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DEMOCRACIA ÍRRITA
por Alberto Aguirre
Thursday, Nov. 01, 2007 at 3:52 PM
“El desequilibrio entre ricos y pobres es la enfermedad más antigua y fatal de todas las repúblicas”. Esto escribió Platón. Y veinte siglos más tarde se comprueba que la gran fosa entre pobres y ricos en el seno de una sociedad hace írrita la democracia, que es el modo de gobierno de las repúblicas
José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, dijo, durante la asamble general celebrada en Wasghington a comienzos de 2006 (El Nuevo Herald, 11 de abril de 2006): “En América Latina hay 200 millones de seres humanos que viven con menos de un dólar al día, que se morirían de la risa si alguien les hablara de democracia”. Dijo Juan Valera, diplomático y escritor español: “La democracia y la pobreza son incompatibles”. Se anota que en Colombia la mitad de la población (unos 22 millones de habitantes), vive bajo el nivel de pobreza (un dólar al día), esto es, viven marginados de la democracia. Frente a ese hecho concreto, que no necesita lucubraciones ni tolera disfraces, las elecciones que buscan fundar una democracia, a la vez que justificarla, son una mascarada. Añade Insulza: “Esa es la fragilidad de las democracias: que no resuelven los mínimos problemas de la pobreza”. En este mismo orden de ideas es oportuno citar a Jawajarläl Nehru: “La democracia es el medio para un fin, no el fin en sí mismo”.
Aquí se vive bajo la falacia de que las elecciones constituyen per se la democracia, esto es, que hay democracia porque hay elecciones, cuando éstas son sólo un mecanismo para elegir gobernantes, pero que no resuelven por su sola acción los problemas de la comunidad, que es el destino marcado para cualquier tipo de gobierno. Dice Norberto Bobbio: “En una democracia representativa el individuo no es el que generalmente decide; casi siempre es tan solo un elector”. Y agrega: “Como elector realiza su tarea normalmente solo, in singulus, en una casilla separada de los demás sujetos. El día de la elección no existe pueblo alguno como ente colectivo. Una democracia de electores, como es la representativa, no recibe su legitimidad del pueblo, el cual, como entidad colectiva, no existe fuera de una plaza o asamblea”. En esta misma línea de pensamiento escribió Tocqueville: “Considero probado que viven bajo una completa ilusión aquellos que consideran el sufragio universal como garantía de que la elección resultante será excelente”.
Y se comprueba, por el simple registro de hechos concretos, que aquel desequilibrio entre ricos y pobres, que hace írrita la democracia, según Platón, se va ensanchando día a día en esta República. La democracia que dice brotar de las elecciones no ha servido, puesto que no ha borrado el foso entre los opulentos y los miserables. “Se disparó la desigualdad”, tituló El Espectador el último día de 2003. “El Dane reveló que el índice Gini, que mide el desequilibro de clases en el seno de una sociedad, volvió a los mismos niveles de hace 40 años. El índice Gini para Colombia mostró que había sobrepasado el 0,60 (el índice 0 señala que no hay desigualdad; el índice 1,0 que hay la mayor desigualdad). Está, Colombia, entre los países más desiguales del mundo: Brasil 0,603; Suazilandia 0,609; Botsuana, 0,630. Bogotá tiene una de las cifras más aterradoras: 0,62.
Dice Amartya Sen, premio Nobel de Economía, que “es la gran riqueza la que permite las mayores diferencias entre la población de mayores ingresos y la de menores ingresos”. Aquí los ricos son muy ricos, y compran 260.000 carros al año, en tanto que la mayor parte de las familias deja de pagar los servicios públicos para poder comer. Uno de cada cinco padres perdió, en el curso del año corrido, su empleo.
Alberto Mijunin, director regional para América Latina de la política social de la Unicef, expone en su libro Todos entran: “Tanto la pobreza y la exclusión, como la concentración de la riqueza y los ingresos, son manifestación de la pobreza de la ciudadanía”.
O sea, no hay sino un método para acabar con los pobres: acabar primero con los ricos.
Aquí se vive bajo la falacia de que las elecciones constituyen per se la democracia... cuando éstas son sólo un mecanismo para elegir gobernantes, pero que no resuelven los problemas de la comunidad.
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