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Dilemas del Presidente
por Editorial - El Nuevo Siglo
Friday, Nov. 02, 2007 at 8:48 PM
¿Está dispuesto a retorcer el sistema para ‘salvar’ al país?
Entre el Réquiem por la democracia y el Aleluya por la monocracia
LA conciencia del presidente Álvaro Uribe, según se percibe de sus comentarios más recientes, se debate entre dos fuegos. O convierte a Colombia en una monocracia bajo su enseña hegemónica o permite la democracia acorde con los postulados esenciales de la alternación constitucional. Es decir, está en la disyuntiva de demostrar si es un monócrata o un demócrata, y ese es el dilema que exterioriza, sin haberlo resuelto. En efecto, de un lado sostiene que no es conveniente que un presidente se perpetúe en el poder, pero de otro avala su nueva reelección si se presenta una hecatombe.
En esas crípticas y estudiadas palabras, que son un simple mecanismo para destapar sus tensiones, camufla el recóndito flujo y contraflujo de sus deseos. Y está claro que sólo andando el camino va a tomar una decisión definitiva. La noticia, pues, consiste en que ya no rechaza la reelección in limine y que ha abierto un espacio a su perpetuación, pese a las inconveniencias que su conciencia le dicta.
Es obvio que entre el establecimiento de la monocracia, es decir, las repetidas modificaciones, referendos o plebiscitos para favorecer a quien está al mando, o el mantenimiento de la democracia, que supone institucionalidad, alternación y opciones, no debería existir titubeo o pugna. Un demócrata esencial no lo dudaría un segundo.
Frente a ello, en las recientes elecciones regionales se formuló un interrogante a un candidato: ¿compraría usted 50 votos para ‘salvar’ la ciudad de quien ha comprado 50.000? Ahora la pregunta trasciende ese marco y podría reformularse en el sentido de si el Presidente estaría dispuesto a retorcer el sistema para ‘salvar’ el país. Sí, ha contestado, sólo en caso de una hecatombe, o sea, si considera necesaria esa maniobra como en el dilema de los 50 votos para impedir el nocivo influjo de los 50.000.
¿Y cuál es la posible hecatombe? Esta palabra, en el contexto dicho, no puede significar sino abismo político. Y ese abismo, en el pensamiento presidencial, sólo se puede producir si ve amenazada la continuidad de su proyecto colectivo, es decir, si en 2010 no gana él o su valido. Paradójicamente esa amenaza nace del problema de que, en su coalición, todos se sienten iguales entre pares y con derechos de sucesión, lo que augura el éxodo en caso de favorecer al uno sobre el otro. Para que ello no ocurra tiene dos alternativas: o se vuelve a presentar o agrupa su alianza bajo una sola fórmula consensuada o proveniente de una consulta popular unificada, previa a la primera vuelta. Aunque las dos facetas parecen excluyentes, no lo son. Por el contrario, son concurrentes, en el entendido de que la “amenaza” de su eventual reelección le sirve para disciplinar a sus coroneles a su gusto.
No obstante, si acepta el camino señalado por sus áulicos, que le aconsejan actuar en real politik, paralizar su conciencia y lanzarse a la tercera elección, tendrá que verse con un esfuerzo que distraerá todo su segundo mandato, en sus alcances nacionales e internacionales. Fácil conseguir las firmas para abrir el referendo, calamitosa la autorización en el Congreso -que dejará a muchos aliados con heridas-, expeditivo el trámite en una Corte Constitucional adicta, y difícil lograr los siete millones de votos para legitimar el Acto Legislativo, cuando muchos, incluidos miles de “uribistas”, van a recurrir a la abstención en medio de una radicalización impertinente. Si gana, está reelegido; si pierde, habrá finiquitado de antemano su mandato.
¿Intentará consolidarse como un monócrata contra sus reservas de conciencia? ¿Resolverá el tema cayendo en la trampa de comprar los 50 votos para impedir el influjo de los 50.000? ¿Se habrá creído la tesis de que es “irremplazable”?
En todo caso es claro que, con sus declaraciones, el Presidente “descongeló” el proyecto de reelección que se había suspendido. Sin “querer queriendo” lo ha puesto en marcha para después decidir su suerte. Es muy prematuro para tocar el Réquiem por la democracia. Pero algunos ya alistan las trompetas para cantar el Aleluya por la monocracia.
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