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El dólar en su laberinto
por Gabriel Porras Flórez
Thursday, Nov. 01, 2007 at 6:41 AM
Es muy comprensible que varios sectores de la economía del país se encuentren preocupados y con incertidumbre ante la revaluación que afecta a la moneda nacional frente al dólar, en particular aquellos relacionados con productos cuyo mercado se encuentra localizado principalmente en el exterior.
Han sido muy variadas las opiniones expresadas en relación con este tema, que básicamente señalan algunas causas del fenómeno, tales como el ingreso al país de las divisas por concepto de las remesas provenientes de los nacionales que viven y trabajan en el exterior, la venta de activos de la nación por efecto de privatizaciones, la influencia de capitales extranjeros y los megaespeculadores en busca de rentabilidad a corto plazo (capitales golondrina), y el volumen de dólares provenientes de la economía subterránea (narcotráfico y contrabando), que producen una sobreoferta de dólares en el mercado interno. Sin embargo, se han pasado por alto algunos hechos generadores de un enorme impacto en la cotización y estabilidad de la divisa norteamericana. Visita con pocos resultados
A finales del año pasado, el gobierno de los Estados Unidos envió a la República Popular de China una delegación compuesta por el Ministro de Finanzas, Henry Polson; el director de la Reserva Federal, Ben Bernanke, y cuatro ministros más, con el objeto de convencer a las autoridades financieras chinas de procurar una revaluación del yuan, moneda china, y de disminuir el desequilibrio en la balanza comercial entre los países con quienes China mantiene fluidas relaciones comerciales. En respuesta a la propuesta norteamericana, el país anfitrión informó sobre su intención de liquidar sus reservas en dólares, las cuales llegan al trillón de dólares, y convertirlas a otras monedas y otros activos. De hecho, este país se siente con el derecho de llevar a cabo su intención, toda vez que por causa de la devaluación del dólar está sufriendo enormes pérdidas en sus reservas en dicha moneda. Es fácil imaginar el escalofrío que debió sentir la delegación norteamericana. La situación es comparable con la de un territorio inundado donde se les informa a sus habitantes que se abrirán las compuertas de una represa aledaña.
Esta circunstancia está relacionada, en cierta forma, con el hecho que desde el 23 de marzo de 2006 la Reserva Federal de los Estados Unidos suspendió la información sobre las emisiones M3 (monto de billetes que emite la Reserva Norteamericana) y por tanto no se puede determinar con certeza el valor real de la divisa norteamericana en circulación. Esto ha provocado una febril actividad de los inversionistas internacionales, en búsqueda de países para la colocación de capitales (en dólares), algunos de los cuales se han localizado en Latinoamérica, donde encuentran buenas garantías para tales inversiones. Se van de compras
Otro factor que crea incertidumbre es la decisión tomada por algunos miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), como Irán, de negociar en un futuro cercano el gas, el petróleo y sus derivados en otras divisas, como podría ser el euro, con lo cual la moneda norteamericana perdería demanda. De hecho, esto ya se está presentando en la Comunidad Económica Europea, que es desde luego un enorme mercado con una moneda única y donde la divisa norteamericana ha perdido más de un 30 por ciento de su valor frente al euro.
Países de Oriente Medio, por su cercanía geográfica y por su gran volumen de comercio con la Comunidad Europea, también ven la necesidad de mover sus economías a través del euro, lo que generaría un desplazamiento de la divisa norteamericana y por ende una disminución en su demanda. Similar situación se produce en el bloque comercial de los países asiáticos (Japón, China, India), donde se comercia en buena parte en sus monedas locales. Es así como el dólar va perdiendo paulatinamente terreno en el nivel global.
Fisuras inocultables
Existen además procesos al interior de Estados Unidos que son indicativos de problemas estructurales en su economía, como es la crisis en el mercado inmobiliario y la muy preocupante cesación de pagos de obligaciones hipotecarias en el sector, supuestamente por causa del incremento del desempleo. Este fenómeno está directamente relacionado con el cierre y trasteo de fábricas y compañías hacia otros países, incluida la propia China, donde los costos de producción son menores y donde, por consiguiente, se puede esperar una mayor competitividad y rentabilidad en la operación de dichas empresas.
Otro fantasma que ronda la devaluación del dólar es el gigantesco costo de la guerra en Iraq, que lógicamente hace necesaria la pregunta sobre cómo y de dónde provienen los recursos para financiarla. De todo lo anterior, igualmente se deriva el siguiente interrogante: ¿Es posible esperar que la pirámide del dólar pueda crecer indefinidamente, como lo hacía en otras épocas? Lo que resulta claro es que en tanto nuestra economía depende ostensiblemente de la economía norteamericana, toda crisis en la divisa dólar afectará de rebote nuestras frágiles estructuras económicas y financieras.
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