidencia.
Del lado venezolano las Piatchis, conocedoras y transmisoras de las tradiciones mas entrañables, estudian e investigan y cuentan con apoyo institucional suficiente, por ejemplo tengo grabada en mi memoria, la voz pausada de aquella Piatchi de la cerámica que nos habló de las fantásticas formas de las wayunkeras (motivación suficiente para la obra “Vigías” de Esdras Zará) ella, es la conocedora no sólo de la técnica, pues sigue indagando formas tradicionales, sino que traduce la cosmogonía wayuu, dando paso a nuevas estructuras basadas en mitos y leyendas, ver las diferentes transformaciones del sentido femenino, de la diosa Pulowi, convertidas en mágicas cerámicas antropo-zoomorfas, fue el acicate para seguir adelante con el proyecto, para enaltecer la cultura que está escrita en textos y libros que son orgullo de la historia de la antropología colombiana y motivo suficiente de la resistencia mítica de esta cultura, plasmada en forma de performance en la obra “Waireña Sütchin” de Vespasiano Ruiz. La reivindicación del derecho a la diversidad cultural desde este arte hecho por artistas, valga la redundancia, intenta de alguna manera concienciarnos sobre esta triste realidad wayuu colombiana, por lo menos sacando “los trapitos al sol” o exponiendo a la luz pública nuevas maneras de interpretar un arte menos contemplativo y mas crítico como el de la obra “Nuchon Kay Ekuush” (Hijo del Sol Devorado) de Karina Herazo y la utilización del yotojoro con el que cubrió el gran timo del poder occidental, o al menos revestir ese remedo de obelisco o monolito de cemento que lo simboliza. La artista contribuyó a crear conciencia en la comunidad wayuu, pero también descubrió en algunos habitantes uribieros una repulsa de este tipo de intervenciones en el espacio público que cuestionen el estatus ganado durante siglos de hegemonía y acostumbrados a mantener en bajo perfil la etnia wayuu.
También fuimos críticos con la cultura wayuu que sigue contemplando las castas superiores como las más importantes, lo descubrimos en la obra de Luis Gutiérrez “Universo Apalanshi”, en la cual descubrimos la valentía del pescador wayuu, la verdadera resistencia y respeto hombre-naturaleza, la dureza de las condiciones laborales y la eterna espera de la mujer cabeza de hogar por el sustento diario.
Los objetivos del laboratorio estuvieron salvados mientras percibimos que “dimos en el clavo” y la acogida fue entusiasta, libre y espontánea de la población wayuu, no sólo la adulta sino también la infantil. Lo apreciamos en la obra “Semillas” de Bélgica Quintana, palpando el cómo desde pequeños ya nos nutrimos de relatos y cuentos para crecer en diálogo constante así fortaleceremos la libre expresión y entenderemos la lucha de nuestros ancestros naturales para restablecer lo que francamente hace falta en nuestro bello y diverso país: una real y diáfana democracia con la tierra y sus habitantes.
(Este Laboratorio fue patrocinado por dineros públicos del Ministerio de Cultura de Colombia. Los significados y puntos de vista de este texto solo implican a la autora del mismo. Las obras pertenecen a sus autores pero pueden ser copiadas para su difusión.)
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Elion Peñalver Uriana \\
por Alexa Cuesta Flórez
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El artista de procedencia wayuu nos hace reflexionar sobre la cultura del alcohol entre la comunidad joven wayuu, la obra fue colocada en la entrada al Hospital de Uribia.
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Alis Bonilla \\
por Alexa Cuesta Flórez
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En la fachada de la registraduría se empapelo a media altura con fotocopias de cédulas ampliadas de los wayuu que quisieron participar en la obra. la artista retoma el texto de Estercilia Simancas Pushaina para develar corrupcion y tráfico de intereses en el registro de las cédulas indígenas.
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Anibal Epinayu \\
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\"Soy Un Hombre Wayuu\" nos habla de una reafirmación del rol masculino en la cultura wayuu, ayudando a la mujer en las tareas del hogar.
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Belgica Quintana \\
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Una clase infantil bajo la sombra del árbol de Trupillo, símbolo emblemático del acontecer de la lucha sindical en Manaure, los niños aprendieron de la historia misma del árbol.
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Vespasiano Ruiz \\
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Un homenaje a la cultura wayuu representada en su calzado, que es así mismo símbolo de resistencia y adaptación.
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Shirley Cabanas \\
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El viejo tanque del acueducto de Uribia esta en proceso de demolición, como patrimonio histórico la población se resiste a este hecho. La artista le ha creado una protección, un tejido de color rojo, símbolo de la fuerza del matriarcada en la cultura wayuu.
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Luis Gutierrez \\
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El artista se propuso enaltecer la labor de los pescadores wayuu, considerados de menor casta que los pastores, los apalanshi son ejemplo de valor y entrega al trabajo que realizan.
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Karina Herazo \\
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Al capitán Londoño, fundador de uribia le decían Nuchon Kay, hijo del sol. El obelisco como símbolo de poder occidental está colocado en el corazón de Uribia, la capital indígena de Colombia. La artista lo cubrió con yotojoro, material de techado de las construcciones wayuu, sacado del corazón del cardón o cactus guajiro. Nuchon Kay Ekuush=Hijo del Sol Devorado.
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Jose Luis Palmar \\
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La obra nos habla del peligro que corren als especies naturales y la falta de activismo para frenar estos hechos, la obra es una intervención con zargazo, algas muertas que \"barren\" la contaminación, en la antigua sede sindical de Manaure, edificio en ruina total.
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Joaquín Ariza \\
por Alexa Cuesta Flórez
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Es una intervención sobre la danza tradicional wayuu o yonna. En esta ocasión las mujeres llevan a cuestas todo el peso del duro rol femenino que las caracteriza, un bebé, leña, tinajas con agua, etc.
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Frank Ramos \\
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172 años de lucha sindical de los indígenas wayuu llevan a cuestas y aún no se les ha reconocido la autonomía sobre este recurso. 172 bloques de sal fueron colocados en la plazoleta de la Alcaldía de Manaure, como símbolo de protesta silenciosa.
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Esdras Zará \\
por Alexa Cuesta Flórez
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Un homenaje a la mujer wayuu que trabaja en la sal, las wayunkeras o muñecas wayuu sirvieron para dar forma a unas esculturas realizadas con sacos de sal en las cuatro esquinas de una charca artesanal en Manaure Bajo.
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