DOS o más millones de bogotanos estamos a punto de recibir duro castigo por parte del presidente Uribe, por no haberle obedecido y votado por el candidato Peñalosa, quien resultó abrumadoramente derrotado por Samuel Moreno.
El Jefe de Estado no ha querido recibir el ramo de olivo que le ofreció el candidato ganador desde el momento en que conoció su triunfo. Moreno olvidó las actuaciones de Uribe con anterioridad a las votaciones y anunció una reunión con él, para invitarlo a trabajar por el bien de la capital. El Presidente se ha hecho el de la oreja mocha y ha eludido ese encuentro.
Hay aspectos que deben analizarse con seriedad, porque no podemos continuar actuando febrilmente, cuando está de por medio nuestra población y nuestra patria.
La actuación en política por parte del Jefe del gobierno no es ejemplo edificante para los millones de funcionarios estatales. Grave, muy grave, para el siguiente debate electoral. Grave, muy grave, para esta maltrecha democracia.
Es hora de reflexionar sobre la propuesta del expresidente César Gaviria, de permitírsele al mandatario -y únicamente a este- hacer y hablar de política en época electoral y fuera de ella. Los demás, como ostras. Esto es sano y les permite a los candidatos una sana competencia.
De todos es sabido que en Colombia, “hecha la ley, hecha la trampa”. Pero mientras se aprueba la ley, que no se ponga en práctica la trampa y que, entre tanto, todos respetemos la colcha de retazos en que se ha convertido la Constitución del 91. También hay que pedirles a los “consejeros”, oficiales y oficiosos, no echarle más candela al tercio, permitir que se enfríen los ánimos y cristalice la reunión Moreno-Uribe.
Los 6 y más millones de bogotanos no podemos estar al vaivén de rabietas y orgullos mal entendidos. Ganó Moreno. Es un triunfo contundente, que no se puede desconocer. Él será quien deba dirigir los destinos de la gran ciudad y la gran ciudad necesita que el Presidente Uribe apoye sus programas de desarrollo, como ocurre con el resto de las ciudades. Cerrarle ese paso a Bogota es cobrarle muy caro a los 915 mil electores de Moreno y al resto de gente, la desobediencia al mandato del Presidente, que sugirió sufragar por Peñalosa. Ojalá que al publicarse esta columna, la cosa se haya solucionado y todos ganemos, como lo logró Samuel.